ACERCA DE LAS AUTORAS

miércoles, 2 de noviembre de 2011

UNA LECTURA DEL DISCURSO INAUGURAL DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE DE ANDRÉS BELLO

Mireya Vásquez Tortolero


INTRODUCCIÓN

Don Andrés Bello vive en las últimas décadas del período colonial hispánico, en vísperas de la emancipación, cuando florecía una brillante generación de hombres de pensamiento y letras, realmente extraordinarios que darán soporte, ideario y explicación a la empresa nacional. Para este momento, la figura de Bello se perfila con relieve propio, con singularidad vigorosa, enmarcada en la sobria sencillez y el afán de perfección con que actuó en toda circunstancia.

Andrés Bello es el hombre que asentó sus raíces en el sólido basamento de sus lecturas, estudios y meditaciones en el tiempo de vida de su adolescencia y primera juventud. Estaba llamado a tener un gran destino: el de definir la civilización de un continente que iba a proclamar y resolver el derecho a la libertad política de los ciudadanos y de las naciones que hablaban castellano en América del Sur.

Comprometido y compenetrado con los problemas de nuestro Continente, Andrés Bello sobrepasó las fronteras de la patria y fue a rendir obra meritoria, que alcanza a todos los hombres de varias generaciones de América. Hablar de este hombre, máxima figura del humanismo, en el más amplio sentido de la palabra, es adentrarse en los terrenos donde él con sagacidad, talento y mesura se desenvolvía, removiendo ideas, promoviendo actitudes, creando instituciones y señalando ejemplos para las generaciones de hombres que a su vera se formaban y crecían.

Don Andrés Bello abordó los conocimientos indispensables, no con el propósito de acumular como el avaro que se contenta con mirar su riqueza y saber que la tiene sin utilizarla para beneficio colectivo, sino con la actitud del maestro que cuanto acumula, es riqueza para repartirla y tanto más beneficiosa cuanto mayores alcances se dé a este reparto y mayor número de personas se aprovechen de él. Su tesoro de conocimientos estuvo abierto siempre, y a él pudieron acercarse cuantos tuvieron preocupaciones por el saber y por la información, seguros de recibir, no el préstamo a intereses calculados, sino la dádiva generosa que se multiplica como la semilla que cae en tierra abonada.

Bello vivió la angustia de un mundo que nacía entre las enfurecidas y destructoras fuerzas de la guerra; de naciones que ansiaban salir de la barbarie a que las había sometido la tiranía, que hacía tránsito de servilismo a la libertad.

América había ganado la independencia política; sin embargo, la verdadera libertad estaba lejos, porque sólo se alcanza con el ejercicio de la justicia, el derecho y la satisfacción de las aspiraciones compartidas cuando, sosegado el espíritu de la refriega y de la lucha, los hombres buscan juntos, en la colaboración, el común beneficio y la común libertad.

No hay libertad donde impera la barbarie, como no hay seguridad donde el odio pone barreras a la comprensión. Bello, que venía de ver luces en las claras fuentes de la Ilustración, sabía que la educación era el único camino para lograr la libertad y junto con ella la felicidad del género humano. Por ello se dedicó, con ahínco, al trabajo educativo, no sólo en Chile, donde ejerció su magisterio directo, sino en toda América; difundió ideas y formó maestros, que continuarían su obra de perfeccionamiento cultural y de creación de una conciencia para el uso de la libertad en las naciones recién independizadas.


FUNDACIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE

Desde que Andrés Bello llegó a Chile, se propuso hacer de este país uno de los más avanzados culturalmente. En el terreno de las relaciones internacionales, su obra había hecho surgir una nación respetada, diversamente solicitada por grandes y pequeños, como orientadora del Derecho Internacional. Del idioma balbuciente corrompido había hecho una unidad idiomática que habría de servir de instrumento a la generación del 42 para forjar los acentos más altos en la América latina. Del fárrago contradictorio de las leyes españolas, hizo surgir un cuerpo legal, luminoso y exacto, que fue al mismo tiempo el primer precedente de la titánica labor codificadora posterior hecha por sus discípulos en material penal y procesal. (Agudo Freites,R.1981,53)

Así, Chile aparecía ante las otras naciones americanas y ante Europa como la más prometedora de las jóvenes naciones, la de mayor temple constructivo y la de más esperanzado porvenir. Pero, allí no pararía su obra. Faltaba algo importante, la síntesis de su pujante vida, la culminación de un período extraño por su fecundidad, magnífico por la prolongación de sus resultados. Faltaba la Universidad.

