ACERCA DE LAS AUTORAS

miércoles, 26 de mayo de 2010

EL ESPACIO POÉTICO EN ALGUNOS POEMAS DE JOSÉ ANTONIO RAMOS SUCRE

                Mireya Vásquez
 Cuando la muerte acuda finalmente
a mi ruego y sus avisos me hayan habilitado
para el viaje solitario, yo invocaré un ser
primaveral, con el fin de solicitar la asistencia
de la armonía de origen supremo, y un solaz
infinito reposará mi semblante.
                                “Omega”

I.- INTRODUCCIÓN

Lo que hoy nos anima a trabajar es conocer un poco más la obra de José Antonio Ramos Sucre, la poesía de este autor por enigmática es también interesante. Ella se ha convertido en una de las claves más importantes para comprender la lírica contemporánea. Su originalidad y distinción ha sido tema permanente de los estudiosos de la literatura en las últimas décadas. Se le ha considerado como un poeta atípico. Perteneció a la “Generación del 18”; fue compañero de Luis Barrios Cruz, Luis Enrique Mármol, Enrique Planchart, Pedro Sotillo entre otros, pero su originalidad y forma de abordar la poesía lo separa de sus compañeros de caminos. Escoge el poema prosa como expresión de sus vivencias.

La obra de José Antonio Ramos Sucre es relativamente breve; está recogida en tres libros: La torre de Timón (1925), El cielo de esmalte y Las formas del fuego, ambos editados en 1929. En el primero de los libros se recogen escritos de Trizas de papel, editado en 1921.La temática de su obra es bastante variada, va desde discursos y semblanzas sobre héroes de la patria, reflexiones sobre literatura, historia y arte, además de sus poemas en prosa, que reflejan ese “yo” sujeto a las más variadas significaciones. S. Tenreiro (1992) sostiene que:

La poesía de Ramos Sucre lee fundamentalmente (en) los signos de un mundo que se ha levantado entre ruinas y harapos, entre despojos y fragmentos de luz: el mundo de los libros. Su lectura es un diálogo con otras que le han precedido. (100)

La búsqueda de una expresión original para la experimentación de sus vivencias más íntimas, desborda los límites tradicionales impuestos por el lenguaje comunicativo y el lenguaje literario, en términos de herencia cultural, dentro del marco de lo que serían las formas del verso, en cuanto al ritmo y a la rima. Para la época en que vive Ramos Sucre, Venezuela aún se encuentra bajo los lineamientos del Modernismo y del Criollismo. Todavía nuestros escritores se arropan con las tradiciones expresivas de estos. De allí que la poesía ramosucreana sea tomada como extraña y por lo tanto sólo leída por unos pocos. Escribe en las revistas Elite y Válvula. Elvira Mach (1990) afirma que Ramos Sucre no fue comprendido en cuanto resultó ser la voz poética más fuerte, más alta e importante de su tiempo en Venezuela y que se inscribe a la par de un Vallejo o un Huidobro en el horizonte innovador de la literatura de América Latina.(43)

Hay una tradición de la poesía moderna forjada por la obra de todos aquellos poetas iluminados que, en su momento, fueron conscientes del mundo al que se enfrentaban. Tomando como campo de batalla la página en blanco, supieron valorar los materiales precedentes e inaugurar un nuevo camino que ya no pudo dejar de ser transitado por los posteriores genios poéticos enfrascados en el mismo anhelo y en la misma búsqueda. A esta estirpe pertenece José Antonio Ramos Sucre, espíritu admirable que logró dar el salto entre la tradición de lo antiguo y la modernidad del presente poético, sin menoscabo de la herencia clásica.

Han podido ser muchos los caminos para abordar la obra del poeta. La razón fundamental que determinó la escogencia del tema del espacio del poeta maldito es intentar el estudio de las imágenes que conforman esta escritura. Es una propuesta, tal vez audaz y atrevida, pero con la intención de conocer un poco más a tan extraordinario escritor.

Los espacios interiores y exteriores se presentan ante el lector como los terrenos en que la conciencia del “yo” profundiza en la propia condición humana, ya miserable y réproba La presencia de la soledad y el retiro muestra la necesidad del espíritu que no cesa de buscarse a sí mismo. El análisis de estas imágenes nos permitirá acercarnos al misterio y a la ambientación en que se sucede la poesía de Ramos Sucre.

A lo largo de este trabajo se hace alusión al modo en que el poeta trata la materia del poema, al contraste entre lo bello y lo grotesco y a la transformación de la realidad sensible en realidad inaprensible, todos aspectos sin los cuales creemos que no se llegaría a valorar el mensaje de su elaboración poética. Cada percepción realizada por el “yo” permitirá situarse en el reino ilusorio de los pensamientos y del ensueño que estimularán la evasión hacia un mundo abonado por la “maldición”. Se verá que el espíritu que anima a estos seres se encuentra en íntima relación con una necesidad de abrirse hacia la inmensidad espacial y que está consciente del devenir de la propia existencia, en cuya caracterización hay atisbos del alma fáustica, conquistadora del espacio. Esta premisa se hallará relacionada con los dos planos del texto: contenido y forma.

El desarrollo de los puntos enunciados tiene como objetivo ofrecer una perspectiva de estudio en relación con los métodos y procedimientos que hasta ahora se han utilizado con respecto a la poesía de Ramos Sucre. La idea no es arrojar una interpretación absoluta, ya que ésta no se deja aprehender fácilmente, sino intentar la conquista de esta palabra poética que puede albergar en su seno la esencia de la experiencia particular.

