ACERCA DE LAS AUTORAS

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miércoles, 28 de abril de 2010

LA EXPERIMENTACIÓN NOVELESCA EN LA ESTRUCTURA DE EL FALSO CUADERNO DE NARCISO ESPEJO DE GUILLERMO MENESES

Mireya M. Vásquez Tortolero

Guillermo Meneses (1911-1978), es uno de los escritores más importantes de la vanguardia venezolana. Se inicia como escritor hacia la década del 30. Hace su entrada en las letras venezolanas en el grupo “Elite”. Liscano (1973:49) ubica a este escritor en lo que el llama el “segundo tiempo” de la novela venezolana (aquellos escritores que inician su producción literaria a partir de 1928). Publica en 1952 su novela El Falso Cuaderno de Narciso Espejo, obra que dio un vuelco total a la narrativa venezolana.. Ésta se había mantenido dentro de la lógica de lo dogmático, la descripción objetiva de la naturaleza, la palabra interpretativa del significado e instrumento ornamental. Las obras de Gallegos, con el tema de la tierra y los ideales de progreso y reforma, consolidan la tendencia de la literatura como testimonio. Con la aparición del Falso Cuaderno de Narciso Espejo, Meneses rompe esa lógica y, como afirma Lyda Zacklin (1985:87) “se pone de relieve el proceso de producción del texto y que, sin sobresalirse del contorno sociocultural de donde emerge, se sirve de un lenguaje que apunta hacia lo irrepresentable, hacia lo que sin decirse abre el camino a posibilidades infinitas de significación”, y se convertirá en un escritor de gran importancia, pues la historia de nuestra narrativa cambiará desde la publicación de esa novela.

El Falso Cuaderno de Narciso Espejo se puede considerar la obra central de la narrativa menesiana, pues el autor auna en ella toda una gama de posibilidades creadoras que ya había presentado en sus cuentos y novelas anteriores. Partiendo de una anécdota sencilla, como la que se nos presenta en esta obra: contar la vida de un ser con cualquier nombre, Meneses se introduce en los caminos de la Vanguardia y será quien guíe a los nuevos escritores. Rompe con los esquemas tradicionales de la novela. Incorpora a su temática las visiones disueltas de una memoria fragmentaria. Su novela es un juego de contrapuntos de preguntas y respuestas, y de respuestas sin continuidad. El hecho de que Pedro Pérez sea la respuesta a la pregunta ¿Quién es Narciso Espejo?, no es la respuesta a todo lo planteado, puesto que en la obra hay un continuo juego de mentiras y verdades, y fue él, como pudo haber sido cualquiera.

Meneses hace que el lector tome parte creativa en la obra porque su escritura demanda la productiva participación del lector, para que sea éste quien redondee la creación novelesca. Se debate entre dos mundos: la realidad y el espejo. El narrador Juan Ruiz nos presenta un hecho concreto: las falsas memorias de Narciso Espejo. Se inicia con la explicación sobre la razón que los guía a escribir la autobiografía de Narciso Espejo, su amigo íntimo. La autobiografía propiamente dicha narrada por Narciso Espejo. Luego siguen los reportajes sobre la nube amarilla y el suicidio de Juan Ruiz. Finaliza con la tacha del documento C por el propio Narciso Espejo, que es realmente Pedro Pérez. Sobre este planteamiento tan sencillo, Guillermo Meneses desarrolla toda la trama de su novela.

I.- ESTRUCTURA DE LA OBRA

La novela El Falso Cuaderno de Narciso Espejo está estructurada en dos partes divididas a través de documentos. En ella se presenta un metalenguaje que transforma o afirma, hay una narración dentro de la narración.

Primera Parte: Expediente del cuaderno y del recuerdo.

Documento A: Explicación de Juan Ruiz.

Documento B: Explicación de Narciso

Documento C: El cuaderno Apócrifo

Teoría de los espejos.

Dramatización de la ciudad de Dios

La presencia del pecado

La lucha contra el pecado

Aparición del tirano

Los ejidos del alma

La figura del padre

La casa de la adolescencia

El acto de la feria

El compañero Juan Ruiz

Los actos de la capilla

El acto de la hostia

El acto del burdel

La muerte de la madre

El acto de la protesta

El gesto de la medalla

Segunda Parte: Legajo de la nube amarilla y del suicido de Juan Ruiz.

Documento D: Primer reportaje de la nube amarilla.

Documento E: Segundo reportaje de la nube amarilla.

Documento F: Informe sobre José Vargas, la pensión de Doña Rosita.

Documento G: Entrevista de José Vargas y Juan Ruiz.

Documento H: Visita domiciliaria a la pensión de Doña Rosita.

Documento I: Declaración indagatoria de Narciso Espejo.

Tacha del documento C: Cuaderno apócrifo.

En la Primera parte, encontramos la historia o historias, presentadas casi linealmente, de Narciso o Juan Ruiz. Paralelamente se intercalan una serie de documentos que van mostrando diferentes momentos de la vida del narrador y sirven de puente entre las dos partes en que se divide la novela. En la Segunda parte, diversos narradores revisan y corrigen el “cuaderno apócrifo” que desaparece, para aparecer como reflejo del espejo. Nos preguntamos ¿quién narra la novela?. Desde las primeras páginas comenzamos a vislumbrar esto, pero no es sino al final de la obra, en los últimos párrafos cuando terminamos descubriéndolo. Esto se debe a que los diversos textos que la componen están escritos por varios narradores.

El documento A está escrito en primera persona . Juan Ruiz es el autor de este documento.
“Soy en cierta manera, escritor. Digo en cierta manera, porque no es la literatura actividad de la cual derive mis medios de subsistencia; ni siquiera he logrado esa aldeana seguridad que produce la pequeña gloria formada por las favorables opiniones de la ciudad donde hemos nacido. (Meneses G. (s/a, 10)
Los documentos B y C, a pesar de haber sido escritos por Juan Ruiz, se presentan en primera persona y aparecen como redactados por Narciso Espejo.
Pretendo sentir la más sincera emoción al escribir estas páginas. Podría decir que quiero -con voluntad orgánica, de huesos, de nervios, de viceras- confesarme. (p.19)
Comienzo mi historia Mi nombre es Narciso Espejo. (p.22)
Los documentos D, E, F, G y H son escritos por el periodista José Vargas, amigo de Juan Ruiz y de Narciso, Pérez Ponte y el propio Narciso y quienes aparece como narradores en tercera persona. Relatan los acontecimientos que trajo una nube amarilla y el suicidio de Juan Ruiz. El documento I está narrado por Narciso Espejo, pero no como tal, sino como el hombre que recibe su autobiografía escrita por otro. En la tacha del cuaderno apócrifo o del documento C, pero desprovisto de esa imagen falseada por la visión reflejada de Juan Ruiz, el yo verdadero de Narciso Espejo, es Pedro Pérez, quien habla.

II.- CONSTRUCCION DEL ESPACIO NARRATIVO DE LA NOVELA.

