ACERCA DE LAS AUTORAS

domingo, 4 de abril de 2010

LA INVENCIÓN DE MOREL O UN ANTECEDENTE DE METAFICCIÓN VIRTUAL

Liduvina Carrera



La novela de Adolfo Bioy Casares La invención de Morel fue publicada en Buenos Aires en 1940. En ella, según Giordano (1995) se narra la historia de un prófugo que llega a una isla y descubre, después de un tortuoso aprendizaje, que sus habitantes no son personajes "reales" sino imágenes proyectadas por una máquina. Este recurso tecnológico mata a los personajes al tiempo que los filma y conserva sus imágenes en forma tridimensional. Morel, el inventor, filmó a sus amigos y se filmó a sí mismo durante una semana para vivir eternamente en un paraíso junto a la mujer amada. Del mismo personaje femenino se enamora el prófugo y, después de descubrir que ella es una imagen proyectada en una realidad virtual, cuando aprende el funcionamiento de la máquina, se interpola a su lado y se convierte en la imagen del amante que vivirá para siempre junto a la de su amada.

Según el Diccionario Enciclopédico de las Letras de América Latina (1995: 2476),
en el prólogo de la novela, Borges afirma que su trama es "perfecta" porque en ella no hay nada que no esté justificado. La obra está emparentada con la ciencia-ficción y con el género policial. Su anécdota está destinada a despertar y mantener vivo hasta su término el interés del lector, quien debe sostener el efecto de irrealidad provocada por el texto. Cuando el prófugo descubre que sólo ama a una imagen, lejos de desinteresarse, siente que su amor se intensifica. El personaje hace sospechar que probablemente no exista realidad humana consistente; la nueva realidad será proyectada por la ilusión de la trampa y el simulacro de las imágenes, coexistentes en la proximidad y en la lejanía, con seguridad sea en el fondo la "nueva realidad" que ya no le ofrece el mundo.

El personaje principal interactúa en el ciberespacio creado por novedosas técnicas y es capaz de verse, al mismo tiempo, como productor y personaje de las imágenes proyectadas en los nuevos espacios. Con La invención de Morel es posible comenzar la propuesta de metaficción virtual que se proclama en algunas obras de finales del siglo XX. Como se ha podido observar, la novela de Bioy Casares publicado en 1940 se presenta como texto interesante para ser tomado en cuenta en la propuesta de metaficción virtual. Resulta, de esta manera, un antecedente en la narrativa latinoamericana que se ha apropiado de recursos alternos para la elaboración de sus ficciones. Publicada a mediados de siglo, no deja de ser una novela rica en recursos técnicos para conformar su "realidad alterna" o ciberespacio textual.

Al abordar el texto de Bioy Casares, La invención de Morel, lo primero que llama la atención es la variedad de niveles de narración existentes en la obra. En efecto, estamos ante la presencia de diferentes instancias narrativas que podríamos reducir a los siguientes:

a) La primera contiene en su centro las demás ficciones contenidas en un diario escrito por el prófugo en una isla. Este manuscrito, a su vez, es interpretado por un editor textual quien se da a conocer cuando escribe las notas al pie de página y se identifica como N. del E. La primera instancia, pues, trata de un relato en primer grado, que contiene un relato en segundo grado.

b) El relato en segundo grado consiste en el diario del prófugo, quien lleva el registro de todos los acontecimientos ocurridos en la isla donde se esconde. Da cuenta de las peripecias sufridas por el protagonista durante su huida y la siguiente estadía en la isla a donde llega. Esta narración en segundo grado contiene otro relato en tercer grado.

c) El relato en tercer grado corresponde a una narración virtual o lo que hemos denominado metaficción virtual. En efecto, mientras el texto espejea personajes y acciones del relato segundo, es producido por medio de una máquina que proyecta imágenes virtuales y asume su propio discurso en la narración. Este relato virtual se denominará también intravirtual y comprenderá un ciberespacio textual diferente al relato que lo contiene, esto es, al diario escrito por el protagonista, prófugo en la isla. En este ciberespacio virtual se manejarán los personajes intravirtuales o virtuales e interactuarán con el personaje del relato metaficcional o personaje extravirtual.

