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miércoles, 7 de abril de 2010

LA MULTIPLICIDAD PSÍQUICA EN LA NOVELA MARZO ANTERIOR DE JOSÉ BALZA

Mireya Vásquez
El mecanismo que permite a la consciencia
La descriminación entre el funcionamiento
de la sensibilidad y el producto del mismo...,
se sintetiza con un nombre muy extendido:
introspección. José Balza

    José Balza es uno de los escritores venezolanos de los años 60 cuya obra ha sido muy prolífica. Su labor como escritor se inicia en los años sesenta, formando parte del grupo que se reúne en torno a la revista “En Haa”, donde se destacan, entre otras figuras, narradores como Carlos Noguera, Jorge Nunes y Mariana Castro; poetas como Lubio Cardozo y Aníbal Castillo, y como ensayista, Armando Navarro.


    Ha publicado las obras Marzo Anterior (1965), ganadora del Premio Municipal de Prosa en 1966; Largo (1968), Setecientas Palmeras plantadas en un mismo lugar (1974), D (1977), Percusión (1982), Media Noche en Video:1/5 (1988), Después Caracas (1995), una novela breve Un hombre de aceite (2008); además volúmenes de relatos como Ejercicios Narrativos (Primera serie) (1967), Órdenes (1970), Ejercicios Narrativas (Selección) (1976), Un Rostro Absolutamente (1982), Cuentos (Antología) (1983), El Cuento Venezolano. (Antología) (Compilador) (1984), La mujer de espaldas (Ejercicios Holográficos) (1985), El Vencedor (Antología) (1989), Ejercicios narrativos (Antología) (1992), La mujer porosa (Ejercicios Narrativos) (1996) La mujer de la roca (1997), Narrativa Breve (1999), Un Orinoco fantasma (2000) Caligrafías (2004), El doble arte de morir (2008). También se ha destacado como crítico y teórico literario en sus obras como Narrativa Instrumental y Observaciones (1969), Proust )1969). Lectura Transitoria (1973), Los Cuerpos del Sueño (1978), Un color demasiado secreto (1985) Este Mar Narrativo (1987), El fiero (y dulce) instinto terrestre(1988) e Iniciales (1993); otros de crítica de arte como Alejandro Otero (1977), Jesús Soto, el niño, (1981), Antonio Estévez (1982), Análogo simultáneo (1983), Transfigurable (1983) y Un color demasiado secreto (1985), Anuncios de la teoría literaria en América Latina, 1600-1700 (1993), Ensayos invisibles (1994), Narrativa Venezolana attuale. (co-autor) (1995), Ensayo espeso (1997), Ensayos/Fulgor de Venezuela (2001), Bolero: Canto de cuna y cama (2002), Observaciones y aforismos (2005), Ensayos crudos (2006), Pensar en Venezuela (2008) - Además ha escrito decenas de artículos sueltos aparecidos en numerosas revistas y suplementos literarios

    Gracias a su posición diferente frente a las tradiciones literarias que le tocó vivir, y del encuentro intelectual con escritores de la talla de Marcel Proust, Kafka, Robbe Grillet, Faulkner, Julio Cortázar, Ramos Sucre, Guillermo Meneses, Enrique Bernardo Núñez, entre otros, Balza ha hecho aportes muy valiosos a la renovación de la narrativa venezolana. Pretendió hacer una escritura diferente. Con él se abre en Venezuela lo que será la novela experimental.

    La narrativa Balziana girará en torno a la búsqueda de una identidad subjetiva y a la presencia de la soledad. En la obra de este escritor, el hombre se convierte en materia de reflexión, pero no como lo hace la novela psicológica, sino buscando su propia identidad.

    Josefina Berrizbeitia (1990) afirma que para Balza “ la escritura deja de ser un instrumento para convertirse en el único espacio de fundación de la realidad, donde el escritor se crea a sí mismo a la vez que inventa el mundo”. (p.12). Toda la obra creativa de Balza se inscribe en un universo de índole subjetivo. Su escritura está fundamentada en la conciencia. Según Armando Navarro (1993,abril: 22-25) “La conciencia es un mecanismo que trasciende la simple evocación y se instala en la cima mnémica, donde se aúnan el rescate del tiempo, la integración de los referentes espaciales, la unicidad del yo creador, para propiciar el acto creativo a través de un acto sacro de catarsis y descubrimiento”.

    El escritor logra esto por medio de la técnica instrumental de la introspección o sea “indagar en el fenómeno, analizar su imagen y descifrarla tal y como se revela en la conciencia. Esa decantación sólo es posible refractarla desde la psique del narrador, porque es la única vía para el conocimiento, tanto del yo como del otro” (Navarro, 1993,abril: 22-25). Marzo Anterior fue la primera novela de José Balza, publicada en 1965. Haremos un análisis de la misma.