El proyecto de bases de la fundación tuvo su origen en una ley salida el 17 de abril de 1839, en la que se declaraba extinguido “el establecimiento literario conocido con el mismo nombre de Universidad de Sal Felipe”, y se ordenaba crear la Universidad de Chile. Bello, desde las páginas del Araucano, constantemente hace referencia a este proyecto. Llama la atención a los lectores y establece el significado y la necesidad de este instinto. Habla acerca de las distintas facultades que integrarán la Universidad, y lo que más debe llamar la atención es que señala la importancia de ésta en la vida cultural de la nación.

Por esta época, posiblemente se había planteado entre periodistas de los países del su: Argentina y Chile, la tendencia al autodidactismo. Como Bello no estuvo de acuerdo con esto, aprovecha el periodismo para expresar su opinión. Emir Rodríguez Monegal (1969) transcribe lo dicho por el maestro en el periódico. Allí dice:

Se echaba de menos (…) un cuerpo conservador, por decirlo asó, de estos conocimientos, que, bebiendo en las fuentes, y manteniendo las buenas doctrinas, alejase de entre nosotros el empirismo, sin permitir que el mediano saber o el superficialismo, tal vez más fatales para las naciones que la ignorancia, ocupen el lugar del verdadero mérito, que sólo puede ser puesto a la prueba y generalmente reconocido por medio de estos cuerpos científicos.(p.353)
De otro aspecto que habla Bello en el Araucano es que la antigua universidad había perdido el objetivo que como instituto magno debía cumplir. Por eso en las páginas de dicho periódico destaca la importancia de la nueva Universidad cuando se contrasta con la antigua de San Felipe “obra de otros tiempos, de otras costumbres y otras exigencias; y que si pudo servir entonces de algún aliciente para el cultivo de las ciencias, se había hecho enteramente inútil (…) en la presente época. (Rodríguez Monegal (1969, 354)

Por la ley del 19 de noviembre de 1842, fue creada la Universidad. Su inauguración se llevó a cabo a mediodía del 17 de septiembre de 1843, en uno de los salones del mismo edificio gótico de la Universidad de San Felipe.

El acto debió tener toda la pompa que las circunstancias requerían: el Presidente de la República y sus ministros, comisiones de ambas cámaras legislativas de los tribunales y corporaciones civiles y militares, rodeaban a los 86 miembros que habían designado en junio 28 el gobierno, para integrar las cinco facultades de la nueva universidad y a los veintidós doctores que quedaban de la vieja. (Rodríguel Monegal. 1969,354)

La organización que entonces se dio a la Universidad de Chile no se diferencia mucho de la actual. Constaba de cinco facultades: matemáticas, teología, medicina, humanidades y leyes. La dirección del instituto estuvo a cargo de un Rector, asistido por el Consejo Universitario, formado por los decanos de las distintas facultades, y dos personas más nombradas por el Presidente de la República. La específica función universitaria consistía en la vigilancia de la enseñanza secundaria y superior y la adopción de todas las medidas que juzgara oportunas para el mejoramiento de la enseñanza. (Agudo Freites, R. 1981, 54-55)

El programa de la Universidad tomaba en cuenta la aplicación de todos los adelantos europeos, previa adaptación de las peculiaridades chilenas. Esto significaba arduo trabajo de asimilación y una constante y analítica labor de estudio. Los futuros universitarios tendrían que preocuparse por la reforma de las leyes, la proyección del arte, el conocimiento de la Historia, el examen del pasado y el estudio pormenorizado de todas las características nacionales y de todas las experiencias universales.

