ACERCA DE LAS AUTORAS

martes, 27 de julio de 2010

SEMBLANZAS DE RUFINO BLANCO FOMBONA

Liduvina Carrera


Tengo la convicción de que por malos que seamos, seremos clásicos en el porvenir, aunque sea sus clásicos olvidados. R.B.F.




Aproximarse a Rufino Blanco-Fombona resulta una hazaña tan quijotesca como lo fue la propia vida del incomprendido escritor. Según Edgar Gabaldón- Márquez (1958. “Prólogo”):

Aunque ha sido traducido a idiomas europeos: francés, inglés, italiano, alemán y ruso; aunque tuvo las mejores críticas y elogios del viejo mundo y las dos Américas; para algunos venezolanos es apenas un nombre.
En efecto, seguirá sólo siendo un nombre mientras sus compatriotas no lo midan con justicia, ni le otorguen el lugar merecido dentro de las letras venezolanas. Es conveniente desligar su obra de la vida tumultuosa y rebelde, que causó el prolongado exilio. Estas líneas anhelan reivindicar la reseña olvidada del bardo. Ese hombre fue polifacético y abarcó tantos campos literarios, que difícilmente se logra estudiar bajo una sola categoría especial a la que se haya dedicado. Él mismo había respondido al poeta Jorge Schmidke con melancolía que

a los venezolanos (…) no les gusta la prodigalidad. A los poetas que hayan escrito una sola obra (…) les choca o les desconcierta quien haya extendido imprudentemente, vitalidad y actividad por varios caminos de la sensibilidad y del pensamiento. Lo propio ocurre con los noveladores, ensayistas, cuentistas y periodistas. Tienen razón. El que sirve para todo, a menudo no sirve para nada (…) en las Democracias (…) todos servimos para todo (Blanco-Fombona, R. 1943. “Dedicatoria”).
En el extranjero, el autor ha sido estudiado por Howard B. Macdonald (1925) en su tesis de grado y se refiere de la siguiente manera:

La obra de Rufino Blanco - Fombona nos presenta un panorama tan variado como su vida. De su pluma han salido con la misma facilidad poemas amorosos, denuncias flageladoras a los tiranos, documentos patéticos saturados del elemento humano, eruditos ensayos críticos, descripciones de viaje, cuentos, novelas, dramas y artículo sobre los más variados asuntos. Es poeta, crítico, editor, historiador, sociólogo, luchador, cuentista y ensayista, y pasa con una facilidad y agilidad sorprendente de una a otra especialidad (Macdonald H. 1925: 27).
Por lo que hemos visto, ya podemos darnos cuenta de que Don Rufino Blanco - Fombona es un escritor de gran habilidad. El alto rango que ocupa entre los escritores latinoamericanos y españoles lo debe a su brillantez literaria, a su documentación, a su aguda observación, a su individualismo y entusiasmo. Si hubiese sido sólo poeta, o crítico, erudito, o novelista, siempre disfrutaría de una posición envidiable; pero tal como es, se nos presenta en ocho fases distintas, a la cual de todas de mayor interés; esta erudición merece nuestra más sincera admiración. Pocos hombres se han distinguidos por su esfuerzo en un campo tan variado como Blanco - Fombona (Macdonald H. 1925: 29).

Para una semblanza más completa de Rufino Blanco-Fombona, se debe tomar en cuenta el rico trabajo de Rafael Ramón Castellanos (1975), quien lo presenta así:

Largo es el itinerario de Rufino Blanco-Fombona desde la hora en que el 17 de junio de 1874 nace en Caracas, en el seno de una familia ajena en parte al destino político nacional, pero sí, vinculada a las artes y a las ciencias. Diecinueve años después describe incipientes cuartillas para atacar el caudillo de turno, también hace poesía, denigra de los pseudo líderes y trata de abrirle paso al torbellino de su rebeldía indiana y de su posición nervuda, arrolladora cual caudal desbordado.
Así es como a poco de fundado El Cojo Ilustrado (…) aparece su nombre en algunas páginas (…) Publica versos, reta a las autoridades y gana un concurso literario, cuando apenas veinte años lleva sobre la tierra. Entonces aparece el libro primigenio: Patria. En 1892 morían sus padres (…) De 1893 a 1894 se encuentra en Filadelfia como cónsul de Venezuela y pronto va de Attaché a nuestra delegación de Holanda.
En realidad desde 1895 cuando su nombre se hace importante entre los colaboradores de El Cojo Ilustrado, donde hará escuela y dictará cátedra hasta 1909, cuando se ve obligado a dejar la patria. En 1899 publica su libro Trovadores y Trovas. Abundan ya magistrales juicios sobre su obra, no sólo de los compañeros de generación, sino de intelectuales de ámbitos superiores y críticos consagrados.
Viaja al extranjero y se detiene en la República Dominicana, donde ejerce acertadamente el periodismo y logra el cargo de Cónsul de este país en Boston. Mas, muy pronto, decide regresara la patria (…) Cipriano Castro se yergue en Presidente de la República y el escritor cree ver en él algo nuevo (…) Acepta entonces el cargo de Secretario General de Gobierno del Estado Zulia (…) Fue breve su estadía en Maracaibo. Vuelve al exterior y es nombrado cónsul en Ámsterdam, aunque la mayor parte del tiempo lo pasaría en París. (…) Aparece en Madrid, en 1903 (…) Más allá de los Horizontes.
En 1905 está otra vez en la patria y el Presidente Cipriano Castro lo designa Gobernador de Río Negro, en el Territorio Amazonas (…) En1909 es un año de transición y equivocación. El General Juan Vicente Gómez decide operarse del Gobierno (…). Blanco-Fombona llega a Caracas. Ahora va al Congreso. Allí como secretario hace sentir su palabra reveladora de la quiebra moral de quienes gobiernan (…) Lo espera de nuevo la prisión. Entra en ella en los albores de 1910.Espera con calma la libertad. Para fines de año se despide de Venezuela. El destierro lo agarraría por la diestra para pasearlo por Europa Durante veintiséis años.
Para 1910 ya es un árbol con treinta y seis eslabones en la corteza… Qué importa la cuna del poeta y del político. El exilio va a serle largo, pero provechoso. Murió en la Capital Argentina a fines de 1944 a los setenta años. (Castellanos, R.R. 1975: 20- 29).
Otros artículos publicados en su época lo señalan como trovador desde muy joven; otros, más actuales, lo presentan como poeta prometedor en las letras venezolanas:

Blanco-Fombona será con el tiempo para su país, un ídolo nacional, como ahora lo son Sarmiento en la Argentina y Montalvo en el Ecuador: lo merecerá. Ya comienza para él la justicia, si no en su tierra, en el resto de América…” (Carmona Nenclares, F. 1928: 24)
Ya han pasado varias décadas como para que los juicios sectarios hayan quedado sedimentados; por eso, sus mismas letras llevan la voz cantante de las líneas que presentan su obra:

Mis obras por circunstancias políticas (…) se han producido lejos de Venezuela y son desconocidas en nuestro país nativo, salvo las primeras y las últimas, las del muchacho y las del viejo. Sin embargo representan por su número - no hablaremos de calidad - la tercera cuarta parte del aporte a las letras patrias de toda una generación…” (Blanco-Fombona, R. 1943: “Prólogo”)
Sus amigos lo apreciaban y escribían sobre sus viajes y publicaciones, entre ellos, sobresalía Pedro Emilio Coll quien escribía datos curiosos como el que se presenta a continuación:

Don Rufino vive en París (…) para estar más cerca de los sabios y las bibliotecas. En París vive lejos del tumulto, en un barrio de gente, como él, laboriosa (…) El buen sabio, que me distingue con su amistad y consejos, no es un pensador de gazapos, uno de esos gramáticos que encuentran estrecha la vía pública para su vanidad. (Col, P.E. 1902. Nov, 15).
Otras reseñas de El Cojo Ilustrado también lo presentan:

Hemos tenido el placer de saludar en nuestra oficina de redacción a nuestro apreciado amigo y colaborador, Señor Rufino Blanco - Fombona. El Cojo Ilustrado ha venido publicando algunos notables trabajos inéditos del Señor Blanco-Fombona y ofrecerá algunos otros próximamente, todos pertenecientes a la obra que prepara el distinguido escritor. (“Sueltos Editoriales”. 1906.May, 15).
Andrés Mata, al principio dilecto coterráneo de musas e inspiraciones junto a Rufino Blanco Fombona, también ofrece su reseña para presentar al poeta. ¡Lástima que el destino injusto lo envolvió en el juego absurdo que lo separó con saña e intrigas del escritor; porque Rufino Blanco-Fombona no lo perdonó y se burló públicamente de él en la “Introducción” de los Cantos de la Prisión y del Destierro. (Blanco-Fombona, R. 1911. XII - XVII). Sin embargo, en los momentos de afecto, el amigo escribió acerca de Blanco-Fombona:

Como lo ha dado a conocer la autorizada pluma de Zumeta, a quien Martí señala entre los primeros críticos de Hispanoamérica, la observación y el análisis no se han detenido en Blanco - Fombona para juzgar el poeta en lo es, sino en las maneras del poeta; y no todas las que emplea para exteriorizar su pensamiento, sino las que se presentan vulnerable a la crítica maliciosa. De allí que se le acuse a diario de ser obscuro “el símbolo y de rebuscar vocablos”. Patente está la consecuencia de que quienes así proceden, rehuyen, por decir lo menos, el estudio del poeta y en sus juicios ligeros no dan entrada a la atenuante de que aquél nació a la vida literaria, precisamente en los momentos en que las letras hispanoamericanas sufrían el período enérgico del Modernismo.
Residía en los Estados Unidos, desempañando su cargo consular, cuando sus camaradas de colegio aparecieron al frente de periódicos y revistas. Entonces la fuerza impulsiva del estímulo abrió su espíritu a la noble aspiración de formar un puesto distinguido en la legión sagrada de sus compañeros. Los maestros de éstos, fueron los mismos de él. Dominaba para esos días, como domina aún, la influencia francesa; y todos fueron a arrodillarse en las diferentes capillas que el culto del Arte establecía. Blanco-Fombona apasionado por lo raro y por lo nuevo, se afilió a la secta decadente y pecó de exagerado, porque lo arrastraba el medio en que había educado su inteligencia. Sus maestros lo eran y su ardor juvenil lo acercaba más a ello.
Haber salido de las manos caprichosas de la naturaleza con un mundo de ensueños dentro del cráneo y una canción primaveral en los labios, es haber nacido poeta pero no es ser poeta. Así lo comprende ahora Blanco - Fombona, y educa las dos voluntades necesarias: a la voluntad del talento hermana la voluntad del trabajo. Estudia y aspira a que la característica de sus obras sea la originalidad, y de ella siempre deja imborrable huella en el ritmo, en la idea o en la imagen. Su afán es crear; y se olvida de que para el ejercicio de esta facultad se necesita estar felizmente inspirado por cierto orden de ideas, dentro de cierta atmósfera intelectual: que es necesario ese medio ambiente: que para la creación de una obra buena es preciso que concurran dos poderes, el del hombre y el del momento.
Tenemos a la vista algunas de sus poesías. Circula en todas ellas la savia de novedad; la inspiración tiene vuelos osados, el ritmo flexibilidad de junco y sonoridad sinfónica; hay en la rima color y conciencia de rica pedrería; las imágenes visten velo de novia o clámides de damasco antiguo, y las ideas despiden resplandor astral. La patria tiene siempre una vibración simpática en su lira. Patria se titula su obra de más aliento, premiada en las justas literarias del Centenario del Gran Mariscal de Ayacucho. El publicista dominicano Henríquez y Carvajal le consagró estos conceptos: “sobre el estro erguido, flota viril el patriotismo. De allí la invocación- protesta; de allí el apóstrofe - látigo con el cual flagela llena de santa ira, al británico Leopardo. Estrofas tiene el canto que hacen honor a la inspirada musa venezolana”.
En coplas y Rimas, libro en preparación dice:
En el crisol el oro se depura,
en el yunque el acero,
el odio al enemigo en el combate,
y el amor de la Patria en el destierro
Evoca los días medioevales para expresar en un bello símbolo la rastrera ascensión de la lisonja; y describiendo la fiesta del castillo que se levanta: como cóndor de piedra que en la cumbre del monte plegó el ala.
Recuerda que:
"Los héroes muertos por la patria gimen
en la gehena del olvido ingrata"
Mientras:
"ilumina el palacio del vacío
- araña sideral - la vía láctea"
Piensa que en el alma surge melancolía: "Como infeliz Niöbe/la imagen de la Patria".
Cuando parte hacia Europa, exclama en su Adiós los poetas:
"Cuando pliegue la Musa del poeta
en el alero del hogar las alas,
y cante como la escarchó el invierno,
la hirió el granizo y la injurió el verano,
cuando cante tristezas padecidas
muy lejos del hogar y de la Patria;
entonces sus cantares a los pechos
volarán, como mágicas saetas
empapadas en tierna melodía,
y dirán la canción de los poetas
¡oh! , bardos de opulenta fantasía!"
 Variada es la corta labor literaria de Blanco - Fombona. Si en algunas de sus poesías exagera la escuela a que se afilió, como “En el polo”, en la cual derrocha el color, en otras dirige su pensamiento por nuevas sendas. Su temperamento es eminentemente artístico y la novedad es su obsesión. Y la busca, la acecha, la sorprende. Quizá donde la encuentran no la hallan los demás; pero no le importa, porque él ve con su temperamento y no con el temperamento de los otros. No se somete al gusto de las mayorías. Es un rebelde que prefiere perder los sufragios de éstas a traicionar su yo. En sus gustos y procedimientos, está impreso el sello de su carácter nervioso y resuelto. Tiene conciencia de sí mismo. Aunque es de los que sabe que el aplauso “puede satisfacer la vanidad de un hombre, pero jamás llenar la vida de un artista”, que artista es él, no por eso dejará de recordar con orgullo que nuestro eminente Bolet Peraza escribió al pie del retrato del poeta: “Sus poesías dicen siempre algo elevado, y su fantasía no le saca nunca fuera de la atracción de la verdad”. (Mata, A. 1897. Feb. 15)
Todas estas reflexiones pueden ampliarse con el aporte del propio Rufino Blanco-Fombona quien, deseoso de continuar su imagen en la posteridad, escribió su propia historia.