1. LA MULTIPLICIDAD PSÍQUICA

Nadie conoce hasta que punto
Se extiende su multiplicidad. Cuántos
Otros están dentro de un solo cuerpo
(Marzo Anterior)
    José Balza (1969: 28) expresa su idea de novela cuando sostiene que:

“Construir una novela para expresar la multiplicidad psicológica de un sujeto, significa realizar la descomposición dimensional de la personalidad de ese sujeto, dándosele igual jerarquía de realidad a sus actos, a su pensamiento, a su vida imaginaria y, hasta donde sea posible, a la vida ajena a su propia conciencia”.
    De allí que la narrativa de este autor se centre principalmente en la búsqueda de una identidad subjetiva, y en la presencia de la soledad; esto lo logra a través del flujo de la conciencia. Armando Navarro (1993:22-25) dice:

En cuanto a Balza se refiere, la conciencia es un mecanismo que trasciende la simple evocación y se instala en una cima mnémica donde se aúnan el rescate del tiempo, la integración de los referentes espaciales, la unicidad del yo creador, para propiciar el acto creativo a través de un acto sacro de catarsis y descubrimiento. Esta ubicación de la conciencia se constituye en una de las claves para descifrar el sentimiento de la narrativa balziana...
    En la novela Marzo Anterior, José Balza muestra lo que ha inquietado a muchos de los narradores durante las últimas décadas del siglo XX en la literatura venezolana: el problema del doble. En ella hay una constante búsqueda de la identidad del individuo. El tema fundamental planteado en la obra podría ser el discurso mental del protagonista Aníbal, o más bien, de los protagonistas Aníbal/Logzano, quienes viven dos trayectorias separadas por diez años, unificadas en el flujo de versiones de la memoria.

    La obra se inicia con la idea de la división del yo. Narrada en primera persona, el personaje va dando la sensación de que su vida se encuentra dentro de una espiral. Juan Eduardo Cirlott (1969:195) dice que “Espiral es la relación entre la unidad y la multiplicidad”. Por ello podemos decir que el argumento se da a la manera de una espiral en donde constantemente hay un ir y venir y en cada vuelta el sujeto se reconoce consigo mismo, y como dice Armando Navarro )1970:104) “En cada vuelta, en cada regreso, ocurre lo inevitable: el encuentro del sujeto consigo mismo se reconoce y alternativamente se elimina a través de la presencia del otro, quien con frecuencia (...) representa una de las múltiples facetas de la personalidad del narrador”.

    El narrador se presenta por medio de pensamientos, de miradas, mientras responde a lo real

Por momentos pienso que ni siquiera esto tiene valor, que no habrá muros en verdad, que estaré a expensas de las transformaciones, olvidado de la estabilidad. (M.A. p.13)
    Desde las primeras páginas vemos en la novela la presencia de la multiplicidad psíquica en el personaje. Ésta como tema narrativo va a ser recurrente en la obra balziana, ya que será objeto de experimentación constante. Esa división psíquica es de gran importancia en todos los aspectos de la vida del narrador protagonista: su manera de actuar, sus sueños, su vida imaginaria y hasta su inconsciente. El personaje está consciente de que necesita de la multiplicidad psíquica y la considera indispensable para lograr lo que se propone.

Pero hay algo que me fortalece; el conocimiento de que eso mismo es una salida, de que ningún hombre podrá escapar a la multiplicidad (...) La edad misma es la mayor señal de multiplicidad: esa infancia humeante, nebulosa, que filtra raros esplendores (...) Toda esa adolescencia que da saltos (...) y el amor; y los amigos... (13)
    Al hablar del tema de la multiplicidad, inmediatamente viene a la memoria Freud. Pero es importante destacar que Balza, en esta obra, no relaciona el inconsciente con lo biológico, como lo hace el psicoanálisis. Armando Navarro (1970:10) habla de que en Marzo Anterior la idea del inconsciente “se concibe en términos de experiencia, de vivencias, que regulan la conducta del personaje mediante la participación del recuerdo.”

    La novela cuenta dos historias paralelas, entretejidas en el pasado/presente y en los personajes Aníbal/Logzano. En la primera parte, el narrador protagonista ¿Logzano?, quien representar la madurez, da un vuelco al pasado, a la adolescencia: al principio existe el rechazo del personaje, pero luego lo va aceptando como algo inevitable.
Fue el primer tiempo de mi madurez; la adolescencia regresaba y yo me empeñaba en huir de ella. De pronto comprendí que era imposible mi combate. ¿Por qué ese empeño en estabilizar una corriente cuya única finalidad es pasar, extenderse y arrastrar los obstáculos?. Aprendo a entender que esa multiplicidad es lo único que nos salva: constituye el verdadero equilibrio. (23)
    Posteriormente, el narrador protagonista ¿Aníbal? da a conocer su adolescencia, sus relaciones amorosas con Maite, su soledad en la ciudad, su necesidad de buscar a alguien con quién identificarse. Hay en él la disyuntiva de la existencia, y su identificación es con el yo fraternal Logzano.

Es absurdo creer en Logzano yo lo he inventado. Realmente nunca ha hecho nada, pero yo adivino que quiere empujarme hacia otra parte. ¿No pudo seguir él una posibilidad a la que pretende enviarme?. Lo más terrible es que hasta hace poco no advertí el fenómeno (...) Logzano posee algo que me ayuda cuando quiero alejarme de todo lo demás ... (30)
    Y más adelante leemos “Podría decirse que nunca ha tenido edad” (30). Sin embargo, es su amigo y comparte con él. En los capítulos correspondientes a desarrollar la figura de Logzano, Balza construye paralelamente la figura de Aníbal, la figura añorada por el hombre maduro. Comienza mostrando al narrador protagonista en continuas divagaciones, hace entrever sus frustraciones y todo el mundo interior que lo circunda y atormenta, la falsedad de su existencia y del tiempo.