Primero se hace una breve referencia al contexto histórico –literario de la obra y del autor. En segundo lugar, se dan unas nociones de espacio-tiempo y de poeta maldito y posteriormente se toman unos textos para demostrar la pertenencia de José Antonio Ramos Sucre a ese grupo de escritores malditos.

II.- CONTEXTO HISTÓRICO-LITERARIO DE LA OBRA Y DEL AUTOR

José Antonio Ramos Sucre nace en la ciudad de Cumaná un 9 de junio de 1890 Fue su padre Jerónimo Ramos Martínez y su madre Rita Sucre Mora de Ramos, nieta del Coronel José Gerónimo Sucre Alcalá, hermano del Mariscal Antonio José de Sucre. Su infancia transcurre alejada de los juegos con los compañeros y bajo la austera tutela del tío, el padre Ramos, destacado latinista y humanista, quien desde muy temprano lo inició en la ardua tarea de la lectura y del estudio incansable. El temperamento ya tímido del niño fue poco a poco sustrayéndose a la realidad que le rodeaba. Así se fue construyendo un mundo a la medida de su inmenso deseo de conocer y de participar en las vivencias de los personajes de tantos libros, que pronto lo convertirían en el único habitante de la torre de timón.

La biblioteca del tío, único refugio y altar de todas sus inquietudes juveniles, lo acercan a la cultura greco-latina y a los autores más resaltantes de toda la literatura universal. Su afán por el aprendizaje lo lleva al estudio de tratados de filosofía y mitología oriental y universal, de geografía e historia, de lingüística, de religión y esoterismo. Autodidacta por excelencia, domina los idiomas en los cuales lee a los autores en el original. Todo esto será más tarde la base de su mundo poético. Cada lectura y cada visión del mundo y de los hombres descubierta se unían armoniosamente, en un lento proceso de maduración a todo el sistema de ideas y propuestas poéticas que se halla en sus textos.

Aquel aislamiento inicial de sus primeros años, va a recrudecerse ante la visión de un país desgarrado por la dictadura gomecista. Detrás de este régimen y sus estamentos oíase el rugido del león del terror:

Ha llegado la muerte detrás de la locura. La muerte, gran libertadora de los venezolanos cautivos y la locura, empujada por el hombre, son las dos aliadas del dolor que vienen a emancipar de su pesadilla a los enterrados en vida. Unos concluyen allí sus días como Badaraco, “encortinado” años y años hasta que la piedad de la muerte le libre la boleta de excarcelación. Otros saldrán a vomitar sus pulmones, como el gran Pío Tamayo. Siempre la muerte, epílogo del terror.(D:A:Rangel:1980,193)

En medio de esta circunstancia histórica, se imponían al individuo tres alternativas comportamentales: la de la acción y protesta directa al régimen, la del disimulo y el halago a toda medida gubernamental y la de la evasión o apartamiento en relación con algún tipo de participación. Hombres como Rufino Blanco Fombona, José Rafael Pocaterra y Rómulo Gallegos emprenden a través de sus obras una crítica velada o punzantemente objetiva de las condiciones en que se encontraba el país. Otros con sus loas construyen sabiamente la figura endiosada del Benemérito. Ramos Sucre participa de la última alternativa. Su aislamiento de la escena socio-política que vive el país tiene matices bien definidos. Esto no implica indiferencia, ni su tan aludida misantropía. Muestras de ello son sus escritos en honor a los héroes de la patria venezolana, aparecidos en su libro La Torre de Timón (1921), representación ejemplar de la actuación de todo ciudadano.

En un espíritu tan profundo, en una humanidad como la del poeta que, consciente y sensible era más dada a la percepción del dolor en que se sumía el país, no es posible suponer tal mezquindad. Su actitud fue la del intelectual que dolorosamente se siente sin armas para emprender la lucha, sublimando este deseo en el numeroso inventario de héroes que atraviesan las páginas de sus libros. Por otro lado, debido al desarrollo de su propio temperamento, José Antonio Ramos Sucre tenía ya otro campo de batalla: la agónica travesía por el mundo de su vida doliente, constructora de una obra enigmática y plena, que contiene todas sus inquietudes y su mayor pesar: la existencia.

Aunque con menores resonancias, el poeta también presencia un mundo perturbado por la Primera Guerra Mundial. Espíritu moderno, de matiz existencialista, no puede ignorar, ni dejar de hermanarse con el abandono y la soledad del hombre contemporáneo en el momento en que le toca vivir. En carta a Dolores Emilia Madriz, desde Hamburgo dice: Encuentro a Europa descorde, empobrecida y relajada. Ese espectáculo me contrista, yo quiero el bien de todos los hombres. (R.A. Insausti: Los aires del presagio,120)

A los 21 años abandona su ciudad natal y se traslada a Caracas, en donde daría inicio a sus estudios de Derecho en la Universidad Central de Venezuela, Durante el segundo año, la universidad es cerrada por el gobierno. Autodidacta otra vez y siempre, presenta en tres semestres los exámenes correspondientes a las materias restantes. Se gradúa, pero el estudio continúa tenazmente añadiendo ahora a las lenguas conocidas el sueco y el holandés. Desde su llegada a Caracas, ha comenzado a publicar sus primeros poemas, traducciones y ensayos en revistas y periódicos capitalinos. También se desempeña como educador que combina con sus labores en la Dirección de Derecho Público Exterior de la Cancillería, en su cargo de traductor e intérprete.