Vaciamos nuestras pesadumbres, nuestros entusiasmos, nuestras pasiones en la turquesa de una estrofa y somos felices. Pero esa felicidad no es duradera. Soñamos mucho. No podemos acordar el ritmo de los corazones con la música de letras consonantes. Además nunca queda toda el alma en el verso, presa como un pedazo de carne viva en un garfio (…) el triunfo sobre el ideal cosa imposible, o poco menos. (Blanco-Fombona, R. 1897. Julio, 1)
Se lo dije. Le dije también que ni yo la quería ella, ni ella me quería a mí. Que ambos representábamos una comedia. Que ella no pensaba sino en casarse; y yo, por temor a envejecer solterón, también. Me expuso que desde los catorce años en que me había conocido, todo su anhelo se cifraba en aquel amor. La eterna historia de mis amores recomienza. Soy el autor de mi propia infidelidad.
Socialmente para esposa conviene una mujer bella, inteligente, agradable, música, que guste de la lectura, que sabe conversar y que posea, además, un carácter suave y transigente. (Blanco-Fombona, R. s.f.: 159)
La idea de la muerte y la idea de Dios son hermanas. Dios es la esperanza en el naufragio. Será eterno como el miedo eterno, como la inseguridad y la duda. (Blanco-Fombona, R. s.f.: 170). La última visión que tuve de la patria, ya al zarpar el buque español que me conducía al destierro, fue un grupo de familia, donde mi novia, vestía de blanco, lloraba; y tras del grupo familiar, deslizándose cautelosos, las figuras patibularias de los esbirros. No debo olvidar- nunca olvido - que un pequeño grupo de intelectuales había pedido mi libertad al monstruo. A esos ocho amigos de un momento difícil dediqué los Cantos de la Prisión y del Destierro, el primer libro que publicaba en el exilio (París 1911).
Lo hice en los términos siguientes: “los ocho intelectuales que arrostraron las ras de la Bestia triunfante y en altivo documento pidieron mi libertad a Gómez Iscariote: A Andrés de la Rosa, Domingo Martínez, Leopoldo Girón, Luis Yepez, Luis Correa, Emiliano Hernández, J. Silva Díaz y J.M. Butrón Olivares. Dedico este libro, de donde surgen los dolores que ellos quisieron evitarme; este libro que será un baldón para Venezuela, mientras conserve en el cuello la pata montaraz de la Bestia que la mancilla, mientras no lave su afrenta en la impura sangre del monstruo” (Blanco-Fombona, R. 1911: “Dedicatoria”)
14 de febrero - Ansío que aparezca mi “Cantos de la prisión y del destierro”, donde Gómez, sus espías, sus periodistas, sus jueces y sus carceleros, van bien servidos en prosas y verso. Este libro será el primer fustazo sobre la barbarocracia y el barbarócrata. Y sin embargo, me le detienen los editores… ¿por qué?
25 de marzo - Son las diez o las once de la noche. En la casa del frente, sentado a una mesa, a la luz de la lámpara, la cabeza en las manos, medita o espera, un hombre de cabeza encanecida ¿medita el anciano en la inutilidad de todo esfuerzo, en lo vano de la vida? ¿Piensa en la hija muerta en flor? ¿ En qué piensa? ¿ Qué aguarda? ¿Está esperando la muerta? Me he sentado a la mesa y con este tema he escrito un romance; pero no quedo contento: le falta síntesis, condensación. No lo publicaré. (Blanco-Fombona, R. s.f.: 198). En nuestra América necesitamos crear, en arte, el nacionalismo. Es decir, el arte propio. Somos artistas y espíritus reflejos. Carecemos del pudor de imitar. Nos faltan la decisión y la desfachatez de ser nosotros mismos. Necesitamos arte, no artificio. Personalidades, no escuelas. Americanos, no europeos trasplantados (Blanco-Fombona, R. s.f.: 199)