...en mí, para concluir, me hace falta sentir la eternidad, aunque sólo haya vivido un segundo. El tiempo que está en nuestro interior constituye una amplia curva que duplica la extensión del tiempo físico. Cierro la puerta. “Hasta mañana entonces” y me vuelvo hacia el sonido. La dependencia (...) Nada toca lo que está por dentro. Soy libre. Y en esta libertad no hay nada; ni cansancio, ni felicidad... (69-70)
    En uno de los capítulos dedicados a Aníbal, se ve la presencia de la soledad como elemento esencial de su vida, las imágenes del río y troncos de madera acentúan esa misma sensación:
Es el desfallecimiento; la crueldad todal arrojada sobre mí y sobre estos troncos cuyo brillo de pronto parece desaparecer. No persigue Mozart y su maldita transparencia, y mi interminable necesidad de juventud;... las raíces acentuadas por la superficie del río, al fondo, sólo están aquí para anunciar tu ausencia... (84)
    En este capítulo comienza a vislumbrarse lo que va a ser el final de la obra: la unión de los dos personajes, la comunión de una sola personalidad. También Aníbal como Logzano se va dando cuenta de que su existencia de adolescencia no es real, que sólo es una metamorfosis o tal vez una evocación.

Tal vez yo soy también un espectro, un recuerdo. Nada hay de realidad en mi visita a Logzano, ni en la lluvia de hace un rato. Sólo existe el silencio y en un eterno verano que enciende la aldea para que sus habitantes conozcan la tristeza...
Seguiré; hay que seguir aun cuando no sea posible saber cómo ni por qué. La razón, tal vez, aparecerá cuando todo concluya, la explicación será la muerte. Ahí estará la razón de todo esto, pura, elemental, encauzando desde ahora mis actos hacia ella, como si fuese imprevista.
Desaparece la metamorfosis... (86.87)
    Hay capítulos donde el narrador se presenta en su presente, tal y como es, desalojado de sus sucesivas transformaciones.

Eso era yo: un conjunto de sentimientos dirigidos a alguien. Mi juventud. Era yo, y ahora es un fenómeno exterior, terrible, sin paralelismos conmigo...

Mi propia juventud, mi propia existencia no me pertenecen (...) porque dentro del caos sobrevive una forma, yo mismo, tal vez, pero irreal. Aníbal: la pureza al borde de la desintegración... (101-102)
    Al final de la obra, se presenta la conjunción de los dos personajes. Es el abandono del pasado, la adolescencia de Aníbal.

Aquella belleza concluyó: se ha reducido a ser un punzante objeto que guardo en cada lugar de la piel; ahí está, me pertenece. Es suficiente. (158)
 También Logzano tiene que desaparecer. Lucha y huye desesperadamente de la juventud, se impone a Aníbal, o trata, mejor dicho, de imponerse, pero no puede lograrlo, él es simplemente un fantasma. Lo que sí es verdad es que el narrador siente “que se impone un nuevo esquema de actos y conductas” (158).
    Al final el narrador dice:

Cómo me duele esa juventud, ya ajenos para mí su implícita evasión, su maravillosa claridad. Debe ser Aníbal quien pasa; miles de Aníbal que aumentan mi derrota: porque soy libre, pero me contiene la vida. Asciendo a una nueva espiral cuyo transcurso corta la piel: es la realidad. Tengo que ser esclavo de la realidad, y no obstante, no puedo renegar de mis sueños. (159)
2.- PLANOS TEMPORALES.-

    Una de las preocupaciones más resaltantes en la literatura contemporánea es el tratamiento del tiempo. Escritores como Proust, Faulkner, Joyce, Virginia Woolf, entre otros, trabajaron sobre la base del trastocamiento del orden cronológico a través de la rememoración, y en donde el espacio se acomoda a este vaivén.

    José Balza, en su obra narrativa, también se preocupa por la integración de los planos temporales. Milagros Mata Gil (1989:86) dice que para Balza “la memoria, el poder de lo evocado, es el corazón de la narración: reinventa el pasado, escamotea el futuro, con una sucesividad de instantes que se repiten para establecer los vínculos entre el hombre y el espacio”. En Marzo Anterior, el tiempo y el espacio parecen detenerse. Los hechos, las cosas y hasta los seres dejan de ser lo que son para mostrar todo un mundo interior y todo un mundo de la conciencia. María Fernanda Palacios (prólogo,1973) dice:

...dibuja una historia posible: una memoria que se inventa sembrando signos irrecuperables, múltiples y solitarios: Logzano / Aníbal, joven / adulto, ciudad / aldea, río / orilla, partida / regreso, unidad / cambio, destrucción / salvación, vida / muerte.
    No hay anécdota porque ésta no interesa. Hay realidades creadas por el narrador y vistas desde su perspectiva, mostrando diferentes situaciones en el tiempo y en el espacio: Hay una espiral donde se sumerge la historia y cuyo centro es la conciencia del personaje, donde vuelta a vuelta se van mostrando las imágenes centrales: el río, los árboles, la aldea, y todas ellas conducen a lo mismo: formación y destrucción del ser, y la espiral sigue su trayectoria hasta llegar al fin que necesariamente no es la muerte.

    El espacio permanece estático. Lo que está presente es el espacio psíquico del narrador. Las secuencias se dan independientemente unas de otras. Lo importante es el acercamiento reflexivo que el personaje tiene con la realidad.