En cuanto al quehacer literario, durante las primeras décadas del siglo, la expresión nacional seguía aún bajo el dominio de modernistas o postmodernistas y criollistas, al lado de la corriente alterna del positivismo literario y disciplinario. Mientras esto sucedía en Venezuela, Europa ha presenciado ya la eclosión de las vanguardias, a partir de 1914, al mismo tiempo que la creación artística ha comenzado a reformular sus objetivos al amparo de un mundo y de una sociedad de hombres incrédulos y desilusionados, defraudados de un ambiente deshumanizado, capitalista y extremadamente tecnologizado. Nuevamente, el artista da una vuelta a su mundo interior, al sondeo del inconsciente y a la fascinación por lo onírico; a la poesía como grito interior, a los reinos inconmensurables de la esencia del ser. Si el otro, el que está a mi lado se me aparece como un extraño, no hay otra posibilidad de comunicación que la introspección, con la consecuente exteriorización de lo encontrado en lo más profundo del ser. Esta revolución en el entorno exterior ha precipitado igual movimiento en lo más hondo de la existencia humana, lo cual ha venido a proyectarse en el ámbito de la estética. Así como el estado anímico ha cambiado, igualmente se produce la búsqueda de nuevos tópicos y tratamientos técnicos del material artístico.

Estos primeros años del siglo se convierten en el tiempo de los manifiestos y de las nuevas posturas estéticas. De esta manera aparecen las producciones literarias de los más logrados autores contemporáneos: En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, Alcools y Caligrammes de Apollinaire, Del sentimiento trágico de la vida de Miguel de Unamuno, La Metamorfosis de Franz Kafka, Ulises de James Joyce, y otros tantos. En Venezuela, como se dijo antes, predominan las formas cansadas de un modernismo y un criollismo moribundo; sin embargo, se aprecia un esfuerzo conjunto por renovar el destino del quehacer poético nacional por parte de algunos artistas como Enrique Planchart y Luis Enrique Mármol, que por el sentimiento que anima a sus respectivas escrituras, fueron almas afines a la de Ramos Sucre, al igual que la de otro cumanés: Cruz María Salmerón Acosta y también Salustio González Rincones. Este impulso renovador procedía de la llamada “Generación del 18” que registraba la obra de otros autores como Jacinto Fombona Pachano, Andrés Eloy Blanco, Luis Barrios Cruz, Fernando Paz Castillo, Enrique Soublette, Juan Santaella y Sergio Medina.

Inmersa en esta realidad, la obra y la vida de José Antonio Ramos Sucre resultó la manifestación más rara y oscura que pudiera documentar la historia de la literatura venezolana, y aun latinoamericana. La obra ramosucreana no halla paralelos en nuestra escena literaria, ni con la expresión de sus compañeros de generación o con los proyectos estéticos formulados alrededor de la aparición de la revista Válvula, en la cual colaboró.

Su obra no fue comprendida por sus contemporáneos, tal vez porque no se llegó a profundizar en ella. Tal vez se debió a que las raíces de su escritura, producto híbrido de indescifrables fuentes, se encontraba en la propia textura anímica de un hombre vuelto por completo hacia su desconocido y atormentado mundo imaginario, al cual sólo podía acompañarlo un ojo igualmente vidente, tan cercano al de aquellos poetas malditos, en cuya savia se piensa encontrar el punto de partida de su elaboración poética. Es a partir del 1958, cuando las generaciones que se agruparían en torno a Sardio, Tabla Redonda y El Techo de la Ballena, lo verían como el gran maestro.

El 28 de noviembre de 1929, Ramos Sucre es nombrado cónsul en Ginebra Este hecho abre las esperanzas de la curación de sus insomnios, padecidos durante tanto tiempo. En la carta a su prima Dolores Emilia Madriz dice: Me prometen curarme, levantarme de esta fosa. Anoche dormí en paz y lo declaro por milagro (...) Adorable Dolores Emilia: tu deseo de venir a verme es otra muestra de tu incomparable solicitud hacia mí (...) yo no sé cómo me alcanza el cerebro para escribir una carta (...) Solamente el miedo al suicidio me permite sufrir con tanta paciencia (...) Prima adorada: sólo puedo asegurarte que no volverás a verme enfermo (...) yo no me resigno a pasar el resto de mi vida, ¡ quién sabe cuántos años!, en la decadencia mental. (Iusti: 1976,120-121). El 13 de junio de 1930 se consumó su muerte, a la que se entregó voluntariamente cuatro días antes. Mas el velo de la realidad descubierta por su obra sigue iluminando los caminos y perspectivas de la cotidianidad literaria venezolana.

III.- NOCIONES DE ESPACIO Y TIEMPO

El espacio y el tiempo constituyen la base en la cual se constata y ejecuta toda manifestación. Como en todas las instancias de nuestro posterior desarrollo, fueron los griegos los primeros en descubrir las leyes y los fenómenos cósmicos. De esta manera, la construcción geométrica del mundo y del espacio, hecha por Anaximandro viene a juntarse con la formulación de los axiomas y teoremas de los antiguos geómetros griegos.

La ciencia física medieval y luego los estudios renacentistas fueron abriendo caminos cada vez más certeros en cuanto a lo que era el espacio. Como se señaló al comienzo, el espacio no constituye una entidad independiente en la dimensión temporal, ya que todo fenómeno verificado en el espacio lo es sólo en la medida en que se encuentre sujeto a un movimiento percibido de acuerdo a su duración. Esta dinámica en los cuerpos es el aporte sustancial de Isaac Newton (1642-1727) a la teoría del espacio.