José Napoleón Oropeza (1984:438) afirma: Todo en la novela es real dentro de ella, pero quizá fuera del texto nada es real: su existencia depende de los movimientos del espejo y cada reflejo podría adquirir carácter tan propio que el cuerpo final de la novela puede intuirse como inexistente.

El espacio es “virtual” ya que constantemente aparece y desaparece en el sentido que impide fijar claramente a los personajes, al espacio mismo y al tiempo. Hay movimientos constantes de recuerdos, repeticiones, avances, retrocesos. Se nos presenta la infancia, la adolescencia, la búsqueda de Dios, la presencia del pecado, la caída de la ciudad de Dios Los documentos son el basamento teórico de la narración, sin ellos no hay historia. Todo se da en el espejo para producir los reflejos falsos y comenzar nuevamente. En el Falso Cuaderno, Meneses juega con tres personajes que serán los ejes de la narración. Narciso Espejo será realmente la proyección de Juan Ruiz, narrador de la primera parte de la novela, quien en el documento A va a reflejar esta idea:
Mi interés en la persona de Narciso Espejo está basada en que Narciso posee muchas experiencias parecidas a las que dirigieron mis pasos de niño y de joven...
Narciso representa lo que yo hubiera podido ser si, en determinadas circunstancias, hubiera actuado de manera normal y no embelesado individuo que espera que la vida venga a ponerle entre las manos sus frutos. (p.23)
Por otra parte, está Pedro Pérez narrador de la tercera parte de la novela. El es la introyección de Narciso Espejo (seudónimo literario utilizado en su juventud), quien tacha del documento C lo que no considera verdadero, como es el caso del acto de la medalla. El mismo nos dice en la tacha del documento C
...el cuaderno es apócrifo de que es la obra de una vaga persona llamada Narciso Espejo y de que, además, éste no sabe si recuerda realmente o si inventa sus recuerdos.
No tenía Juan Ruiz necesidad alguna de afirmar que el cuaderno es apócrifo y de añadirle esa alusión al literario personaje de Narciso Espejo -evidentemente falso en su doble alusión al personaje que ama el reflejo de su imagen- para decirme luego que el seudónimo que yo usé en mi juventud está utilizado como persona verdadera, como ser humano que escribe sus memorias. (p.198)
Narciso Espejo, el narrador del documento C cuenta su historia de adolescente con sus conflictos religiosos y morales. El a través de las cosas externas se proyecta a sí mismo. Esto es lo que Bachelard, (1978:44) toma como el narcisismo individual y el narcisismo cósmico. Pero Narciso en la fuente no está entregado tan sólo a la contemplación de sí mismo. Su propia imagen en el centro del mundo. Narciso en La teoría de los espejos refleja lo que dice Bachelard del Narcisismo.
Yo prefiero decir que estoy presente en los crepúsculos, en los cielos encendidos de la ciudad donde nací... Prefiero dejar mi nombre en edificios de eternidad, en lo efímero de siempre, en la permanencia de lo que sólo dura un instante... Me imagino en función de los momentos eternos sobre los cuales deseo vivir el mayor tiempo posible. Comienzo por describirme en mi ciudad.(p.11)
Vemos, entonces, como Meneses recurre a la técnica del reflejo para mostrarnos el espacio narrativo desde varios ángulos. Narciso Espejo es el espejo bicelado: por una cara se refleja Juan Ruiz y por la otra Pedro Pérez. La historia narrada por Narciso Espejo es la visión de Juan Ruíz sobre Pedro Pérez. Hay aquí una visión estenoscópica como la titula Todorov, pues hay una pluralidad de percepciones. Esta situación nos lleva también a ver un movimiento irreal, como bien dice Balza, (1976:70) En este libro nada cambia, nada es otra cosa: excepto el apoyo último del texto, la ubicuidad de un espacio evasivo, móvil, que desencadena potencias íntimas como una gigantesca torre en perpetuo derrumbamiento.

III.- RELACIONES ENTRE VERDAD Y MENTIRA FICTICIA EN EL FALSO CUADERNO

Guillermo Meneses, en su obra analizada, juega el juego de las verdades y las mentiras. Toda la narración es un mundo de verdades, producto del reflejo de los recuerdos. Ya desde el título se nos presenta la falsedad del cuaderno, pues no fue Narciso quien lo escribió. Por otra parte, tenemos que al comienzo de la obra se nos dice:
Intento explicar el por qué de este trabajo; es decir, la razón que me guió para inventar las falsas memorias de Narciso Espejo.(9)
No sabemos cuál es la auténtica verdad, pues toda la trama se presenta en un constante avanzar y retroceder que impide el poder ubicar con precisión la verdad. En ese juego de verdades presentado por el autor, no sabemos determinar qué es lo verdadero y qué es lo falso; lo que nosotros, lectores, creemos que es verdad, el narrador nos dice que es falso; lo pensado como falso o donde sospechamos que hay falsedad, Narciso Espejo nos dice que es verdad. Esto nos lleva a que el lector, en determinados momentos, quede rodeado de un gran misterio, y sólo conoceremos la verdadera identidad del supuesto protagonista en el último párrafo de la novela. Esa sería una de las ventajas de la técnica de las cartas que utiliza Meneses en esta obra, ya que permite, como dice Todorov (1971:52) ...que el lector en determinados momentos queda anegado de misterio, mientras que los personajes saben perfectamente de lo que se trata, precisamente porque el lector no puede saber nada fuera de lo que ellos dicen en sus cartas.

CONCLUSION

Con esta novela, Guillermo Meneses abre caminos a la literatura venezolana dentro de las sendas de la narrativa contemporánea. Meneses logra una escritura en la que el narrador y el lector se compenetran, a medida de que el lector se adentra en el texto, que lo vive y lo comparte. Oropeza (1984: 457) dice que en Meneses La imagen no se ofrece como un concepto ya codificado: es ensoñación y es conciencia que permite el sueño de una escritura, donde la palabra ha adquirido el poder de reinventar el mundo sin que de antemano pretenda significar nada ni endurecer nada. Entre las cosas importantes está el hecho de que Meneses es capaz de introducir en la novela la noción del crudo existir inevitable, todo el mundo interior del individuo: la conciencia de la soledad, las alucinaciones. Con naturalidad tal, que permite multiplicidad de interpretaciones en el estudio de esta obra. A pesar de ese juego constante de imágenes y recuerdos, de espejos y reflejos, de mentiras y verdades, que lo hacen atemporal y que desconciertan al lector, su lectura es grata y nos empuja a leerla más de una vez, para ir descubriendo cada uno de esos misterios que el autor nos dejó en la novela.

LISTA DE REFERENCIAS

Bachelard, G.(1978). El Agua y los Sueños. México: Fondo de Cultura Económica.
Balza, J. (1969). Narrativa Instrumental y Observaciones. Caracas Universidad Central de Venezuela.
Balza, J. (1976). Los Cuerpos del Sueño. Caracas: Universidad Central de Venezuela.

Lasarte J y H. Achugar (comp)(1991) Guillermo Meneses ante la crítica. Caracas: Monte Avila Editores.
Meneses G..(s/a). El Falso Cuaderno de Narciso Espejo. Barcelona: Ediciones Nueva Cádiz.