Vuelvo a ver la lluvia. Es extraño mi poder de borrar todo lo que puede inmiscuirse dentro de una evocación. Los recuerdos no palidecen; poseemos un poderoso rasgo que nos permite refrescar sus colores y sentir que el pasado está siempre triunfante sobre lo más sólido de lo actual. El tiempo interrumpe la realidad del presente, y después deja una sensación de desamparo. (33)
    En los capítulos correspondientes a desarrollar la figura de Logzano, Balza coloca paralelamente la figura de Aníbal, la figura añorada por el hombre adulto. Comienza mostrando al narrador protagonista en continuas divagaciones entre el presente y el pasado...

Me estremece el silencio y decido que debo regresar enseguida a la aldea, porque una nueva sensación de abandono comienza a aparecer. Tal vez ahora podría suicidarme, conmovido por este sencillo paisaje; pero no tengo fuerzas. Otro pequeño regreso. Regresar: una palabra cuyo sabor se hunde en las cosas y las transforma. (87)
    Y también durante este estatismo del espacio, el narrador protagonista cuenta como poco a poco se ve llevando a cabo el viaje.

Debo liberarme de mí mismo. Regresaré a la aldea, a la ciudad, a una casa cualquiera, para continuar. Allí nada se interrumpió; fue en su interior la ruptura. Sabía que encontraría algo adecuado en esta decisión de huida. No desaparezco, pero después de media hora, regreso cambiado... (18)
    Como conclusión de este punto se puede decir que las diferentes secciones que se dan en la novela mantienen su independencia; el espacio físico se sostiene en la figura dividida del yo. Por un lado, el fantasma del yo real, personaje adulto; su centro de acción es la aldea y la monotonía del trabajo “Dentro de una hora iré a la empresa e iniciaré mi trabajo (20). Por otro lado, Aníbal, el estudiante adolescente, en la ciudad, “Abandono el Liceo, tomo las calles húmedas y advierto como la ciudad extrae de las aceras un humo fatigante”(158). Y a la vez el narrador:

 Como un destello, recuerdo la tarde de ayer, frente al río, cuando desaparecí entre la embarcación, protegido por el silencio y la oscuridad. Es hermoso poder comprender cuando algo ha concluido definitivamente aun cuando lo que termine seamos nosotros mismos en un sentido. (43)
3.- LA SIMBOLOGÍA.

3.1. El viaje.

    Los escritores latinoamericanos se caracterizan por el desarraigo de su medio. Por lo general, hay un yo enfrentado con la realidad exterior, la cual no reconoce como suya. El personaje se siente desorientado en un mundo que no comprende, y por lo tanto hay una búsqueda de sí mismo.

    La narrativa balziana, por consiguiente plantea este desarraigo y el ir y venir de ese yo: la ciudad y la aldea. Milagros Mata Gil (1989:91) afirma que en Marzo Anterior: “ el personaje (¿tal vez adolescente?) que inicia el relato, busca en el horizonte que él ha forjado de la ciudad, el “centro” que le asegure la posibilidad de ser”. Hay una necesidad del personaje de buscar su propia identidad y para ello considera que debe huir, pero realmente su huida no es física sino psíquica. Sin embargo, su huida la comienza en una embarcación.

De un salto penetró en el vehículo, la negra embarcación con remos y motor eléctrico, cuya velocidad está a mi disposición. Impulsaré la pequeña nave con los remos, y cuando me haya alejado lo suficiente recurriré a la técnica de las hélices para que nadie pueda recordar después que hubo un ruido extraño sobre el río la noche de mi fuga. (12)
    Esa huida permanece en el personaje y la repetirá cada vez que sienta la necesidad de encontrarse a sí mismo. El narrador personaje hace un esfuerzo por mantenerse en ese presente actual, con todos los objetos y seres que o rodean, pero inevitablemente su pasado constantemente lo acosa y nuevamente surge el deseo de huir.
¿Qué sucedería si huyere?. La calle está esperando. Podría irme a almorzar. Sin embargo, experimento la imposibilidad de destruir esto que soy yo mismo o que ha sido creado por mi propio pensamiento. (82)
    Sin embargo, el presente para él “es la tristeza, la desesperación que impide el movimiento”. (120)

3.2. El río.

    Desde las primeras páginas de la novela aparece el río como elemento básico dentro del desdoblamiento del personaje, dentro de la huida: es una imagen arquetípica de la obra. Cirlott (1969) dice que el río es un símbolo ambivalente ya que corresponde a la fuerza creadora de la naturaleza y, además al tiempo. Por un lado simboliza la fertilidad y el riesgo progresivo de la tierra, y por otro, el transcurso irreversible, como consecuencia de esto, el abandono y el olvido. Por el tema que se plantea en Marzo Anterior, se puede tomar la segunda simbología. La fuga del personaje va desde la aldea, la cual está bordeada por el río, hacia la ciudad (marcada como el espacio ideal), y es cruzando el río como se realiza el viaje.

Desaparezco de esta región, acabaré con un mundo que, sin embargo, casi no existió porque estuvo dentro de mí. Marzo está sobre el río, ya no quedará ningún marzo anterior. Vienen inusitadas horas y sugerencias desconocidas. (15)
    En el capítulo segundo (no señalado como tal) aparece la última relación del narrador protagonista con la imagen del agua como si ésta le diera la fortaleza que necesita para lograr la huida. Por momentos divaga, muestra las situaciones del pasado congeladas con el presente, e inmediatamente vuelve la conciencia de la necesidad de la multiplicidad.