El movimiento de los cuerpos logra fundir en una sola estructura el espacio percibido por los sentidos externos y el tiempo como flujo desde el pasado hacia el futuro, por medio de la triple dimensionalidad del primero y de la unitaria dimensión del segundo. La dinámica de los cuerpos materiales en el espacio y en el tiempo, puesta de manifiesto por Newton, fue posteriormente invalidada por la teoría de la relatividad de A. Einstein(1879-1955). Todas las formulaciones anteriores, con respecto a un marco de referencia absoluta, en perfecto reposo, en virtud del cual podía medirse el movimiento de un cuerpo, son consideradas como un hecho relativo, carente de aplicaciones con valor absoluto.

En la concepción espacial de Immanuel Kant (1724-1804), es donde José Antonio Ramos Sucre establece su idea matriz de la percepción del mismo. Desde la perspectiva de Kant, el espacio no se presenta como un hecho abstracto de la experiencia de los cuerpos en éste. El razonamiento kantiano se produce como consecuencia de la fusión de dos hechos perfectamente delimitados: lo dado y lo puesto. El caos de sensaciones que se presenta al hombre en su relación con lo circundante viene a ser lo dado. Lo puesto es lo aportado por el “yo” a través de las llamadas categorías. De modo que el conocimiento no va a conformarse sólo de la experiencia de lo que acontece exteriormente, sino también de lo que el sujeto “pone”, modificando esta percepción inicial. Kant, además, divide el conocimiento en sensible e intelectual. El espacio y el tiempo sólo pueden ser conocidos mediante la sensibilidad, cuyo medio primordial es la intuición.

Es así como espacio y tiempo son condiciones de la sensibilidad fundada en la receptividad del “yo” ante la presencia de un objeto sensible o fenómeno:

El espacio es el fundamento de una serie de relaciones entre los objetos sensibles, es decir, las que se llaman relaciones espaciales. En virtud de tales relaciones, los objetos sensibles constituyen una cierta totalidad, un “mundo”. Mas, puesto que el espacio es tan solo una condición fenoménica de los objetos, el mundo constituido por las relaciones espaciales es también puramente fenoménico. (Vanni R, S, 1948:67)
Esto le permite a Kant llegar a la consideración del espacio y el tiempo como intuiciones puras, es decir, como formas a priori del conocimiento sensible. El espacio y el tiempo, pues, no serán abstracciones de esos objetos sensibles sino condiciones de las representaciones de la representación de éstos. Son intuiciones porque representan ese singular que sólo puede ser conocido mediante la sensibilidad. la cual es capaz de representar las cosas tal como aparecen al “yo” con sus consecuentes modificaciones subjetivas. Por lo tanto, la visión espacial kantiana se nos muestra como intuición y fruto de la sensibilidad que es capaz de aprehenderla y representarla. Por eso se puede decir que la percepción del espacio hecha por Ramos Sucre es una intuición pura, exacerbadamente modificada por la subjetividad de su “yo” atormentado. Pero, además, si las cosas que se aparecen como objetos contingentes en el espacio constituyen una totalidad bajo el ente necesario del influjo físico, dentro del macrocosmos ramosucreano, los fenómenos aparecerán envueltos en el influjo simbólico de la palabra poética. Por este camino, se puede afirmar el devenir del espacio poético de la obra de Ramos Sucre como espacio simbólico, generador de planos e imágenes a través de las cuales se desenvuelve la actuación de ese “yo” maldito. Para Ramos Sucre (1956), La imagen es la manera concreta y gráfica de expresarse, y declara una emotividad fina y emana de la aguda organización de los sentidos corporales. (Sobre la poesía elocuente,108)

IV.- NOCIONES DE POETA MALDITO

La historia de la literatura venezolana ha mostrado un panorama ausente de poetas malditos. Efectivamente, esta situación no tiene precedentes en nuestras letras. Y es así como al invalorable producto de una obra plena de modernidad estética viene a sumarse el desgarramiento de una condición existencial al margen del “establishment” de la sociedad y el mundo imperante. Nuevamente José Antonio Ramos Sucre es protagonista de un comportamiento aislado.

Las últimas décadas del siglo XIX manifiestan la aparición de las obras de unos poetas en total desarraigo con respecto a las condiciones históricas que han repercutido en una nueva visión del mundo circundante. El término “poètes maudits” fue inaugurado por Paúl Verlaine para referirse al tono y al nervio de la escritura de poetas como Rambaud, Mallarmé, Corbiere, Desbordes-Valmore,. Todos ellos intentan por primera vez el acometimiento de sus obras como búsqueda y reflejo de un entorno que se derrumba bajo sus pies.

Una sociedad espectadora de la crisis de los valores les ofrece el punto cuyuntural desde el cual se realizará la expresión gratuita y consecuente de unos hombres que han tenido que enfrentarse con el otro lado oscuro de la existencia, develado por la presencia inalienable del mal y de la angustia. De este modo se produce la repulsa de todo orden establecido; la divinidad es vista desde la blasfemia, pudiendo concebirse la estadía de un poeta insultante y suplicante en el infierno, las flores pueden asociarse con el mal, antítesis producida por la visión de un mundo escendido, acercamiento a las estructuras íntimas del mal percibida por la conciencia de unos hombres adiestrados en la vivencia perturbadora del mismo.