Meneses G. (1977). Espejos y disfraces. Caracas: Editorial Arte.
Oropeza, J. N.(1984). Para fijar un rostro. Caracas: Vadell Hermanos Editores.
Todorv, T..(1971). Literatura y Significación. Barcelona: Ediciones Planeta.
Zacklin L.. (1985) La Narrativa de Guillermo Meneses. Caracas: Universidad Central de Venezuela, Dirección de Cultura.

miércoles, 7 de abril de 2010

LA MULTIPLICIDAD PSÍQUICA EN LA NOVELA MARZO ANTERIOR DE JOSÉ BALZA

Mireya Vásquez
El mecanismo que permite a la consciencia
La descriminación entre el funcionamiento
de la sensibilidad y el producto del mismo...,
se sintetiza con un nombre muy extendido:
introspección. José Balza

    José Balza es uno de los escritores venezolanos de los años 60 cuya obra ha sido muy prolífica. Su labor como escritor se inicia en los años sesenta, formando parte del grupo que se reúne en torno a la revista “En Haa”, donde se destacan, entre otras figuras, narradores como Carlos Noguera, Jorge Nunes y Mariana Castro; poetas como Lubio Cardozo y Aníbal Castillo, y como ensayista, Armando Navarro.


    Ha publicado las obras Marzo Anterior (1965), ganadora del Premio Municipal de Prosa en 1966; Largo (1968), Setecientas Palmeras plantadas en un mismo lugar (1974), D (1977), Percusión (1982), Media Noche en Video:1/5 (1988), Después Caracas (1995), una novela breve Un hombre de aceite (2008); además volúmenes de relatos como Ejercicios Narrativos (Primera serie) (1967), Órdenes (1970), Ejercicios Narrativas (Selección) (1976), Un Rostro Absolutamente (1982), Cuentos (Antología) (1983), El Cuento Venezolano. (Antología) (Compilador) (1984), La mujer de espaldas (Ejercicios Holográficos) (1985), El Vencedor (Antología) (1989), Ejercicios narrativos (Antología) (1992), La mujer porosa (Ejercicios Narrativos) (1996) La mujer de la roca (1997), Narrativa Breve (1999), Un Orinoco fantasma (2000) Caligrafías (2004), El doble arte de morir (2008). También se ha destacado como crítico y teórico literario en sus obras como Narrativa Instrumental y Observaciones (1969), Proust )1969). Lectura Transitoria (1973), Los Cuerpos del Sueño (1978), Un color demasiado secreto (1985) Este Mar Narrativo (1987), El fiero (y dulce) instinto terrestre(1988) e Iniciales (1993); otros de crítica de arte como Alejandro Otero (1977), Jesús Soto, el niño, (1981), Antonio Estévez (1982), Análogo simultáneo (1983), Transfigurable (1983) y Un color demasiado secreto (1985), Anuncios de la teoría literaria en América Latina, 1600-1700 (1993), Ensayos invisibles (1994), Narrativa Venezolana attuale. (co-autor) (1995), Ensayo espeso (1997), Ensayos/Fulgor de Venezuela (2001), Bolero: Canto de cuna y cama (2002), Observaciones y aforismos (2005), Ensayos crudos (2006), Pensar en Venezuela (2008) - Además ha escrito decenas de artículos sueltos aparecidos en numerosas revistas y suplementos literarios

    Gracias a su posición diferente frente a las tradiciones literarias que le tocó vivir, y del encuentro intelectual con escritores de la talla de Marcel Proust, Kafka, Robbe Grillet, Faulkner, Julio Cortázar, Ramos Sucre, Guillermo Meneses, Enrique Bernardo Núñez, entre otros, Balza ha hecho aportes muy valiosos a la renovación de la narrativa venezolana. Pretendió hacer una escritura diferente. Con él se abre en Venezuela lo que será la novela experimental.

    La narrativa Balziana girará en torno a la búsqueda de una identidad subjetiva y a la presencia de la soledad. En la obra de este escritor, el hombre se convierte en materia de reflexión, pero no como lo hace la novela psicológica, sino buscando su propia identidad.

    Josefina Berrizbeitia (1990) afirma que para Balza “ la escritura deja de ser un instrumento para convertirse en el único espacio de fundación de la realidad, donde el escritor se crea a sí mismo a la vez que inventa el mundo”. (p.12). Toda la obra creativa de Balza se inscribe en un universo de índole subjetivo. Su escritura está fundamentada en la conciencia. Según Armando Navarro (1993,abril: 22-25) “La conciencia es un mecanismo que trasciende la simple evocación y se instala en la cima mnémica, donde se aúnan el rescate del tiempo, la integración de los referentes espaciales, la unicidad del yo creador, para propiciar el acto creativo a través de un acto sacro de catarsis y descubrimiento”.

    El escritor logra esto por medio de la técnica instrumental de la introspección o sea “indagar en el fenómeno, analizar su imagen y descifrarla tal y como se revela en la conciencia. Esa decantación sólo es posible refractarla desde la psique del narrador, porque es la única vía para el conocimiento, tanto del yo como del otro” (Navarro, 1993,abril: 22-25). Marzo Anterior fue la primera novela de José Balza, publicada en 1965. Haremos un análisis de la misma.

1. LA MULTIPLICIDAD PSÍQUICA

Nadie conoce hasta que punto
Se extiende su multiplicidad. Cuántos
Otros están dentro de un solo cuerpo
(Marzo Anterior)
    José Balza (1969: 28) expresa su idea de novela cuando sostiene que:

“Construir una novela para expresar la multiplicidad psicológica de un sujeto, significa realizar la descomposición dimensional de la personalidad de ese sujeto, dándosele igual jerarquía de realidad a sus actos, a su pensamiento, a su vida imaginaria y, hasta donde sea posible, a la vida ajena a su propia conciencia”.
    De allí que la narrativa de este autor se centre principalmente en la búsqueda de una identidad subjetiva, y en la presencia de la soledad; esto lo logra a través del flujo de la conciencia. Armando Navarro (1993:22-25) dice:

En cuanto a Balza se refiere, la conciencia es un mecanismo que trasciende la simple evocación y se instala en una cima mnémica donde se aúnan el rescate del tiempo, la integración de los referentes espaciales, la unicidad del yo creador, para propiciar el acto creativo a través de un acto sacro de catarsis y descubrimiento. Esta ubicación de la conciencia se constituye en una de las claves para descifrar el sentimiento de la narrativa balziana...
    En la novela Marzo Anterior, José Balza muestra lo que ha inquietado a muchos de los narradores durante las últimas décadas del siglo XX en la literatura venezolana: el problema del doble. En ella hay una constante búsqueda de la identidad del individuo. El tema fundamental planteado en la obra podría ser el discurso mental del protagonista Aníbal, o más bien, de los protagonistas Aníbal/Logzano, quienes viven dos trayectorias separadas por diez años, unificadas en el flujo de versiones de la memoria.