Las divagaciones son peligrosas, podrían conducirme a ideas que por ahora necesito descartar. El río casi desaparece en el horizonte: allá apenas tiene el grosor de un cigarrillo, pero junto a mí es gigantesco, desvastador, blanco, siempre girando en absurda espiral. He amado el río y nunca lo entendí. (23)
    El río va a encerrar toda la angustia existencial del personaje. El se identifica con todo el ir y venir del narrador. Es libertad, pero a la vez es prisión. Por eso se puede ver en ese mismo capítulo que el personaje también habla de una cadena que se debe romper. La cadena es el símbolo de la comunicación, y el nudo es el símbolo de apresamiento. La espiral debe llegar a su extremo y liberarlo para poder lograr su verdadera identidad.

Entonces tomamos la negra cadena que relumbra en los pequeños óvalos metálicos y lleguemos a su final, para destacar el nudo (...) Concluiré para los demás sin destruir ni una partícula del esquema que construyó mi existencia...
Pero basta. Ha llegado la hora...

Ya tengo la cadena en mis manos; y el nudo ha desaparecido.

Debo ir hacia la punta de la embarcación y colocar en un rincón liso estos eslabones que intentan crujir bajo mi voluntad que los obliga a callar... (24-25)

    A través del nudo de la cadena que lo ata a la realidad, es como el narrador personaje logra ponerse en comunicación consigo mismo, y a la vez muestra las dos historias paralelas que durante el resto de la obra se van a ir contando simultáneamente. Pero el viaje termina donde empezó: en la orilla del río. La búsqueda se hizo sin éxito y el espíritu se ha fragmentado.

Estoy sobre el río como alguna vez, hace mucho tiempo. Los edificios, la inesperada noche que crece. Un día decidí huir de todo esto, pero no tenía razón; ni en la muerte, ni en la fuga reside mi salvación. (153)
    El río aparece como la figura arquetípica capaz de destruir al personaje, lo llega a dominar. María Fernanda Palacios (1973:9) lo sintetiza muy bien cuando dice:

Los respiraderos serían esas pistas falsas que no van a ningún lado: cogemos aire para regresar al río y sumergirnos de nuevo en esa corriente dominante que gobierna la historia y organiza el ejercicio.
3.3. La noche y la lluvia.

    Para Cirlot (1979), la noche está relacionada con el inconsciente y la lluvia con la fertilidad. Marzo Anterior, en sus diferentes secciones presenta muy frecuentemente la presencia de la noche y la lluvia. La noche es para el narrador el momento de la huida, del encuentro consigo mismo; el día y el sol representan la esclavitud, la falta de libertad.

Los días, el sol, son sólo favorables cuando se les necesita, cuando algo inerte de nosotros quiere hundirse bajo ellos. A veces esa sed de fuego, da estallidos amarillos que encadenan, es interminable (...). El resto del tiempo hay que entregarlo a la noche, para dejar la existencia suspendida en el avance de los espacios negros, silenciosos, que invaden lo particular y le inyectan nuevo sentido ... Amar las noches: lo supremo. Bajo ellas... Todo es fértil, ágil, enloquecedor porque puede transformarse incesantemente. (76-77)
    Casi siempre estos elementos aparecen unidos como símbolo de esa angustiosa existencia del ser que busca su identidad, y que unida a la presencia del río refleja la multiplicidad en busca de su propia identidad. Milagros Mata Gil (1989:123) afirma que en la novela “Al reflejar, el agua adquiere una doble cualidad: la del espejo y la del ojo: el universo “mira” a través de ella, pero también en ella es posible “mirarlo”: idéntico y diferente a la vez, es el reflejo”.

A MANERA DE CONCLUSIÓN.

Con José Balza la narrativa experimental cobra un espacio de gran importancia en la literatura venezolana. En las obras de este escritor, el hombre se convierte en materia de reflexión, pero no como lo hace la novela psicológica, sino buscando su propia identidad. Para este autor, la escritura deja de ser un simple instrumento para contar una anécdota, y pasa a convertirse en elemento esencial para la creación de la realidad y de sí mismo.

Así lo vemos reflejado en la novela Marzo Anterior, donde la búsqueda de la identidad del individuo será el elemento esencial de la obra. En ella están presentes muchas de las características de lo que se ha llamado la “antinovela”. Los hechos, las cosas y hasta los seres dejan de ser lo que son para mostrar todo un mundo interior: el mundo de la conciencia.

    En esta obra, como se ha dicho, no hay anécdota porque ésta no interesa. Lo que hay es una espiral donde se sumerge la historia y cuyo centro es la conciencia del personaje; donde vuelta a vuelta, se van mostrando las imágenes centrales: el río, la aldea, los árboles, y todas ellas conducen a lo mismo: la formación y destrucción del ser, y la espiral sigue su trayectoria hasta llegar al fin que no podría decirse que es la muerte.

    Marzo Anterior está construida a través de la introspección. De esta manera, el escritor permite conciliar la realidad externa y la realidad interna, y por lo tanto un acercamiento entre el hombre y el mundo que le circunda. La obra está narrada en primera persona. La vida del personaje-narrador da la sensación de que se encuentra dentro de una espiral, de allí que el transcurrir de la narración se sumerja en un vaivén entre el pasado y el presente: ciudad/aldea, Aníbal/Logzano, vida/muerte. Esto no permite que se elabore una escritura lineal frente al problema de la conciencia.