Según la consideración de las circunstancias que rodean a estos “poetas malditos”, su comportamiento no puede ser más que el del desadaptado en vigorosa conformación con el medio. Francisco Umbral (1977) afirma que ...a partir del siglo XIX nace una raza de grandes inadaptados que hace precisamente de su inadaptación una mística y una estética. Ha nacido el arte maldito. Su nómina es tan obvia como impresionante: Baudelaire, Verlaine, Rimbaud, Artaud, Allan Poe, Dylan Thomas... en la poesía. En la pintura, Van Gogh, Toulouse-Lautrec, Modigliani, Gauguin... La música, quizá, no tiene otro maldito que Federico Chopín. (11-12)

Estas condiciones en las cuales se desenvuelve la obra del poeta maldito denuncia la proliferación de las relaciones de indiferencia con respecto a las sociedades cada vez más industrializadas y racionalizadas, con el siguiente peligro de que pueda concebirse encasillado en la inmensa soledad constituida por una creciente funcionalidad y cosificación demandadas por éstas.

Pero, junto con esta problemática, hay que tener en cuenta lo que podría llamarse la naturaleza del mal en sí mismo, firme y apremiante, confirmado y evidenciado a partir de la visión de estos poetas. Umbral (1977) sostiene que

Tiene entidad de maldito, en la literatura y en el arte, el hombre profundamente vinculado al mal actuante que hay en la naturaleza, el hombre entronizado en el mal o que es encarnación de él, y que, por supuesto, ha hecho de esa condición una obra de arte, un libro o un cuadro, que siempre serán importante, aparte los valores estéticos, si de verdad suponen el vaciado de esa fuerza, conciencia y dinámica del mal. Y por mal entendemos... la evidencia de los poderes negativos, autodestructivos, que sin duda actúan en la naturaleza y en el hombre. (107-108)
Este planteamiento propone el hecho de que el hombre, y por ende el poeta, tiene que hallar la manera de realizarse a sí mismo. Ya se ha visto que esta realización no es posible en contacto con los demás, ni con esa humanidad restante de la cual se siente desarraigado. El choque es inevitable y las consecuencias se debaten en los círculos de la experiencia de la frustración, del sufrimiento, del fracaso y del mal. A pesar de concebirse la actuación del mal como acontecimiento irreversible, el hombre de alguna manera trata de buscarle una explicación con el fin de lograr soportarlo en la propia vida o de hacerlo fuente y testimonio concreto de la obra literaria. Así, la escritura del poeta maldito también se prefigura en el sentido de una liberación de los efectos alienantes procurados por un mundo generador de fracaso y aflicción, imperturbable inquisidor de estos proscritos.

Esta manifestación y actuación del mal en los predios del ser maldito, mediante la repulsa del orden establecido, la tendencia morbosa por el mal como acto gratuito, la blasfemia y la burla, desemboca en el dolor velado por la máscara de una desadaptación anhelante de pertenecer a un nuevo orden.

Ramos Sucre ha hecho de todas estas interdicciones sociales y del poder destructivo del mal, inherente a las relaciones humanas, la materia fértil de su obra. Su propia conciencia doliente de este mal ha introducido toda una galería de seres y cosas actuantes, según estas condiciones. Pero aún en sus cuadros poéticos de máxima expresión del mal y de la crueldad, su exposición no se queda solamente en el regodeo absurdo sino que es posible percibirlo afrontándolo en sí mismo. Toda su obra se realiza desde la perspectiva de una trayectoria y una superación de los persuasivos males que siempre aquejaron la personalidad del poeta.

Cabe preguntarse ¿por qué Ramos Sucre es un poeta maldito? Si bien en su trayectoria vital no es posible detectar las tachas personales que han motivado el aislamiento de los poetas malditos –homosexualidad, la inadaptación social de un Jean Genet, la perversidad sexual, el uso de droga u alcohol, la rebelión cínica y descarada en contra del medio social— hay en ella una serie de carencias que, de alguna manera, han producido su retraimiento. Se sabe que el poeta se prodigó a contadas personalidades en las cuales encontró ciertas afinidades espirituales. Pero de ningún modo se puede tomar este hecho como el caso de un hombre extrovertido, al contrario, Ramos Sucre fue siempre asiduo habitante de su interioridad más plena, y si se producía algún acercamiento a otros era porque estos quizás fueron capaces de entender el tormento de un hombre en perpetuo reconocimiento de sus propios males.

Igualmente estuvo aislado del amor carnal, de toda realización de pareja. Es otro nivel de fracaso, que junto a la incomprensión de su obra y sus razones iría minando, poco a poco, el pulso de su pluma con los mayores males. Pero Ramos Sucre se presenta ante los hombres que lo rodean como ciudadano ejemplar, sin tacha moral aparente. La maldición de su condición de ser aislado se expresa en la situación irreversible de una vida confinada en la propia soledad, en el mundo imaginario y fantasmal de innumerables lecturas y universos traducidos, en el dolor de sentirse ser destinado a la dispersión y al extrañamiento, en constante preparación del final. Quiero morir y busco las sugestiones lúgubres, y a mi lado arde constantemente este tenebrario, antes escondido en un desván de la casa (La vida de maldito, 122).