    La obra se inicia con la idea de la división del yo. Narrada en primera persona, el personaje va dando la sensación de que su vida se encuentra dentro de una espiral. Juan Eduardo Cirlott (1969:195) dice que “Espiral es la relación entre la unidad y la multiplicidad”. Por ello podemos decir que el argumento se da a la manera de una espiral en donde constantemente hay un ir y venir y en cada vuelta el sujeto se reconoce consigo mismo, y como dice Armando Navarro )1970:104) “En cada vuelta, en cada regreso, ocurre lo inevitable: el encuentro del sujeto consigo mismo se reconoce y alternativamente se elimina a través de la presencia del otro, quien con frecuencia (...) representa una de las múltiples facetas de la personalidad del narrador”.

    El narrador se presenta por medio de pensamientos, de miradas, mientras responde a lo real

Por momentos pienso que ni siquiera esto tiene valor, que no habrá muros en verdad, que estaré a expensas de las transformaciones, olvidado de la estabilidad. (M.A. p.13)
    Desde las primeras páginas vemos en la novela la presencia de la multiplicidad psíquica en el personaje. Ésta como tema narrativo va a ser recurrente en la obra balziana, ya que será objeto de experimentación constante. Esa división psíquica es de gran importancia en todos los aspectos de la vida del narrador protagonista: su manera de actuar, sus sueños, su vida imaginaria y hasta su inconsciente. El personaje está consciente de que necesita de la multiplicidad psíquica y la considera indispensable para lograr lo que se propone.

Pero hay algo que me fortalece; el conocimiento de que eso mismo es una salida, de que ningún hombre podrá escapar a la multiplicidad (...) La edad misma es la mayor señal de multiplicidad: esa infancia humeante, nebulosa, que filtra raros esplendores (...) Toda esa adolescencia que da saltos (...) y el amor; y los amigos... (13)
    Al hablar del tema de la multiplicidad, inmediatamente viene a la memoria Freud. Pero es importante destacar que Balza, en esta obra, no relaciona el inconsciente con lo biológico, como lo hace el psicoanálisis. Armando Navarro (1970:10) habla de que en Marzo Anterior la idea del inconsciente “se concibe en términos de experiencia, de vivencias, que regulan la conducta del personaje mediante la participación del recuerdo.”

    La novela cuenta dos historias paralelas, entretejidas en el pasado/presente y en los personajes Aníbal/Logzano. En la primera parte, el narrador protagonista ¿Logzano?, quien representar la madurez, da un vuelco al pasado, a la adolescencia: al principio existe el rechazo del personaje, pero luego lo va aceptando como algo inevitable.
Fue el primer tiempo de mi madurez; la adolescencia regresaba y yo me empeñaba en huir de ella. De pronto comprendí que era imposible mi combate. ¿Por qué ese empeño en estabilizar una corriente cuya única finalidad es pasar, extenderse y arrastrar los obstáculos?. Aprendo a entender que esa multiplicidad es lo único que nos salva: constituye el verdadero equilibrio. (23)
    Posteriormente, el narrador protagonista ¿Aníbal? da a conocer su adolescencia, sus relaciones amorosas con Maite, su soledad en la ciudad, su necesidad de buscar a alguien con quién identificarse. Hay en él la disyuntiva de la existencia, y su identificación es con el yo fraternal Logzano.

Es absurdo creer en Logzano yo lo he inventado. Realmente nunca ha hecho nada, pero yo adivino que quiere empujarme hacia otra parte. ¿No pudo seguir él una posibilidad a la que pretende enviarme?. Lo más terrible es que hasta hace poco no advertí el fenómeno (...) Logzano posee algo que me ayuda cuando quiero alejarme de todo lo demás ... (30)
    Y más adelante leemos “Podría decirse que nunca ha tenido edad” (30). Sin embargo, es su amigo y comparte con él. En los capítulos correspondientes a desarrollar la figura de Logzano, Balza construye paralelamente la figura de Aníbal, la figura añorada por el hombre maduro. Comienza mostrando al narrador protagonista en continuas divagaciones, hace entrever sus frustraciones y todo el mundo interior que lo circunda y atormenta, la falsedad de su existencia y del tiempo.

...en mí, para concluir, me hace falta sentir la eternidad, aunque sólo haya vivido un segundo. El tiempo que está en nuestro interior constituye una amplia curva que duplica la extensión del tiempo físico. Cierro la puerta. “Hasta mañana entonces” y me vuelvo hacia el sonido. La dependencia (...) Nada toca lo que está por dentro. Soy libre. Y en esta libertad no hay nada; ni cansancio, ni felicidad... (69-70)
    En uno de los capítulos dedicados a Aníbal, se ve la presencia de la soledad como elemento esencial de su vida, las imágenes del río y troncos de madera acentúan esa misma sensación:
Es el desfallecimiento; la crueldad todal arrojada sobre mí y sobre estos troncos cuyo brillo de pronto parece desaparecer. No persigue Mozart y su maldita transparencia, y mi interminable necesidad de juventud;... las raíces acentuadas por la superficie del río, al fondo, sólo están aquí para anunciar tu ausencia... (84)
    En este capítulo comienza a vislumbrarse lo que va a ser el final de la obra: la unión de los dos personajes, la comunión de una sola personalidad. También Aníbal como Logzano se va dando cuenta de que su existencia de adolescencia no es real, que sólo es una metamorfosis o tal vez una evocación.

Tal vez yo soy también un espectro, un recuerdo. Nada hay de realidad en mi visita a Logzano, ni en la lluvia de hace un rato. Sólo existe el silencio y en un eterno verano que enciende la aldea para que sus habitantes conozcan la tristeza...
Seguiré; hay que seguir aun cuando no sea posible saber cómo ni por qué. La razón, tal vez, aparecerá cuando todo concluya, la explicación será la muerte. Ahí estará la razón de todo esto, pura, elemental, encauzando desde ahora mis actos hacia ella, como si fuese imprevista.
Desaparece la metamorfosis... (86.87)
    Hay capítulos donde el narrador se presenta en su presente, tal y como es, desalojado de sus sucesivas transformaciones.

Eso era yo: un conjunto de sentimientos dirigidos a alguien. Mi juventud. Era yo, y ahora es un fenómeno exterior, terrible, sin paralelismos conmigo...

Mi propia juventud, mi propia existencia no me pertenecen (...) porque dentro del caos sobrevive una forma, yo mismo, tal vez, pero irreal. Aníbal: la pureza al borde de la desintegración... (101-102)
    Al final de la obra, se presenta la conjunción de los dos personajes. Es el abandono del pasado, la adolescencia de Aníbal.