Es necesario que creemos el nacionalismo en literatura, el arte propio, criollo, exponente de nuestros criollos sentir y pensar (…) La principal deficiencia del Modernismo en América - de la escuela literaria conocida con ese nombre y que tantos y tan excelsos poetas ha producido - el germen ponzoñoso que iba a darle temprana muerte, ha sido el exotismo; ¡Abajo el exotismo! ¡Muerte París! (Blanco-Fombona, R. s.f.: 200)
La prosa necesita de precisión y razonamiento. La poesía, no. La poesía requiere para mejor volar un horizonte en penumbra, un no sé qué de imprecisión. El auditor, el oyente, debe colaborar con el poeta, por medio del estado de ánimo en que la poesía lo sumerja. El suspiro de la joven, la melancolía del anciano, la lucidez del pensador que ha visto en la tiniebla y se queda con la mirada en el espacio, contemplando sin atención: esos estados de alma en que se sume el poeta son también poesía (Blanco-Fombona, R. s.f.: 248). He perdido la juventud, en efecto soy otro. Presentía el cambio cuando escribí en la cárcel el poemita “Las alas inútiles” (Blanco-Fombona, R. s.f.: 253).
¡Pobre Carmen Dolores! Las persecuciones y las infamias de mis enemigos la hieren a ella, de rechazo. Ella, como yo, ha padecido la prisión y el ostracismo¡ Cuántos años aún va a durara esto !. Ayer he cumplido cuarenta y un años. En la cara tengo diez años menos. En el espíritu tengo diez años más. La ignominia de mi tierra me ha envejecido. Francia, en la actual guerra europea, representa los ideales latinos contra los germánicos… Las iglesias de París se repletan de fieles día y noche:
"Al riego de las lágrimas la celeste semilla
germina en cada corazón.
El dolor es creyente. La pena se arrodilla.
El infortunio busca a Dios". (Blanco-Fombona, R. s.f.: 361)
El país americano a quien menos debo hasta ahora o uno de aquellos a quienes menos debo es Venezuela, mi país nativo. He vivido en España la etapa más fértil de la vida: la de la madurez (…). España indirectamente, me enseñó a escribir (…) Debo al estímulo español - y me complazco en reconocerlo como el mayor bien que debo a España - el haber podido escribir cerca de cincuenta obras; y lo que es más: el haber podido vivir en una atmósfera propicia a la obra de arte y a las ocupaciones y preocupaciones de la inteligencia (…). De haber permanecido en mi país de origen, la política, la sífilis y el aguardiente me hubieran liquidado. En este sentido agradezco la expulsión.
Confieso agradecido que la crítica española, sin excepción, ha sido siempre, hasta ahora, archi benévola conmigo. No puedo menos de recordar emocionado que en España se ha pedido para mí el Premio Nóbel de Literatura(…) Si no hubiera vivido y escrito en España, centro intelectual de tradición e influencia universales, no creo que se hubieran ocupado de mis trabajos algunos escritores extranjeros(…). El drama de mi vida consiste en que la barbarie y la bancarrota de mi país nativo me ha obligado a vivir una vida diferente a que debí y en un medio social para el cual no estaba preparado; un medio social distinto de aquél para el que la educación, el nacimiento, y centenares de tradiciones de familia parecían haberme capacitado. (Blanco-Fombona, R. s.f.: “nota final”)
Este es Rufino Blanco - Fombona, el hombre, el poeta. En sus relatos, se descubre tristeza, desconsuelo, amargura, quebranto y sin sabores. Con las pinceladas ofrecidas, se ha perfilado la época en que vivió, el hombre con sus secretos, pesares e ilusiones.