Ese día, don Andrés Bello fue invitado a dar el discurso inaugural. Allí dará su juicio acerca del papel que representa la Universidad en la formación del individuo; lo que para él representa la Educación, juicio que se convertirá en una de las piezas fundamentales del pensamiento del maestro.


ANÁLISIS DEL DISCURSO

Comienza don Andrés Billo su discurso con unas palabras de agradecimiento al señor Ministro de Instrucción Pública, por la confianza que ha depositado en él al asignarlo para que hiciera y leyera el discurso de inauguración. Habla del que fue su más ferviente ideal:

La difusión de las luces y de los sanos principios y a la dedicación laboriosa con que ha seguido algunos ramos de estudio, no interrumpidos en ninguna época de mi vida, no dejados de la mano en medio de graves tareas. (Andrés Bello. 1942, 11)
La libertad, base de las jóvenes naciones americanas, es lo que debe guiar a la nueva Universidad. Las artes y la ciencia serán capaces de lograr el máximo desarrollo de la institución. Esto tendría que estar unido a lo moral y a lo religioso para cumplir verdaderamente con su objetivo.

La Universidad, señores, no sería digna de ocupar un lugar en nuestras instituciones sociales, si (como murmuran algunos ecos oscuros de declamaciones antiguas) el cultivo de las ciencias y las letras pudiera mirarse como peligroso bajo un punto de vista político. La moral, (que no separo de la religión) es la vida misma de la sociedad; la libertad es el estímulo que da un vigor sano y actividad fecunda a las instituciones sociales.(p.12)
Considera el maestro, que el gran avance de nuestra civilización occidental (Europa y América) radica en la herencia intelectual de Grecia y Roma; esa transculturación de las dos potencias universales nos llevará a lograr el avance social e intelectual que necesitamos. Hace una comparación entre los avances obtenidas en Europa y América con respecto a los imperios despóticos de Asia, donde la ignorancia lleva a bajar la cabeza ante los maltratos de los emperadores, y con respecto a las hordas africanas donde el hombre apenas superior a los brutos, es, como ellos, un artículo de tráfico para sus propios hermanos ( p.14) Bello hace ver que todas las verdades se tocan. Pone a convivir la religión, la moral la ciencia y la teología con la cultura científica y literaria. Se empeña en mostrar lo que hoy llamamos la unidad del pensamiento humano.

La educación religiosa y moral ocupan un plano primordial en el pensamiento de Bello Su formación caraqueña estuvo en esto, y siempre la conservó como baluarte de su vida. Durante sus estudios, mantuvo en sus manos la Biblia, los manuscritos de Bentham (1748-1832), también a Condillac (1713-1780), todos ellos van creando la sensibilidad del gran intelectual. Obtuvo conocimientos de medicina, matemáticas, filosofía, diversas “lenguas vivas y muertas”, literatura, ciencias naturales y derecho. Y como bien dice Santiago Key Ayala (1955):

Cuando armoniza las grandes verdades jurídicas con los adelantos industriales, cuando defiende la razón y la libertad como fundamentos cuya ausencia hace imposible el progreso, al defender el derecho de estudiarlo todo, de examinarlo todo, de juzgarlo todo, defiende su propio derecho, el que había ejercitado desde los días de su juventud al estudiar la lengua francesa, contra el reproche benevolente de sus maestros asustados. (p. 579)

Para este gran hombre, las facultades humanas forman un conglomerado, una unidad armónica, y reafirma esto cuando dice: No se puede paralizar una fibra (permítaseme decirlo así), una sola fibra del alma sin que todas las otras enfermen (Bello, A. (1942, 15).