Aquella belleza concluyó: se ha reducido a ser un punzante objeto que guardo en cada lugar de la piel; ahí está, me pertenece. Es suficiente. (158)
 También Logzano tiene que desaparecer. Lucha y huye desesperadamente de la juventud, se impone a Aníbal, o trata, mejor dicho, de imponerse, pero no puede lograrlo, él es simplemente un fantasma. Lo que sí es verdad es que el narrador siente “que se impone un nuevo esquema de actos y conductas” (158).
    Al final el narrador dice:

Cómo me duele esa juventud, ya ajenos para mí su implícita evasión, su maravillosa claridad. Debe ser Aníbal quien pasa; miles de Aníbal que aumentan mi derrota: porque soy libre, pero me contiene la vida. Asciendo a una nueva espiral cuyo transcurso corta la piel: es la realidad. Tengo que ser esclavo de la realidad, y no obstante, no puedo renegar de mis sueños. (159)
2.- PLANOS TEMPORALES.-

    Una de las preocupaciones más resaltantes en la literatura contemporánea es el tratamiento del tiempo. Escritores como Proust, Faulkner, Joyce, Virginia Woolf, entre otros, trabajaron sobre la base del trastocamiento del orden cronológico a través de la rememoración, y en donde el espacio se acomoda a este vaivén.

    José Balza, en su obra narrativa, también se preocupa por la integración de los planos temporales. Milagros Mata Gil (1989:86) dice que para Balza “la memoria, el poder de lo evocado, es el corazón de la narración: reinventa el pasado, escamotea el futuro, con una sucesividad de instantes que se repiten para establecer los vínculos entre el hombre y el espacio”. En Marzo Anterior, el tiempo y el espacio parecen detenerse. Los hechos, las cosas y hasta los seres dejan de ser lo que son para mostrar todo un mundo interior y todo un mundo de la conciencia. María Fernanda Palacios (prólogo,1973) dice:

...dibuja una historia posible: una memoria que se inventa sembrando signos irrecuperables, múltiples y solitarios: Logzano / Aníbal, joven / adulto, ciudad / aldea, río / orilla, partida / regreso, unidad / cambio, destrucción / salvación, vida / muerte.
    No hay anécdota porque ésta no interesa. Hay realidades creadas por el narrador y vistas desde su perspectiva, mostrando diferentes situaciones en el tiempo y en el espacio: Hay una espiral donde se sumerge la historia y cuyo centro es la conciencia del personaje, donde vuelta a vuelta se van mostrando las imágenes centrales: el río, los árboles, la aldea, y todas ellas conducen a lo mismo: formación y destrucción del ser, y la espiral sigue su trayectoria hasta llegar al fin que necesariamente no es la muerte.

    El espacio permanece estático. Lo que está presente es el espacio psíquico del narrador. Las secuencias se dan independientemente unas de otras. Lo importante es el acercamiento reflexivo que el personaje tiene con la realidad.

Vuelvo a ver la lluvia. Es extraño mi poder de borrar todo lo que puede inmiscuirse dentro de una evocación. Los recuerdos no palidecen; poseemos un poderoso rasgo que nos permite refrescar sus colores y sentir que el pasado está siempre triunfante sobre lo más sólido de lo actual. El tiempo interrumpe la realidad del presente, y después deja una sensación de desamparo. (33)
    En los capítulos correspondientes a desarrollar la figura de Logzano, Balza coloca paralelamente la figura de Aníbal, la figura añorada por el hombre adulto. Comienza mostrando al narrador protagonista en continuas divagaciones entre el presente y el pasado...

Me estremece el silencio y decido que debo regresar enseguida a la aldea, porque una nueva sensación de abandono comienza a aparecer. Tal vez ahora podría suicidarme, conmovido por este sencillo paisaje; pero no tengo fuerzas. Otro pequeño regreso. Regresar: una palabra cuyo sabor se hunde en las cosas y las transforma. (87)
    Y también durante este estatismo del espacio, el narrador protagonista cuenta como poco a poco se ve llevando a cabo el viaje.

Debo liberarme de mí mismo. Regresaré a la aldea, a la ciudad, a una casa cualquiera, para continuar. Allí nada se interrumpió; fue en su interior la ruptura. Sabía que encontraría algo adecuado en esta decisión de huida. No desaparezco, pero después de media hora, regreso cambiado... (18)
    Como conclusión de este punto se puede decir que las diferentes secciones que se dan en la novela mantienen su independencia; el espacio físico se sostiene en la figura dividida del yo. Por un lado, el fantasma del yo real, personaje adulto; su centro de acción es la aldea y la monotonía del trabajo “Dentro de una hora iré a la empresa e iniciaré mi trabajo (20). Por otro lado, Aníbal, el estudiante adolescente, en la ciudad, “Abandono el Liceo, tomo las calles húmedas y advierto como la ciudad extrae de las aceras un humo fatigante”(158). Y a la vez el narrador:

 Como un destello, recuerdo la tarde de ayer, frente al río, cuando desaparecí entre la embarcación, protegido por el silencio y la oscuridad. Es hermoso poder comprender cuando algo ha concluido definitivamente aun cuando lo que termine seamos nosotros mismos en un sentido. (43)
3.- LA SIMBOLOGÍA.

3.1. El viaje.

    Los escritores latinoamericanos se caracterizan por el desarraigo de su medio. Por lo general, hay un yo enfrentado con la realidad exterior, la cual no reconoce como suya. El personaje se siente desorientado en un mundo que no comprende, y por lo tanto hay una búsqueda de sí mismo.

    La narrativa balziana, por consiguiente plantea este desarraigo y el ir y venir de ese yo: la ciudad y la aldea. Milagros Mata Gil (1989:91) afirma que en Marzo Anterior: “ el personaje (¿tal vez adolescente?) que inicia el relato, busca en el horizonte que él ha forjado de la ciudad, el “centro” que le asegure la posibilidad de ser”. Hay una necesidad del personaje de buscar su propia identidad y para ello considera que debe huir, pero realmente su huida no es física sino psíquica. Sin embargo, su huida la comienza en una embarcación.

De un salto penetró en el vehículo, la negra embarcación con remos y motor eléctrico, cuya velocidad está a mi disposición. Impulsaré la pequeña nave con los remos, y cuando me haya alejado lo suficiente recurriré a la técnica de las hélices para que nadie pueda recordar después que hubo un ruido extraño sobre el río la noche de mi fuga. (12)
    Esa huida permanece en el personaje y la repetirá cada vez que sienta la necesidad de encontrarse a sí mismo. El narrador personaje hace un esfuerzo por mantenerse en ese presente actual, con todos los objetos y seres que o rodean, pero inevitablemente su pasado constantemente lo acosa y nuevamente surge el deseo de huir.
¿Qué sucedería si huyere?. La calle está esperando. Podría irme a almorzar. Sin embargo, experimento la imposibilidad de destruir esto que soy yo mismo o que ha sido creado por mi propio pensamiento. (82)
    Sin embargo, el presente para él “es la tristeza, la desesperación que impide el movimiento”. (120)

3.2. El río.

    Desde las primeras páginas de la novela aparece el río como elemento básico dentro del desdoblamiento del personaje, dentro de la huida: es una imagen arquetípica de la obra. Cirlott (1969) dice que el río es un símbolo ambivalente ya que corresponde a la fuerza creadora de la naturaleza y, además al tiempo. Por un lado simboliza la fertilidad y el riesgo progresivo de la tierra, y por otro, el transcurso irreversible, como consecuencia de esto, el abandono y el olvido. Por el tema que se plantea en Marzo Anterior, se puede tomar la segunda simbología. La fuga del personaje va desde la aldea, la cual está bordeada por el río, hacia la ciudad (marcada como el espacio ideal), y es cruzando el río como se realiza el viaje.