Veamos cómo se relacionan estos tres niveles de narración. La primera instancia del relato corresponde a las notas del editor, ellas aparecen al pie de página y procuran diversas opiniones y correciones acerca del diario del prófugo. Las observaciones están identificadas como N. del E (siempre será un personaje fuera del segundo texto o sea del diario narrado por el prófugo). En este caso el editor se encuentra ficcionalizado en el texto y pasa a formar parte de la propia ficción narrativa.

Las intervenciones de este "editor ficcional" ocurren cada vez que se quiere explicar el diario del prófugo; por ejemplo, entre las líneas del informe hay diferentes descripciones de la isla donde éste se ha escondido después de su huida de Caracas, de tal suerte que surgen las siguientes reflexiones: "Creo que esta isla se llama Villings y que pertenece al archipiélago de Las Ellice" (p. 17). Al final de la página, con una llamada a modo de nota, rezan las siguientes frases: "Lo dudo. Habla de una colina y de árboles de diversas clases. Las islas Ellice - o de las lagunas - son bajas y no contienen más arboles que los cocoteros arraigados en el polo del coral. (N.del E.)".

Se observa, pues, cómo el editor está explicando el texto en la medida que lo organiza para sus posibles lectores. A lo largo de la novela, se va produciendo una metaficción declarada por parte del organizador del diario dejado por el prófugo (N. del E.). Este personaje extra diegético está presente en cada una de las notas al pie de página y organiza una ficción metadiegética perteneciente a un relato segundo: el diario llevado por el prófugo en la isla.

En el segundo relato o narración diegética, se presenta un diario escrito por un prófugo que se ha escapado a la lejana isla, con la finalidad de huir de la justicia que lo persigue. Este protagonista, escritor de los acontecimientos, es un narrador homodiegético (Genete 1989: 299) porque es el propio protagonista de su relato y escribe en primera persona. Se trata de un texto presentado como autobiográfico

Escribo esto para dejar testimonio del adverso milagro (...) espero escribir la Defensa ante Sobrevivientes" (p 14).

El personaje narra cómo ha sobrevivido en la isla después de llegar en una precaria embarcación y, de la misma manera, explica cómo conoció de la existencia de otros personajes en la isla desierta los cuales oyen música: "A la madrugada me despertó un fonógrafo (...) creo que esa gente no vino a buscarme; tal vez no me hayan visto" (p.13), piensa que lo están siguiendo y por esa razón procura no ser visto por los "intrusos". De esta manera, se conoce que el personaje es un espectador de los acontecimientos y también actor que se va involucrando con ellos.

En realidad, para el lector real, el diario es un texto que se lee después de la muerte de la persona que lo escribió, el prófugo así lo intuye en alguna oportunidad: "Siento con desagrado que este papel se transforma en testamento" (p. 17); "Todo lo que he escrito sobre mi destino - con esperanzas o con temor, en broma o en serio - me mortifica" (p. 43). En algún momento de la escritura, el protagonista se da cuenta de que pronto le llegará la muerte y escribe: "el temor a la muerte me libró de la superstición de incompetencia" (p. 111); "Por mi propia muerte. La verdadera ventaja de mi solución es que hace de la muerte el requisito y la garantía de la eterna contemplación de Faustine" (p. 122).