REFERENCIAS

Blanco-Fombona, R. (s.f.). Camino de imperfección. Diario de mi vida 1906-1914. Madrid: Editorial América.

Blanco-Fombona, R. (s.f.-b). Cancionero de amor infeliz. (Vol. XLII de la Biblioteca Andrés Bello). Madrid: Editorial América.

Blanco-Fombona, R. (1895). Patria. Versos laureados con el Primer Premio Medalla de Oro en el Certamen Literario promovido por la Sociedad Alegría, en la ciudad de Coro, con motivo del primer centenario del Gran Mariscal de Ayacucho. Caracas: Imprenta Colón.

Carmona Nenclares, F. (1928). Vida y Literatura de Rufino Blanco-Fombona. Madrid: Mundo Latino.

Castellanos, R.R. (1970). Rufino Blanco-Fombona y sus coterráneos. Bogotá: Canal Ramírez, Antares.

Castellanos, R.R. (1975). Rufino Blanco-Fombona. Ensayo bibliográfico. Caracas: Ediciones del Congreso de la República.

Coll, P.E. (1902. Noviembre, 15). “Notas literarias”. En: El Cojo Ilustrado. (Año XI, N° 262).

Coll, P.E. (1903. Marzo, 15). “El Modernismo en América”. En: El Cojo Ilustrado. (Año XII, N° 270).

Correa, L. (1911). “De clara estirpe”. En: Blanco-Fombona, R. Cantos de la Prisión y del Destierro. París: Librería Paul Ollendorff, Imprimerie Garnier.

Díaz Rodríguez, M. (1919). “Prólogo”. En: Trovadores y Trovas – Pequeña Opera Lírica. Madrid: América.

Díaz S, P. (1996). La antigua y moderna literatura venezolana. Caracas: Armitano.

Dominici, P.C. (1894. Junio, 1). “El simbolismo decadente”. En: Cosmópolis. (Año I. N° 3). Caracas.

Dominici, P.C. (1924). Tronos vacantes. Buenos Aires: Ediciones Librería Voluntad.

Macdonald, H. (1925). Rufino Blanco-Fombona. Su vida, su obra y su actitud para con los Estados Unidos. (Trabajo sometido a la Facultad de Filosofía de la Universidad de Columbia como parte de los requisitos para optar al grado de Magister en Artes). Trad: Ramiro Arratia. New York: s.p.i.

Mata, A. (1897. Noviembre, 15). “A propósito de Au de la des Horizons”. En: El Cojo Ilustrado. (Año VI.N° 124). Caracas.

Navarro Ledesma, F. (1898. Junio, 15). “Crítica a Modernismo”. En: El Cojo Ilustrado. Caracas: (Año VII N° 156).

Rama, A.. (1975). “Prólogo”. En: Rufino Blanco-Fombona Íntimo. Caracas: Monte Ávila Editores.

Rama, A. (1978). “Prólogo”. En Darío, R. Poesías. Caracas: Arte.

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