Desaparezco de esta región, acabaré con un mundo que, sin embargo, casi no existió porque estuvo dentro de mí. Marzo está sobre el río, ya no quedará ningún marzo anterior. Vienen inusitadas horas y sugerencias desconocidas. (15)
    En el capítulo segundo (no señalado como tal) aparece la última relación del narrador protagonista con la imagen del agua como si ésta le diera la fortaleza que necesita para lograr la huida. Por momentos divaga, muestra las situaciones del pasado congeladas con el presente, e inmediatamente vuelve la conciencia de la necesidad de la multiplicidad.

Las divagaciones son peligrosas, podrían conducirme a ideas que por ahora necesito descartar. El río casi desaparece en el horizonte: allá apenas tiene el grosor de un cigarrillo, pero junto a mí es gigantesco, desvastador, blanco, siempre girando en absurda espiral. He amado el río y nunca lo entendí. (23)
    El río va a encerrar toda la angustia existencial del personaje. El se identifica con todo el ir y venir del narrador. Es libertad, pero a la vez es prisión. Por eso se puede ver en ese mismo capítulo que el personaje también habla de una cadena que se debe romper. La cadena es el símbolo de la comunicación, y el nudo es el símbolo de apresamiento. La espiral debe llegar a su extremo y liberarlo para poder lograr su verdadera identidad.

Entonces tomamos la negra cadena que relumbra en los pequeños óvalos metálicos y lleguemos a su final, para destacar el nudo (...) Concluiré para los demás sin destruir ni una partícula del esquema que construyó mi existencia...
Pero basta. Ha llegado la hora...

Ya tengo la cadena en mis manos; y el nudo ha desaparecido.

Debo ir hacia la punta de la embarcación y colocar en un rincón liso estos eslabones que intentan crujir bajo mi voluntad que los obliga a callar... (24-25)

    A través del nudo de la cadena que lo ata a la realidad, es como el narrador personaje logra ponerse en comunicación consigo mismo, y a la vez muestra las dos historias paralelas que durante el resto de la obra se van a ir contando simultáneamente. Pero el viaje termina donde empezó: en la orilla del río. La búsqueda se hizo sin éxito y el espíritu se ha fragmentado.

Estoy sobre el río como alguna vez, hace mucho tiempo. Los edificios, la inesperada noche que crece. Un día decidí huir de todo esto, pero no tenía razón; ni en la muerte, ni en la fuga reside mi salvación. (153)
    El río aparece como la figura arquetípica capaz de destruir al personaje, lo llega a dominar. María Fernanda Palacios (1973:9) lo sintetiza muy bien cuando dice:

Los respiraderos serían esas pistas falsas que no van a ningún lado: cogemos aire para regresar al río y sumergirnos de nuevo en esa corriente dominante que gobierna la historia y organiza el ejercicio.
3.3. La noche y la lluvia.

    Para Cirlot (1979), la noche está relacionada con el inconsciente y la lluvia con la fertilidad. Marzo Anterior, en sus diferentes secciones presenta muy frecuentemente la presencia de la noche y la lluvia. La noche es para el narrador el momento de la huida, del encuentro consigo mismo; el día y el sol representan la esclavitud, la falta de libertad.

Los días, el sol, son sólo favorables cuando se les necesita, cuando algo inerte de nosotros quiere hundirse bajo ellos. A veces esa sed de fuego, da estallidos amarillos que encadenan, es interminable (...). El resto del tiempo hay que entregarlo a la noche, para dejar la existencia suspendida en el avance de los espacios negros, silenciosos, que invaden lo particular y le inyectan nuevo sentido ... Amar las noches: lo supremo. Bajo ellas... Todo es fértil, ágil, enloquecedor porque puede transformarse incesantemente. (76-77)
    Casi siempre estos elementos aparecen unidos como símbolo de esa angustiosa existencia del ser que busca su identidad, y que unida a la presencia del río refleja la multiplicidad en busca de su propia identidad. Milagros Mata Gil (1989:123) afirma que en la novela “Al reflejar, el agua adquiere una doble cualidad: la del espejo y la del ojo: el universo “mira” a través de ella, pero también en ella es posible “mirarlo”: idéntico y diferente a la vez, es el reflejo”.

A MANERA DE CONCLUSIÓN.

Con José Balza la narrativa experimental cobra un espacio de gran importancia en la literatura venezolana. En las obras de este escritor, el hombre se convierte en materia de reflexión, pero no como lo hace la novela psicológica, sino buscando su propia identidad. Para este autor, la escritura deja de ser un simple instrumento para contar una anécdota, y pasa a convertirse en elemento esencial para la creación de la realidad y de sí mismo.

Así lo vemos reflejado en la novela Marzo Anterior, donde la búsqueda de la identidad del individuo será el elemento esencial de la obra. En ella están presentes muchas de las características de lo que se ha llamado la “antinovela”. Los hechos, las cosas y hasta los seres dejan de ser lo que son para mostrar todo un mundo interior: el mundo de la conciencia.

    En esta obra, como se ha dicho, no hay anécdota porque ésta no interesa. Lo que hay es una espiral donde se sumerge la historia y cuyo centro es la conciencia del personaje; donde vuelta a vuelta, se van mostrando las imágenes centrales: el río, la aldea, los árboles, y todas ellas conducen a lo mismo: la formación y destrucción del ser, y la espiral sigue su trayectoria hasta llegar al fin que no podría decirse que es la muerte.

    Marzo Anterior está construida a través de la introspección. De esta manera, el escritor permite conciliar la realidad externa y la realidad interna, y por lo tanto un acercamiento entre el hombre y el mundo que le circunda. La obra está narrada en primera persona. La vida del personaje-narrador da la sensación de que se encuentra dentro de una espiral, de allí que el transcurrir de la narración se sumerja en un vaivén entre el pasado y el presente: ciudad/aldea, Aníbal/Logzano, vida/muerte. Esto no permite que se elabore una escritura lineal frente al problema de la conciencia.

    Hay necesidad por parte del narrador-personaje de buscar su propia identidad y el lector comparte sus percepciones y pensamientos. El relato se teje a través del monólogo de la conciencia. El narrador-personaje se presenta por medio de pensamientos y miradas. Las dos historias paralelas que se narran muestran a Aníbal con lo cotidiano, con las dificultades en su vida de adolescente y los goces del amor, la amistad como compensación de la soledad. Logzano muestra sus continuas frustraciones como individuo, la añoranza de la adolescencia reflejada en Aníbal, la monotonía en el trabajo, la soledad. Se confunden Aníbal y Logzano, ¿quién es quién?, ¿quién es el yo real y quién el yo falso?. No importa, el narrador presenta su situación y eso la hace interesante.