Otro de los puntos que desarrolla Bello en su discurso, y que va muy unido a lo anterior, es el de los placeres que encierran las artes y las ciencias: placeres espirituales, muy por encima de las mezquindades humanas, de los vicios y del poderío de las seducciones sensuales. Considera que el desarrollo del entendimiento, siguiendo las líneas propuestas anteriormente, llevará al camino verdadero y a la libertad. A continuación, un ejemplo de lo referido anteriormente:

Las ciencias y las letras, fuera de este valor social, fuera de esta importancia que podemos llamar instrumental, fuera del barniz de amenidad y elegancia que dan a las sociedades humanas, (…) tienen un mérito suyo, intrínseco, en cuanto aumentan los placeres y los goces del individuo que las cultiva y las ama, placeres exquisitos, a que no llega el delirio de los sentidos. (…) No hablo de la gloria que ilustra las grandes conquistas científicas, no hablo de la aureola de inmortalidad que corona las obras del genio. A pocos es permitido esperarlas. Hablo de los placeres más o menos elevados, más o menos intensos, que son comunes a todos los rangos de la república de las letras (…) las letras y las ciencias, al mismo tiempo que dan ejercicio delicioso al entendimiento y a la imaginación, elevan el carácter moral. Ellas debilitan el poderío de las seducciones sensuales; ellas desarman de la mayor parte de sus terrores a las vicisitudes de la fortuna… (Bello, A. (1942, 15-17)
Fueron las letras y las ciencias su formación clásica, su equilibrio de fondo y forma, lo que hicieron que la tan tropezada vida de Bello fuera más llevadera y le diera la paz que él deseaba y necesitaba en el país adoptivo.

Yo mismo, aun siguiendo de tan lejos a sus favorecidos adoradores, yo mismo he podido participar de sus beneficios, saborearme con sus goces. Adornarnos de celajes alegres la mañana de mi vida, y conservar todavía algunos matices al como la flor que hermosea las ruinas. Ellas han hecho aún más por mí: me alimentaron en mi larga peregrinación y encaminaron mis pasos a este suelo de libertad y de paz, a esta patria adoptiva, que me ha dispensado una hospitalidad tan benévola. (p.18)
Está demostrado que para Bello era importante la educación del pueblo, pero para lograr esto era necesaria la creación de institutos que cumplan con este objetivo. La Universidad de Chile sería uno de esos institutos

Si la propagación del saber es una de las condiciones más importantes, porque son ella las letras no harían más que ofrecer unos pocos puntos luminosos en medio de densas tinieblas, las comunicaciones literarias hacen beneficios esenciales a la ilustración y a la humanidad (…) La Universidad de Chile ha sido establecida con este objeto especial. Ella sí corresponde a las miras de la ley que le ha dado su forma nueva…(p. 18-19)
Considera importante la educación primaria, pero piensa que más importante es la instrucción general como base de la instrucción básica. En ninguna parte ha podido generalizarse la instrucción elemental que reclaman las clases laboriosas, la gran mayoría del género humano, sino donde han florecido de antemano las ciencias y las letras. (p. 20)

Bello juzga necesario que se creen institutos educacionales para que la educación se pueda extender. Para ello es indispensable un gran número de maestros competentes. Plantea, también, la posibilidad de que los buenos maestros salgan de las clases más favorecidas económicamente y ellos serán los que lograrán el bienestar de la clase trabajadora y, en última instancia, del pueblo en general. Haciendo nuevamente referencia a la instrucción religiosa y moral, nos indica que no basta con la tendencia natural de la Ilustración dentro de la Universidad; es necesario que cada miembro de la Universidad fomente la instrucción religiosa y moral en el pueblo. Luego comenta acerca de la facultad de leyes y ciencias políticas como uno de los campos más vastos y de aplicaciones más útiles. Por ello afirma lo siguiente:

Herederos de la legislación del pueblo rey, tenemos que purgarla de las manchas que contrajo bajo el influjo maléfico del despotismo; tenemos que despejar las incoherencias que deslustran una obra a que han contribuido tantos siglos, tantos intereses alternativamente dominantes, tantas inspiraciones contradictorias. Tenemos que acomodarla, restituirla a las instituciones republicanas.(p.22)
Plantea que para lograr esto es necesario el estudio del derecho romano, ya que son ellos los que ven mejor el estudio de la lógica jurídica y forense. Aquí se refleja su auténtica e importante formación clásica.