    Hay necesidad por parte del narrador-personaje de buscar su propia identidad y el lector comparte sus percepciones y pensamientos. El relato se teje a través del monólogo de la conciencia. El narrador-personaje se presenta por medio de pensamientos y miradas. Las dos historias paralelas que se narran muestran a Aníbal con lo cotidiano, con las dificultades en su vida de adolescente y los goces del amor, la amistad como compensación de la soledad. Logzano muestra sus continuas frustraciones como individuo, la añoranza de la adolescencia reflejada en Aníbal, la monotonía en el trabajo, la soledad. Se confunden Aníbal y Logzano, ¿quién es quién?, ¿quién es el yo real y quién el yo falso?. No importa, el narrador presenta su situación y eso la hace interesante.

   ¿Qué o quién es Marzo?. María Fernanda Palacios (prólogo, 1973) refleja lo que para ella representa Marzo:

Marzo está sobre el río y ya no egresa, es un desequilibrio que atraviesa los sueños y sobrevive para afirmar su propia destrucción. Marzo que se devora y engendra. Marzo que asciende en su caída y que se salva sin haber vencido.

    Marzo podría ser la propia vida de Aníbal, su juventud y su madurez: la síntesis de su existencia, lo que realmente ha añorado de ella, los pocos momentos de felicidad que ha tenido y que no queda bien definida, como tampoco queda él.
    Balza hace ver a través de sus personajes el desequilibrio, el ser que se crea y se destruye a la vez. Todo en ellos contrasta, se enfrentan dos realidades. Sin embargo, cada secuencia narrativa mantiene su independencia frente a las demás, y al final de la obra la unión de los dos personajes, la comunión de una sola personalidad: el narrador.

Yo soy Aníbal o Logzano, una síntesis; todas las imágenes se agrupan con violencia. No me divido: me recobro. Y aquí está mi salvación.(153)
    En esta novela, Balza expresa lo que para él debe ser una obr narrativa. La novela debe ser de carácter analítico y conceptual, la descripción se debe reducir lo mínimo y la visión novelesca debe ser la mirada del hombre y su percepción ante el mundo que lo rodea.


REFERENCIAS BIBLIOGRAFÍA

Araujo, O. (1988) . Narrativa Venezolana Contemporánea. Caracas: Monte Avila Editores.

Bachelard, G. (1957). La Poética del Espacio. México: Fondo de Cultura Económica.

Balza, J. (1969) Narrativa Instrumental y Observaciones. Caracas: Universidad Central de Venezuela.

Balza, J. (1973) Marzo Anterior. Caracas: Monte Avila Editores.

Berrizbeitia, J. (1990). Balza Narrador. Caracas: Ediciones Octubre.

Bravo, V. (1993) Los Poderes de la Ficción. Caracas: Monte Avila Editores Latinoamericana.

Cirlott, E. (1969). Diccionario de Símbolos. Barcelona: Editorial Labor.

Mata Gil, M. (1989). Balza: El Cuerpo Fluvial. Caracas: Academia de la Historia. Colección Libro menor. Nº 152.

Miranda, J. (1975) Proceso a la Narrativa Venezolana. Caracas: Universidad Central de Venezuela.

Navarro, A. (1970) Narradores Venezolanos de la Nueva Generación. Caracas: Monte Avila Editores.

Navarro, A. (1993. Abril). “Claves para entender un cuerpo textual” En: Imagen Latinoamericana. Caracas: Nº 100-94, pp 22-25.

Navarro, A. (comp.) (1997) José Balza: La escritura como ejercicio de la Inteligencia. Caracas: Universidad Central de Venezuela. Facultad de Humanidades y Educación. Comisión de Postgrado.

Vázquez M. (1998, junio 21) “La narrativa experimental en la novela Marzo Anterior de José Balza.

domingo, 4 de abril de 2010

LA MUJER DE ESPALDAS. UN CUENTO DE JOSÉ BALZA

Liduvina Carrera


    Ubicado en el marco de Los Textores por su escritura narcisista, José Balza asombra por su inclinación hacia la sugerencia en el cuento “La mujer de espaldas”. Una de las características ofrecidas en este relato breve es la anécdota difusa; en efecto, se trata de la historia narrada por un escritor, a quien un periodista realiza una entrevista. El narrador/escritor cuenta la historia oída al periodista, a quien, a su vez, se la había contado un limpiabotas. Éste había comentado que Francois, un francés, había matado en Puerto Cabello a una mujer porque le había robado todo su dinero, en el negocio que ambos tenían y lo había abandonado en Francia, hacía más de cuarenta años.

    Obviamente que, con esta historia, el autor se aproxima al ludismo mediante una visión subjetivada, de una anécdota narrada mediante puntos de vista primordialmente intimistas. Como diría Barrera Linares; “por una indagación de los espacios internos relacionados con la conciencia de los personajes”.