S.Tenreiro(1992) afirma:

La degeneración ilustre del sujeto de “La vida del maldito” que ama el dolor, la belleza y la crueldad, define a una gran parte de los sujetos ramosucreanos. Casi todos ellos viven en el dolor y en la soledad. Sufren en cualquiera de los estados en que se encuentran. Su itinerario actancial es el itinerario de sus pulsiones. El sujeto se desplaza entre prohibiciones y deseos.(116)
Es este monstruo que hiere los sentidos del poeta. En las propias dolencias de la vida, Ramos Sucre encuentra la causa de la inutilidad de la existencia, infectada por la maldición:

El símbolo primario del mal es la mancha que requiere purificación. No se trata de una contaminación material, sino de un símbolo que indica a través de una imagen material la realidad inaferrable del mal. La humanidad ha necesitado mucho tiempo para distinguir con mayor claridad entre la verdadera culpa moral y la contaminación material con el mal. (J. Gevaert, 1883:288)
Precisamente este punto permite dar con la perspectiva adecuada en cuanto a la noción de poeta maldito, en relación con Ramos Sucre. La matriz que nutre la expresión ramosucreana procede de una profunda raigambre existencialista. La alienación y devalorización de las estructuras sociales, el desengaño de las creencias y expectativas objetivas y de la finalidad del hombre en el orden cósmico, ya no son capaces de dar ningún sentido a la existencia humana; al poner de manifiesto la vuelta a la propia interioridad pretende conquistar un mundo de causas y respuestas que no es posible hallar en estamento objetivo. El mundo aparece para el hombre con un carácter inhóspito y extraño; por lo tanto, surge en él la necesidad de crear exclusivamente por su propia acción el orden del estado vital .

Es ese el mundo poético de Ramos Sucre. Es un espacio concebido a la medida de una singular percepción anímica frente a los hechos. Yo adolezco de una degeneración ilustre; amo el dolor, la belleza y la crueldad, sobre todo esta última, que sirve para destruir un mundo abandonado al mal. (Ramos S., La vida de Maldito,1956:120). Hay ambientaciones, topologías, prisiones, fugas y personajes representando su papel; es una realización inquieta por los espacios de la angustia irrenunciable y patética. Asumiendo desde una perspectiva existencialista el concepto de poeta maldito, son consideraciones valiosas las afirmaciones de F.Umbral (1977) al respecto:

Para mí un hombre maldito no es un hombre malo, que tal es lo que se viene entendiendo ingenuamente por “maldito”, sino un hombre que ha tomado conciencia profunda del mal en la existencia mediante la angustia de la gratitud, confundida con la angustia misma de la libertad, y que da lugar a todos los procesos sucesivos de la angustia, hasta la angustia del mal, que no es temerle ni evitarle, ni siquiera ejercerle, sino simplemente conocerle. (219)
Ramos Sucre asumió y enfrentó en la vida y en la obra la angustia y la presencia del mal.

EL REINO DE LOS CABIROS
Unas aves negras y de ojos encarnizados se alojaban entre los mármoles derruídos. Infligían la afrenta de las arpías soeces. Andaban a saltos menudos y alzaban un vuelo inelegante.
La vega de la ciudad abundaba en arbustos malignos citados, para memoria de la venganza y de la amargura, en más de un libro sapiencial... (306)
A la angustia se llega de manera progresiva. En principio, el hombre contemporáneo se ve a sí mismo como ser extraño en total desconocimiento de los demás seres que le rodean, sin entender las interdicciones del mundo circundante y sin poder ser tampoco entendido y aceptado por éste. Experimenta una honda indiferencia desde la cual ve pasar hombres, cosas y hechos sin participar. Esta insostenible situación no puede más que desembocar en la opresión estrangulante de la angustia que, en un acto responsable y activante puede elevar al hombre por encima de sí mismo.

LA VIDA DEL MALDITO

Detesto íntimamente a mis semejantes, quienes sólo me inspiran epigramas inhumanos; y confieso que en los días vacantes de mi juventud, mi índole destemplada y huraña me envolvía sin tregua en reyertas vehementes...

No me seducen placeres mundanos y volví espontáneamente a la soledad, mucho antes del término de mi juventud... (121)
La escritura ramosucreana se inscribe en el yermo arrancado del resto de la humanidad. Sólo allí es posible constatar el abandono del ser contemporáneo arrojado en el mundo


V.- EL ESPACIO INTERIOR Y SUS VARIANTES: ABRIGO Y AISLAMIENTO DEL POETA MALDITO

Todo acontecimiento es verificado en un plano espacial, pues tiempo y espacio son las plataformas en las cuales se eleva el comportamiento y el movimiento de los seres y de las cosas. Similar nivel de realización comparten los procesos de formación de los fenómenos físicos. Pero mientras esto sucede, un poeta, un soñador inaugura en las páginas de sus poemas nuevos espacios. Así estas extensiones físicas se transforman en terrenos percibidos por la intuición de una conciencia en perpetua contemplación.

El espacio poético de la obra es el marco topológico del espíritu del poeta que así lo ha concebido. Las imágenes construidas, chispazos de la imaginación, remiten al mismo centro de lo interno, el cual conforma el campo adecuado en donde los personajes, los muebles, la propia arquitectura y la ambientación ejecutarán y proyectarán la pesadumbre, el dolor y la maldición que, como germen y sustancia, permanecen juntos. La captación del espacio no es producto del reflejo del estado anímico de los seres sobre ésta, sino el resultado de la percepción de una sensibilidad atormentada que no ha podido intuirlas más que de esa manera.

Ramos Sucre, en forma brillante, con una imagen perfectamente elaborada, logra adentrarse en los espacios interiores más insospechados, de un solo inventario, sin referentes anteriores en la poesía venezolana. La separación es mayor pues logra una poesía que tiende cada vez más a desrealizar los objetos y que está contaminada por el mal, sentido y experimentado por la naturaleza de las cosas y los seres que la habitan.