Otra facultad de la cual habla es la de economía, ya que si una de las metas de la Universidad es la formación de hombres capaces de lograr el avance de la sociedad chilena en todos los campos, en ésta se presentaban problemas bastante profundos y de difícil solución. Afirma que la Universidad chilena debe tomar prestada de Europa las deducciones y aplicarlas a Chile ya que Todas las sendas en que se propone dirigir las investigaciones de sus miembros, el estudio de sus alumnos, convergen a un centro: la patria. (p.24)

Cuando toca el tema de la medicina, dice que el hombre chileno investigará lo referente a su clima, sus costumbres, alimentos; dictará las reglas de la higiene privada y pública, se desvelará por arrancar a las epidemias el secreto de su germinación y de su actividad desvastadora; y hará, en cuanto es posible que se difunda a los campos el conocimiento de los medios sencillos de conservar y reparar la salud.(p. 24)

Para él, las matemáticas y la física, como ciencias nacientes, no están bien definidas. En su recorrido, muestra a la literatura y a las artes como el medio que logra pulir las costumbres; que afina el lenguaje haciéndolo un vehículo fiel, hermoso, diáfano de las ideas (p.26). Considera de gran importancia el que la literatura estudie las lenguas vivas y muertas, las artes antiguas clásicas y las modernas, que se logre una comunicación entre los dos mundos, pero por medio del lenguaje original, y no por las malas traducciones.

…que por la contemplación de la belleza ideal y de sus reflejos en las obras del genio, purifica el gusto y concilia con los raptos audaces de la fantasía los derechos imprescriptibles de la razón; que, iniciando al mismo tiempo el alma en los estudios severos, auxiliares de la bella literatura, y preparativos indispensables para todas las ciencias, para todas las carreras de la vida, forma la primera disciplina del ser intelectual y moral, expone las leyes eternas de la inteligencia a fin de dirigir y afirmar sus pasos y desenvuélvelos pliegues profundos del corazón, para preservarlo de extravíos funestos, para establecer sobre sólidas bases los derechos y deberes del hombre. (pp. 26-27)
Dentro de esta línea, habla de lo básico del lenguaje; hace ver que nuestro idioma no se puede quedar estancado, que no se puede reducir al lenguaje de Cervantes o de fray Luis de Granada, ni aun más moderno como el de Iriarte o Moratín. Por eso establece que hay ¡Nuevas instituciones, nuevas leyes, nuevas costumbres; variadas por todas partes a nuestros ojos la materia y las formas, y viejas voces, y vieja fraseología! (p.27) y que si hablamos por medio de arcaísmos o utilizando el lenguaje de los clásicos españoles, no se llegaría a la finalidad del lenguaje: la transmisión fácil y clara del pensamiento.

Pero se puede ensanchar el lenguaje, se puede enriquecerlo, se puede acomodarlo a todas las exigencias de la sociedad, y aun de la moda, que ejerce un imperio incontestable sobre la literatura, sin adularlo, sin viciar sus construcciones, sin hacer violencia a su genio. (p.27)
Además es preocupante para Bello la inclusión de palabras de otros idiomas en el nuestro

…demos carta de nacionalidad a todos los caprichos de un extravagante neologismo; y nuestra América reproducirá dentro de poco la confusión de idiomas, dialectos y gerigonzas, el caos babilónico de la edad media; y diez pueblos, perderán uno de sus vínculos más poderosos de la fraternidad, uno de sus más preciosos instrumentos de correspondencia y comercio. (p.28)
Por último, hace referencia a la más hechicera de las vocaciones literarias: la poesía. Aquí recuerda lo que ya antes había prodigado en sus Silvas. Hace un llamado a los jóvenes poetas para que dejen la poesía antigua y europea y vuelvan sus ojos hacia América, donde encontrarán el rico material necesario para hacerse grandes.