Los espacios ficcionales

    Partiendo de esta anécdota simple, el lector puede ubicar cuatro ambientes diseminados a lo largo del relato. Al comienzo, el entrevistador y el entrevistado permanecen en una oficina. El periodista conversa con el escritor para solicitar información acerca de su último trabajo editorial; un Diccionario. La ubicación espacial es evidente en las siguientes frases: “nuestra secretaria advirtió-desde el cristal vecino (...) trajo café para ambos” (p.28); “(mis compañeros de equipo, (...) más allá del vidrio de la oficina, imaginaban al periodista comentando nuestro Diccionario, mientras él narra su argumento)”(p. 29).

    El segundo ambiente donde se mueven los personajes de este relato está ubicado en una plaza “La Plaza Central”. En ese lugar, el periodista había entrevistado al anciano, quien le había otorgado “esa interesante historia de l930” (p.29). Allí, el viejo limpiabotas narra la historia ocurrida años atrás en Puerto Cabello.

    El tercer espacio ficcional ocurre en Francia, lugar donde ocurrieron los acontecimientos iniciales a la trama que finaliza en Puerto Cabello. Estos hechos fueron relatados por el propio Francois: “la historia se conoció por el asesino mismo. Le daba igual volver a Francia” (p. 30). Los lugares señalados oscilan entre Petite Ville, Marselle y el Puerto. En este último, proliferaban los negocios fraudulentos, el tráfico entre los barcos y las rivalidades.

    Una cuarta ubicación geográfica está delimitada en Puerto Cabello; se menciona la casa y la gran fortuna de una mujer, se describe la pensión donde un personaje apodado el malandrito había escondido al francés. (Avanzada la lectura, es posible ubicar al “malandrito” como el mismo viejo limpiabotas que cuenta la historia en la “Plaza Central”).


Las voces de los personajes significativos

    Si los escritores narcisistas parecen regocijarse con su escritura, Balza se regodea con los narradores de su texto. El relato ofrece cuatro voces y una doble descripción de “la mujer de espaldas”. El primer narrador es el personaje entrevistado: el escritor encargado de un equipo que trabajaba en un novedoso Diccionario, con clasificaciones que obliteraban el orden alfabético y, en cuya elaboración, habían tardado cinco años. Esta voz canta buena parte de la anécdota y, ayudada de incisos y explicaciones irónicas, probablemente constituya el recurso para emitir las opiniones del mismo escritor/Balza. Tiende a ser una voz irónica: “temí que destacara - más que el Diccionario- (...)dos inoportunos estornudos míos” (p.28). Critica el snobismo del periodista que lo entrevista: “pienso que hubiera dado cualquier cosa por ser, el entrevistado, él...” y la inexperiencia en escribir relatos: “no posee el periodista los claros hilos que exige un relato de muerte”. (idem). Este narrador asume la primera persona y cuenta cómo fue la entrevista realizada por el periodista. De este modo, también narra lo que le contó el entrevistador.

    Una segunda voz narrativa está presente en el periodista que realiza la entrevista. Se le describe como “un joven periodista con más de treinta años, dos divorcios”, además es “prisionero del gran diario en el cual trabaja. Su simpatía su desparpajo cultural” (...) “puede improvisar preguntas como si supiera a qué se refieren y convencer a millones de lectores” (...) “quería que sus reportajes tuviesen algo de poema, de novela, de drama, o quería redactar noticias tan vivaces que fuesen como novelas” (p.28). Este segundo narrador cuenta la historia contada, a su vez, por el viejo limpiabotas: “adjudicó el argumento a un limpiabotas de la Plaza Central. De ese hombre anciano y fiel a su oficio, de ese niño que llegó en l910 al mismo lugar donde está hoy, el periodista había captado la extraña anécdota. Sí: ocurrió ayer, cuando en una manifestación más (...) entrevistó al viejo limpiabotas del centro” (p. 29).

    Un tercer narrador está presente en el viejo limpiabotas, “el malandrito”, “el criollo”, “el anciano de la Plaza”, “el muchachito de l9l0 y anciano de ahora”.Este personaje ambiguo había ayudado al francés para que encontrara a la mujer en Puerto Cabello y, de viejo, relata la historia al periodista en la Plaza Central. Se le menciona de varias formas: “un cómplice venezolano”, “el niño limpiabotas de la Plaza, que narró la historia es el viejo que aún recuerda los titulares de la prensa”, “el malanadrito”, “el limpiabotas”, “el amigo resultó de gran utilidad: casi lo guardó en una discreta pensión”.(p.35).

    El cuarto narrador es el propio Francois, el gordo que mató a la mujer: “la historia se conoció por el asesino mismo: no tenía deseos ni fuerzas para escapar. Le daba igual volver a Francia, quedarse en las cárceles de Guyana o morir envuelto por un clima y por un idioma que desconocía. Contó que durante cuarenta años había lamentado la ausencia de esa mujer...” (p. 30). El francés y la mujer habían estado relacionados por los negocios turbios y el tráfico en los puertos. Francois se describe como “un hombre gordo, envejecido, absolutamente desconocido, con sólo una semana en el puerto, mató a la extranjera, apuñalándola en un lunar con forma de lis, que tenía en la espalda” (p. 29).