EL MANDARÍN

Yo había perdido la gracia del emperador de China.
No podía dirigirme a los ciudadanos sin advertirles de modo explícito mi degradación...
Mis criados me negaron a los dos ancianos, caducos y desdentados, y los despidieron a palos...
Yo restablecí la paz descabezando a los hombres y vendiendo sus cráneos para amuletos. Mis soldados cortaron después las manos de las mujeres...(246-247)
El espacio interior es un refugio, no hay duda. Recodos de la memoria y la ensoñación es lo propuesto por la lectura del poema El hijo del anciano. En él la voz hablante, tan imperceptible como la figura de la dama presentada, se pierde dentro de la ambientación rayana de los límites de un trazado inacabado

EL HIJO DE ANCIANO

...Mi casa desaparecía, al cabo de un día incierto, en la inundación de la noche fluida.
Los ruidos subterráneos duraban hasta el advenimiento del sol retardado. Fuerzas sobrehumanas removían la piedra de los sepulcros.
(...) Después de una jornada infructuosa, penetré a descansar en la cámara de una vivienda ilusoria. Las quimeras surgieron paulatinamente de las tinieblas de mi sopor. Creía visitar el palacio del miedo, en donde la infanta de mi pasión afrontaba, en un suplicio, el trance de la muerte. Los ministros y los criados avisaban e imponían el secreto.
Las lámparas agotadas soltaban cabelleras de humo en la sala encubertada de negro. (109-110)

La presentación de esta casa se inscribe en el terreno de una conciencia que actúa como punto de entrada y salida de lo externo y de las corrientes de una imaginación potenciada por los reinos del sueño y la fantasía. Ni su localización, ni el tiempo de los acontecimientos es certero. La noche, fenómeno en el cual se advierte la ausencia de la luz, se hace ahora fluido capaz de inundar, tanto a la casa como a la misma conciencia del “yo” que se pierde en ella. Tanto perdura la tiranía de la oscuridad que hasta el propio sol llega demasiado tarde, no pudiendo evitar el infernal espectáculo que, desde el fondo se yergue sobre la casa. De pronto, las imágenes corren apresuradamente hacia el tenebroso palacio en que se encuentra la dama en agónica muerte, final predestinado de los poemas ramosucreanos. El imperio de lo desconocido prosigue su camino mientras la luz, desesperada, desfallece en las lámparas.

EL MENSAJERO

La luna, arrebatada por las nubes impetuosas, dora apenas el vértice de los sauces trémulos, hundidos, con la tierra en un mar de sombras.
Yo cavilaba a la orilla del lago estéril, delante del palacio de mármol, fascinado por el espanto de las aguas negras.
Ella apareció bruscamente en el vestíbulo, alta y serena, despertando leve rumor.
Pero volvió, pausada, a su refugio, cerrando tras de sí la puerta de hierro, antes de volver en mi acuerdo y mientras esforzaba, para hablarle, mi palabra anulada.
Yo rodeo la mansión hermética, añadiendo mi voz al gemido inconsolable del viento; y espero, sobre el suelo abrupto, el arribo del bajel sin velas, bajo el gobierno del taumaturgo anciano, monarca de una isla triste, para ser absuelto del pesado mensaje.(117-118)
Cuadros como éste revelan la seña de una nueva poesía, en donde la representación de la expresión poética funda referentes distintos a la tradición mimética. El sentido posible del poema no depende aquí de las relaciones que se puedan establecer con respecto a situaciones de la realidad objetiva, sino a la reflexividad y la literalidad del propio discurso, capaz de permitir la participación directa y activa del lector en el verdadero deleite que significa “leer” poesía.

El mal es la fuerza irrefrenable que domina el pensamiento y las acciones, ya sea ejecutado por los personajes o siendo experimentado cruelmente en sus propias vidas. En el seno de la casa, esa gran protectora y celedora de arcanos acontecimientos, el “yo” se siente a salvo de las potentes vibraciones del mal que presiente reinante fuera de su refugio. Así, el terreno de la casa es el muro de resistencia sobre el cual se ha proyectado el terror hondo y paralizante de una conciencia hipersensibilizada al extremo y que es capaz de oír las malditas voces de incógnitos parajes y ver las apariciones más fantásticas.

AZUCENA

El solitario divierte la mirada por el cielo en una tregua de su desesperanza...
(...) El solitario oye la fábrica de su ataúd en un secreto de la tierra, dominio del mal. La muerte asume el semblante de Beatriz en un sueño caótico de su trovador...(159)
El espacio de la iglesia, también ofrece morada propicia al deambular del “yo” ramosucreano. En ella se advierte la presencia de la contemplación religiosa aunada a los ritos y misterios de la muerte, como si ni siquiera la santidad del lugar estuviera libre de las irradiaciones del mal. O quizás, precisamente por eso, tal como aquel suplicante que entre ruegos y blasfemias desafió la vida en el infierno de las páginas de Rimbaud, ese otro poeta maldito. Siguiendo la indeterminación de estos espacio, el lugar de la iglesia no está localizada en ninguna región perceptible. Sin embargo, con perfecta autonomía vaga al igual que todas las criaturas del poeta, en su extensión desconocida

ENTRE LOS ESLAVOS

La iglesia inmemorial cabía en la sombra de un roble...
Allí se efectuaron unas exequias inolvidables. El cortejo de unos hombres enlutados se anticipaba al féretro de un joven. Portaban sendas linternas...(164)
La expansión de la intimidad, representada por estos espacios, configura asimismo el sitio de la expiación y del encuentro con la propia miseria existencial. En ellos, el espíritu humano es sometido a los mayores padecimientos y a la visión de realidades inéditas que la conciencia doliente ha sido capaz de concebir.