   ¿Qué o quién es Marzo?. María Fernanda Palacios (prólogo, 1973) refleja lo que para ella representa Marzo:

Marzo está sobre el río y ya no egresa, es un desequilibrio que atraviesa los sueños y sobrevive para afirmar su propia destrucción. Marzo que se devora y engendra. Marzo que asciende en su caída y que se salva sin haber vencido.

    Marzo podría ser la propia vida de Aníbal, su juventud y su madurez: la síntesis de su existencia, lo que realmente ha añorado de ella, los pocos momentos de felicidad que ha tenido y que no queda bien definida, como tampoco queda él.
    Balza hace ver a través de sus personajes el desequilibrio, el ser que se crea y se destruye a la vez. Todo en ellos contrasta, se enfrentan dos realidades. Sin embargo, cada secuencia narrativa mantiene su independencia frente a las demás, y al final de la obra la unión de los dos personajes, la comunión de una sola personalidad: el narrador.

Yo soy Aníbal o Logzano, una síntesis; todas las imágenes se agrupan con violencia. No me divido: me recobro. Y aquí está mi salvación.(153)
    En esta novela, Balza expresa lo que para él debe ser una obr narrativa. La novela debe ser de carácter analítico y conceptual, la descripción se debe reducir lo mínimo y la visión novelesca debe ser la mirada del hombre y su percepción ante el mundo que lo rodea.


REFERENCIAS BIBLIOGRAFÍA

Araujo, O. (1988) . Narrativa Venezolana Contemporánea. Caracas: Monte Avila Editores.

Bachelard, G. (1957). La Poética del Espacio. México: Fondo de Cultura Económica.

Balza, J. (1969) Narrativa Instrumental y Observaciones. Caracas: Universidad Central de Venezuela.

Balza, J. (1973) Marzo Anterior. Caracas: Monte Avila Editores.

Berrizbeitia, J. (1990). Balza Narrador. Caracas: Ediciones Octubre.

Bravo, V. (1993) Los Poderes de la Ficción. Caracas: Monte Avila Editores Latinoamericana.

Cirlott, E. (1969). Diccionario de Símbolos. Barcelona: Editorial Labor.

Mata Gil, M. (1989). Balza: El Cuerpo Fluvial. Caracas: Academia de la Historia. Colección Libro menor. Nº 152.

Miranda, J. (1975) Proceso a la Narrativa Venezolana. Caracas: Universidad Central de Venezuela.

Navarro, A. (1970) Narradores Venezolanos de la Nueva Generación. Caracas: Monte Avila Editores.

Navarro, A. (1993. Abril). “Claves para entender un cuerpo textual” En: Imagen Latinoamericana. Caracas: Nº 100-94, pp 22-25.

Navarro, A. (comp.) (1997) José Balza: La escritura como ejercicio de la Inteligencia. Caracas: Universidad Central de Venezuela. Facultad de Humanidades y Educación. Comisión de Postgrado.

Vázquez M. (1998, junio 21) “La narrativa experimental en la novela Marzo Anterior de José Balza.

domingo, 4 de abril de 2010

EL FALSO CUADERNO DE NARCISO ESPEJO DE GUILLERMO MENESES:METAFICCIÓN Y TRANSTEXTUALIDAD

Liduvina Carrera

 
Lo que nos dice claramente la metaficción narrativa es que en ella Narciso no sucumbe frente a la imagen. Gaspar, C (1991: 98).
El autor quiere apresar los más diversos niveles de realidad en el único nivel que posee: la escritura. Ortega, J (1991:6).
    La obra de Meneses ha marcado un hito dentro de la narrativa venezolana y no resulta extraña la actualización de sus textos en cada apreciación crítica. Como narrador experimental, el autor necesita: Construir una red de canales de comunicación muy variada y enredada” (…) “un ensanchamiento hacia el infinito del campo visual, la multiplicación de las posibilidades de conexión, asociación y relaciones: en consecuencia, la multiplicación de las posibilidades y el conocimiento. (Grupo 63, 1969:36)

    Oropeza, J.N (1984:433), por ejemplo, ha comentado que El falso cuaderno de Narciso Espejo es una obra “realmente única dentro del proceso evolutivo de la prosa en Venezuela”. De la misma forma, Araujo, O (1988:29) ha expresado lo siguiente: “la obra de Guillermo Meneses me da la impresión de un libro que no termina nunca, siempre haciéndose, buscando una identidad que no encuentra”. Esta última apreciación tiende un puente hacia las nociones de Gaspar, C. (1991:97), con respecto a lo que se entiende por autorreflexibilidad textual. En efecto: “uno de los aspectos de la obra autorreflexiva es el de ofrecerse como un objeto inacabado, (…) para desplegar el proceso de su búsqueda como ficción, y a partir de ella, como reflexión sobre la realidad”. De esta manera, la novela de Meneses se contempla narcisísticamente al elaborar su propio metatexto.

    A partir de la década de los veinte, se produjo la eclosión de la narrativa metaficcional, con las obras de Joyce, Proust, Kafka, Faulkner y Virginia Wolf. En ellas, ya se manifestaba una autoconsciencia de los procesos de creación ficcional, que más tarde (en la década del cincuenta), se plantearían como un corpus de textos metaficcionales. Es en este grupo, precisamente, surge el nombre significativo de Guillermo Meneses.

    Miliani, D (1985) ha visto en la novela un “deshilvanar construcciones”; en El falso cuaderno…, como en el mito de Narciso, el “yo” se desdobla, se contempla en el espejo de la fuente y se interroga. La estructura de espejos contrapuestos separa y confunde, pone y yuxtapone un “yo” que es “él” y a la vez “tú”, con la otredad del “yo”. La novela retrata al narrador Juan Ruiz, quien transcribe luego los cuadernos de Narciso Espejo. A su vez, este personaje descrito por Juan Ruiz, reflexiona sobre el narrador como ente ficcional y transcribe los papeles que le había confiado antes de suicidarse. Estos cuadernos contienen la historia de Narciso Espejo y corresponden a la “novela” propiamente dicha :

El posible que yo haya inventado algunos recuerdos de Juan Ruiz, como es posible que sea Juan Ruiz quien está contando mi historia y colocando sobre mi verdadero nombre - como un antifaz - ese seudónimo a medias mitológico de Narciso Espejo. (Meneses, 1952:106).

Los actos de Narciso Espejo han tomado el lugar que los míos debían ocupar (17).
    Se observa, de esta manera, cómo Juan Ruiz, el narrador, se espejea en la figura de Narciso:

“Tan convencido estoy de la igualdad de experiencias, que podría contar su vida como si fuese él el narrador. Podría cederle el “yo” de mi relato con la mayor naturalidad. Decirle: ” (17)
    Con respecto a estos juegos, en que los personajes se espejean mutuamente, recordemos las palabras de Liscano, J (1984:88):
Más que un juego gratuito se trata de sucesivas confrontaciones ficticias mediante las cuales, Meneses alcanza a encararse consigo mismo, en la búsqueda de la propia identidad, en la evocación de la infancia y de la adolescencia del Espejo.
    En boca del propio Narciso Espejo aparecen las siguientes palabras: “Lo que yo busco en el agua es todas las preguntas a las que debo dar contestación” (Meneses, 1952: 27); Juan Ruiz y yo éramos, ambos, Narcisos admirados de nuestra imagen reflejada (119).