    La personalidad de la mujer refleja su doble vida, una en la juventud en Francia y la otra en Puerto Cabello, en Venezuela. Al principio se le conoce como Marie-Jos. Vivia en los Puertos y era una mujer joven que parecía haber vivido todo, pero no el amor leal que le ofrecía Francoise: “sin padres, sin familiares, la mujer había andado siempre entre hombres (...) carecía de amigos y quizá nunca tuvo prolongadas relaciones de afecto con otro ser” (p.30). Su presencia había sido una óptima oportunidad para los negocios, porque se rodeaba de una personalidad sensual y golosa, sin ser realmente atractiva. Era el contacto con los barcos y había muerto asesinada por los rivales de los negocios que frecuentaba: “la muerte de la muchacha interrumpió el ascenso de su fortuna. La tragedia ocurrió una noche, (...) al volver halló la casita arrasada: ni un billete ni una joya. Sangre en el piso y una cita a la morgue (...). La pérdida lo aniquiló todo” (p. 31)

    Con el nombre de María Inés aparece de nuevo el mismo personaje, también difuso para el lector, en Puerto Cabello. Para ese momento tenía cierta edad y lucía también un lunar en forma de lis en la espalda, grabado de joven por Francoise. Esta dama algo mayor, estaba inclinada a las drogas y al alcohol. Se presenta como “marchita mujer”, “algo gorda, decaída, en nada se parecía a su graciosa muchacha de Marselle: pero en tal diferencia supo encontrarla: bajo cierta fijeza de los gestos, en la boca, en un olvidado movimiento de los ojos” (p. 35).

Las propuestas del relato

    El cuento “La mujer de espaldas” pareciera criticar, entre otras cosas, el estilo periodístico que desea añadir sobrada ficción a los reportajes: “Narrar con fórmulas periodísticas”, “el new periodismo”. Se evidencia la práctica de convertir las noticias en piezas de teatro y la dificultad para diluir la trama (obra dramática) o convertirla en un texto policial. El periodista/segundo narrador comenta al entrevistado/primer narrador.“sabré esperar hasta que convierta (la historia) en ficción o en trazos de una cosa teatral” (p. 29).

    Otras evidentes críticas al nuevo estilo periodístico están presentes en las siguientes líneas: “El periodista no posee claros hilos que exige un relato (...) se extiende en detalles, en la moda de los 30, interpola tonos locales, se complace en una frase” (p. 29). El cuento evidencia las mentiras noticiosas y la subjetividad de algunos periodistas: “¿Es producto del periodista o comentario verdadero del anciano limpiabotas?”, “¿Necesita un relato o un drama en dos actos la confesión del protagonista?”.

    Otras sugerencias del texto de Balza, se refieren a la búsqueda de una historia policial para exponer la idea de que no debe ser manejada como ficción ni como trama por los periodistas. El autor de este relato, por boca del escritor, juzga a los periodistas que no preparan sus entrevistas antes “nisiquiera había (h)ojeado el ejemplar”. Por eso, la labor periodística no permite que trascienda el entrevistado con su trabajo en el Diccionario, por lo contrario, el periodista se luce porque es él quien invierte el tiempo en contar “su historia”.

El estilo del relato y su estructura interna

    Balza explora y experimenta con las palabras y los enlaces de sus discursos. El estilo se presenta cortado y con abundantes paréntesis explicativos: “Lo inició como una vasta idea para su pieza de teatro (ha cundido ahora entre otros vicios, la creencia de que cualquier novelista escribe mejor teatro) con dos actos tensos e ineludibles”; “algunos empleados del puesto de asistencia (pasó por alto entonces que el cadáver no había sido llevado ...)ofrecieron mostrarle el cuerpo”(p. 31). José Balza utiliza, de la misma manera, interrogaciones que aparentan una reflexión personal dentro de sus relatos. Tabién es posible visualizar “apartes” como si se tratara de obras teatrales.

    La mención ambigua de sus diferentes personajes, procura un ludismo con el que debe participar el lector. Curiosamente Balza presenta, con variedad de nombres, a sus entes ficcionales: “el malandrito”, “el limpiabotas”, “el anciano” y “el criollo” corresponden a una misma persona ficticia del relato; lo mismo se podría decir con “el francés gordo”, “Francoise”,”el asesino” o “el viejo Francoise”.

    Con este relato dentro de otro relato y así, sucesivamente, el autor de este cuento juega con las Matriuskas o Cajas Chinas. La entrevista del periodista es el pretexto para la elaboración del texto. Es lo que Antonieta Madrid comentaría por boca de Vanessa, la novel escritora que elabora su novela bonsai: “Una novela dentro de otra novela. Novelas de mayor a menor, una dentro de la otra, como las muñecas rusas (...) un cuerpo dentro de otro cuerpo”. El autor relata todos los episodios de diferentes épocas en un presente, el lector cómplice debe cooperar para organizar mentalmente las acciones relatadas por las diferentes voces del cuento.

Una reflexión final

    En el cuento “La mujer de espaldas”, como en el resto de la producción narrativa de Balza, no sólo se juega con la anécdota, sino con la presentación de ella misma. El lector va conociendo a los personajes involucrados en esta historia, por la presencia de la ambigüedad, la arbitrariedad y el narcisismo, características postuladas por Carmen Bustillo para la construcción de los personajes ficcionales de la narrativa latinoamericana contemporánea.

    Este relato postula un lector capaz de compartir la invitación del juego balsiano: la búsqueda del doble, el intimismo y la subjetividad como centro del relato. Balza ofrece un juego literario, cuyo contenido asume la contraposición ciudad y puerto, ofrece el erotismo y el eterno mito de lo femenino y por último, sentimientos de soledad y existencialismo.