La búsqueda de un espacio como asilo contra las aflicciones de la vida, también está presente como constante en la obra de Ramos Sucre. Hay en el poeta una nostalgia por otra realidad. De allí su preferencia por la soledad. En el Discurso Contemplativo, se refleja claramente: Amo la paz y la soledad; aspiro a vivir en una casa espaciosa y antigua donde no haya otro ruido que el de una fuente, cuando yo quiera oír su chorro abundante...(62). Cada uno de los espacio muestra esa búsqueda del lugar que lo libre de su tormento. Igualmente en Elogio de la soledad, el poeta refleja su gusto por abandonar la vida ordinaria, para encerrarse en la meditación y el estudio.

La indiferencia no mancilla mi vida solitaria; los dolores pasados y presentes me conmueven; me he sentido prisionero en las ergástulas; he vacilado con los ilotas ebrios para inspirar amor a la templaza..
Los hombres cautivos de la barbarie musulmana, los judíos perseguidos. en Rusia, los miserables hacinados en la noche como muertos en la ciudad del Támesis, son mis hermanos y los amo...
No rehuyo mi deber de centinela de cuanto es débil y es bello, retirándome a la celda del estudio...
Evito los abismos paralelos de la carne y de la muerte, recreándome con el afecto puro de la gloria...(45)
Aquí se nota la universalidad de la poesía de Ramos Sucre ya que para él lo importante es el individuo. No hay ni tiempo ni espacio, es el hombre como ser que sufre. La belleza y el arte, la soledad y el amor a los demás reflejan la búsqueda existencial, más allá de la vida y de la muerte.

VI.- CONCLUSIÓN

Con la elaboración de este trabajo se ha querido demostrar que José Antonio Ramos Sucre es un poeta maldito. Maldito no sólo por la textura de su propia existencia, sino también por el nervio que vivifica su palabra poética. El desarraigo alentó siempre su evasión a los mundos imaginarios de sus ensoñaciones, lejos de la cruda realidad hacia la que sólo mostró indiferencia. Fue así como estas constantes de su personalidad fueron proveyendo material propicio a una obra que se nutría de la angustia y de la soledad.

Cuando se planteó el estudio de las imágenes del espacio se hizo con la seguridad de que esta perspectiva podía generar un aporte a la comprensión de la obra del poeta. De este modo, la culpa, la maldición y la muerte vinieron a construir en torno al “yo” toda una red de espacios. Esas extensiones íntimas de lo interno, confirman la condición del ser confrontado con la dolorosa existencia que no tiene otra alternativa que convivir con los fantasmas, únicos pobladores de un mundo abandonado a las influencias del mal.

Ramos Sucre, adelantándose a nuestro escenario literario, utilizó los procedimientos de la estética moderna. Desrealizó y produjo la abstracción de los personajes, de los objetos y de los ambientes, acercándose lentamente a espacios arrancados de la realidad objetiva. Así sus cuadros poéticos resultan representaciones de figuras y atmósferas inmateriales procedentes de la imaginación creadora, ésas que sólo son posibles cuando el genio poético decide soñar, crear, traspasar el umbral de lo desconocido; porque no es otra cosa la búsqueda de ese “yo” disfrazado de múltiples máscaras, concebidas para adentrarse en ese mundo que presentimos, pero que no logramos penetrar.

La pluma del poeta realizó el prodigio. Sobrepasando la limitada condición humana, puede encontrarse cara a cara con el dolor más terrible hasta llegar al final: la muerte. Esos espacios que pudieron verificar el devenir de la malignidad son el fondo sobre el que la existencia y la conciencia del “yo” se realizan a sí misma. Este hecho comprueba su percepción como seres marginales, perpetuamente exilados, soportando y padeciendo las circunstancias del mal inherente a todo lo que los rodea. Por esto, a pesar de que estas extensiones y al ser que lo habita pudieran parecer petrificados, realizan un movimiento continuo en búsqueda del sosiego, aunque al final de cada camino recorrido siempre se encuentren ante la fatalidad.

Si es cierto que en muchas de las imágenes ramosucreanas pueden apreciarse aún rastros del preciosismo modernista, o que la huella romántica esté todavía presente en su escritura, ni uno ni otro constituyen factor determinante para encasillar al poeta en tales estéticas. Ramos Sucre, como todo gran poeta, confesa o no su herencia literaria, parte de ciertos materiales que luego va a trasmutar en una nueva expresión que difícilmente guardaría ya relación con la base inicial. A esto se debe el tratamiento que ha dado a las imágenes que configuran el espacio de su obra poética. En el fondo de cada imagen representada vive ahora un mundo pleno de significaciones. En el seno de cada una de ellas entrevemos la lucha pertinaz del “yo” en constante tensión vital

Ramos Sucre es maestro en despojar de su fealdad a los materiales más abyectos y sórdidos, en descubrir en lo más profundo su belleza original, cubierta tristemente por la coraza de la desventura, del dolor y de la maldición. Así, bajo el todo desgarrado de la angustia nos ofrece sus páginas más bellas. Por todo lo expuesto anteriormente se puede decir que el espacio poético ramosucreano tiene muy contados paralelos en el escenario de nuestra poesía venezolana e hispanoamericana.

VII.- REFERENCIAS BIBLIOGRÀFICAS

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