    Esta imagen catóptrica es recurrente en la obra menesiana, como lo ha observado en otra oportunidad Lasarte Valcárcel, J (1992:49): “el espejo se vincula insistentemente en la simbología particular de Meneses, al espacio de la ficción, a la escritura”. Como diría Baltrusaitis, J (1988: 284), la imagen del espejo estaría creada como una imagen del recuerdo. Meneses (1952: 20, 21) escribe:

He tenido vocación de espejo (…) Hoy (…) siento la atracción del espejo (…) he decidido escribir los reflejos de mis recuerdos, mi biografía (…). Puedo decir también que se trata nada más de las imágenes guardadas en el fondo de un espejo.

Cuando inventé los actos en cadena inventé en cierto modo, el más importante de los disfraces que he metido en este juego de espejos de mi historia (122)

Yo te entrego el Cuaderno de Narciso. Tus memorias. Están escritas por ti. Nada malo hay en ser Narciso Espejo. En pretender aceptar la realidad del reflejo” (192)

 
    El juego de espejos emana desde el propio nombre de Narciso Espejo: “Mi nombre es Narciso Espejo (…) Mi nombre se mira en mi apellido” (Meneses, 1952: 22). El cuaderno apócrifo (Documento C), además de estar presentado con una grafía diferente (cursiva), está titulado “Teoría de los Espejos” (p.28 y 29) y ofrece ideas como la siguiente: “Un espejo solo puede reflejar lo que tiene delante” (29). Otro dato curioso está dado por el propio escritor en su libro de reflexiones teóricas sobre la novela: Espejos y disfraces, donde recoge buena parte de lo que serían sus ideas y meditaciones sobre la creación y el oficio del escritor. (Oropeza, J.N. 1984: 434)

    Así pues, en la novela existe la metaficción narrativa, porque el texto está siendo no sólo contado, sino también elaborado por su sujeto productor. "La mirada y el acto de escritura se ponen al desnudo, narran aspectos de su construcción y hacen partícipe al lector de la organización ficcional” (Gaspar, C. 1996: 70). El final de la novela no podría ser más evidente, porque las últimas líneas encierran un nuevo espacio ficcional:

    Para terminar insisto en afirmar que yo no soy Narciso Espejo. Me llamo Pedro Pérez (…) y soy un hombre que escucha sus propios pasos en el silencio de las cuales nocturnas y piensa en la angustia del compañero desaparecido (209).

    Si El falso cuaderno de Narciso Espejo asombra por su metaficción, famosa estructura en abyme tan apreciada años después por el noveau roman del decenio de 1960 (Genette, G 1989), también resulta sorprendente observar las características transtextuales ofrecidas por el texto y tan en boga en la narrativa del postboom.

    Un elemento interesante dentro del juego ficcional, está constituido por la figura del lector, quien según Eco, U (1993: 73) debe "actualizarlo", según su "Enciclopedia. El autor elabora sus textos para un lector modelo quien ayudado por su competencia cultural cooperará con la actualización de la obra. Cuando los lectores de El falso cuaderno de Narciso Espejo, actualizan la obra, se ponen en contacto con otros textos convocados por Meneses. Es la transtextualidad de Genette, G (1962: 10), definida como ‘todo lo que pone al texto en relación manifiesta o secreta, con otros textos”.

    Esta vinculación entre textos es percibida por el lector crítico quien extrae de sus recuerdos, las referencias convocadas por el texto. Para Genette, G (1962: 14), dentro de una relación transtextual, los escritores ficcionalizan sus conocimientos, que serán denominados “hipotextos”, y las obras convocadas por estos escritos se denominarán “hipertextos.

      Recordando a Eco, U (1979) cuando dice que: “Toda obra de arte (…) está substancialmente abierta a una serie virtualmente infinita de lecturas posibles” (98), es hora de volver a la intertextualidad ofrecida por la novela menesiana. Entre otros textos, la obra convoca a La ciudad de Dios de San Agustín (Meneses: 1952: 37) y a frases de la Biblia: ”Antes de que el gallo cante tres veces, ya me habrás traicionado” (Meneses, 1952: 41). Líneas sueltas traen a la memoria las palabras de Emparan: “Yo tampoco quiero mando”, y de Bolívar: “Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulro”. También se ofrecen otras “salmodias” escuchadas en la iglesia: “sursum corda”, “kirie eleison”, “dominus vobiscum” (42) y frases del Padre Nuestro: “Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” (53).

         Meneses obliga a su lector a una lectura transtextual porque quien se aproxime a El Falso cuaderno…, debe poner en juego su competencia literaria y lingüística para reconocer los espacios intertextuales presentes en sus páginas. “El texto se impregna de las intertextualidades de otros textos”, como diría Viñas, D. (1984: 36), porque, además de ser una reflexión sobre el acto de escribir, “constituye la búsqueda del ludismo y de la síntesis combinatoria” de las novelas experimentales. (Madrid, A. 1991: 38).


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Araujo, O. (1988). Narrativa venezolana contemporánea. Caracas: Monte Avila Editores. C.A.
Baltrusaitis, J. (1988). El espejo. Madrid: Miraguano. Polifemo.
Eco, U. (1979). Obra abierta. Barcelona: Ariel.
Eco, U (1993). Lector in fabula. Barcelona: Editorial Lumen.
Gaspar, C. (1991). La lucidez poética. Autorreflexibilidad poética en la obra de Roa Bastos, Cortázar, Borges y Meneses. Caracas: Fundarte.
Gaspar, C. (1996). Escritura y Metaficción. Caracas: Ediciones La Casa de Bello.
Genette, G. (1962) Palimpsestos. España: Editorial Taurus.
Genette, G. (1989). Figuras III. Barcelona: Lumen.
Grupo 63 (1969). La novela experimental. Palermo 1965. Caracas: Monte Avila Editores.
Lasarte Valcárcel, J (1992). Sobre Literatura Venezolana. Caracas: Ediciones La Casa de Bello.
Liscano, J. (1984). Literatura Venezolana Actual. Caracas/Barcelona. Alfadil Ediciones, S.A.
Madrid, A. (1991). Novela nostra. Visión sincrética de la novela latinoamericana. Caracas: Fundarte.
Meneses, G. (1952). El falso cuaderno de Narciso Espejo. Caracas/Barcelona: Ediciones Nueva Cádiz.
Miliani, D. (1985) Tríptico Venezolano. (Selección, índice y prólogo de Nelson Osorio). Caracas: Fundación de Promoción Cultural de Venezuela.
Oropeza, J.N. (1984), Para fijar un rostro. Caracas: Vadell hermanos.
Ortega, J. (1991). Una poética del cambio. Caracas: Biblioteca Ayacucho (N° 168)
Viñas, D et alii. (1984). Mas allá del boom: literatura y mercado. Argentina: Folios Ediciones.