“Si queréis que vuestro nombre no quede encarcelado entre la cordillera de los Andes y el mar del Sur, recinto demasiado estrecho para las aspiraciones generosas del talento; si queréis que os lea la posteridad, haced buenos estudios, principiando por la lengua nativa (…) Haced más: tratad asuntos dignos de vuestra patria y de la posteridad. Dejad los tonos muelles de la lira de Anacreonte y de Safo, la poesía del siglo XIX tiene una misión más alta. Que los grandes intereses de la humanidad os inspiren. Palpite en vuestras obras el sentimiento moral. Dígase cada uno de vosotros, al tomar la pluma: Sacerdote de las Musas, canto para las almas inocentes y puras (…) ¿Y cuántos temas grandiosos no os presenta ya vuestra joven república?. Celebrad sus grandes días; tejed guirnaldas a sus héroes, consagrad la mortaja de los mártires de la patria.” (pp. 30-31)
A la vez de resaltar la importancia del arte y de las letras, se defiende de los que lo han considerado como un atado a los moldes clásicos, y principalmente a quienes han querido encerrarlo en una escuela. Bello siente que es una ofensa para los grandes escritores, Aristóteles y Horacio encasillarlos a unas normas. Por eso en su discurso dice:

… creo que hay un arte fundamental en las relaciones implacables, etéreas, de la belleza ideal; relaciones delicadas, pero accesibles a la mirada de lince del genio competentemente preparado, creo que hay un arte que guía a la imaginación en sus más fogosos transportes; creo que sin ese arte la fantasía, en vez de encarnar en sus obras el tipo de lo bello, aborta esfinges, creaciones enigmáticas y monstruosas. Esta es mi fe literaria. Libertad en todo; pero yo no veo libertad, sino embriaguez licenciosa, en las orgías de la imaginación. (p.32)

CONCLUSIÓN

En síntesis, el discurso pronunciado por don Andrés Bello. Con motivo de la instalación de la Universidad de Chile, es como lo asentó magistralmente el Dr. Rafael Caldera (1965) El alma de la ideología pedagógica de Bello es la armonía integral. La educación intelectual, la educación moral t la educación física deben obrar conjuntamente sobre el educando, deben desarrollar ordenadamente todas las facultades del sujeto. (p.55)

Después de casi dos siglos, no pierden vigencia sus palabras guiadoras; conservan toda su frescura, todo su vigor, toda su virtud. Es un auténtico programa de formación y acción para la Universidad que iba a regir y dirigir. Su máxima preocupación es que la moral esté presente como elemento esencial de la vida universitaria y forme un todo con la libertad. Entiende la Universidad no como centro de especulaciones inútiles, sino como campo de actividad útil; que sea a la vez vehículo de difusión y bienhechora de los intereses espirituales, y de los intereses materiales. La Universidad debe estar expuesta a la luz exterior, debe estudiar, comprender e intentar resolver los problemas de la vida.

Bello pone a convivir la religión, la moral, la ciencia teológica con la cultura científica, literaria y artística. Medicina, matemáticas, lenguas vivas y muertas, derecho, filosofía, literatura, ciencias naturales, astronomía son para este gran maestro retazos de un todo orgánico. Pero no por su universalidad, la Universidad de Bello deja de ser chilena. Está destinada al bien de la patria adoptiva. Todos sus caminos llevan a un solo fin: la Patria.

 
LISTA DE REFERENCIAS

Agudo Freites, R. (1981) Andrés Bello, maestro de América. Caracas: La casa de Bello. Segunda edición.
Bello, A. (1942) Discurso pronunciado en la instalación de la Universidad de Chile, el día 17 de setiembre de 1843. Caracas: Tipografía americana.
Bello, A. (1951) Filosofía. Caracas: Ministerio de Educación. Tomo III.
Bello y Chile, Tercer Congreso del bicentenario.(1981) Caracas: La casa de Bello.
Boletín de la Academia Nacional de la Historia. (octubre-diciembre 1927) Tomo X, Nº 40 Caracas.
Caldera, R. (1965) Andrés Bello. Caracas: Instituto Nacional de la Cultura y Bellas Artes. Cuarta edición.
Grases, P. (1978) Antología de Andrés Bello. Barcelona: Seix Barral
Key Ayala, S. (1955) Obras selectas. Madrid: Ediciones Edime
Prieto Figueroa, L.B. (1966) Andrés Bello, Educador. Caracas: Ediciones dl Congreso Nacional.
Rodríguez Monegal, E. (1969) El otro Andrés Bello. Caracas: Monte Ávila Editores
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