Al final del diario, es posible rendir culto a la máquina que ha logrado semejante ficción: "Al hombre que, basándose en este informe, invente una máquina capaz de reunir las presencias disgregadas, haré una súplica: Búsquenos a Faustine y a mí, hágame entrar en el cielo de la conciencia de Faustine. Será un acto piadoso" (p. 126)

Como hemos observado, Morel inventó sus motores para grabar a la mujer amada, Faustine, de quien luego se enamorará el mismo prófugo. De igual forma, han sido grabados los amigos de Morell durante una semana de vacaciones en la isla. Los papeles de Morel, contenidos en el segundo relato amplían el tercer relato virtual: "Morel tenía unas hojas de papel de seda amarillo, escritas a máquina. Las sacó de un bol de madera que estaba sobre la mesa" (p. 79). Según relata el diario, Morel lee sus papeles delante de los amigos y explica la forma cómo había filmado todos sus actos en la isla, durante las vacaciones: "Es mi último invento. Nosotros viviremos en esa fotografía, siempre. Imagínense un escenario en que se representa completamente nuestra vida en estos siete días. Nosotros representamos. Todos nuestros actos han quedado grabados" (p. 80). Además de informar acerca de su invento, esta arenga pasa a formar parte de un arrepentimiento tardío por parte de Morel, quien da todas las disculpas posibles por el hecho ocurrido. Una vez que la máquina filma a las personas, éstas caen en un proceso de deterioro que las conduce a la muerte.

Al ser abordado el diario del prófugo, surge el relato en tercer grado donde ocurren las proyecciones de los nuevos personajes de la isla. A este tercer nivel de narración damos el nombre de, metaficción virtual porque tanto los personajes como el ambiente están en un plano espacial diferente al del personaje del texto que lo contiene. Ante la presencia de esta narración virtual, el prófugo aparece un una posición extravirtual y, además de narrar estos acontecimientos, se interrelaciona con ellos.

El fugitivo reconoce que en el ambiente existe algo extraño, incapaz de ser definido: "los veraneantes que habitan el museo. Por su aparición inexplicable podría suponer que son efectos del calor de anoche, en mi cerebro; pero aquí no hay alucinaciones ni imágenes: hay hombres verdaderos, por lo menos tan verdaderos como yo" (p. 15). Como son imágenes virtuales, su proyección tridimiensional les confiere una apariencia "real" y, por este motivo, el personaje comienza a dudar de la realidad: "Temí una invasión de fantasmas (...) me había oído rodear de pasos nítidos, a distintas alturas, movedizas. A la madrugada bajé de nuevo al sótano. Me rodearon los mismos pasos, de cerca y de lejos" (p. 24-25).

Desde el comienzo, el protagonista fugitivo observa la aparición de personajes que antes no estaban en la isla desierta: "De un momento a otro, en esta pesada noche de verano, los pajonales de la colina se han cubierto de gente que baila, que pasea y que se baña en la pileta, como veraneantes" (p. 15). Una vez que concibe el hecho de la virtualidad, opina que "para nadie podían distinguirse de las personas vivas" (p. 86). Estos intrusos "están en lo alto de la colina y para quien los espía desde aquí son como gigantes fugaces; puedo verlos cuando se acercan a las barrancas" (p. 17). De todos ellos, hay una persona que le llama la atención: "En las rocas hay una mujer mirando las puestas del sol, todas las tardes. Tiene un pañuelo de colores atado en la cabeza; las manos juntas sobre una rodilla; soles prenatales han de haber dorado su piel; por los ojos, el pelo negro, el busto" (p. 26). Se trata de Faustine, la mujer de quien están enamorados, a su vez, Morel y el protagonista, éste último aún sin percatarse de que se trata de una proyección o imagen virtual: "Esa mujer me ha dado una esperanza (...) mira los atardeceres todas las tardes; yo escondido, estoy mirándola (...) La mujer con la sensualidad de cíngara (...) si pudiera ser mirado un instante" (p. 26). A partir de entonces, va creciendo una pasión por conocerla y por alcanzar su amor, a escondidas de las demás personas que habitan la isla.

El relato tercero o relato virtual, se va tejiendo con la explicación del diario y otros apuntes llevados por Morel. Al final de la ficción, nosotros como lectores interactuamos con el escritor del diario y descubrimos que las personas grabadas "viven" una eternidad proyectada por la máquina. Para el momento de la revelación, ya los personajes están muertos, a consecuencia de ese experimento, por ese motivo, es posible ubicarnos en una geografía diferente a la que tiene delante el protagonista de la historia. La isla en que éste se encuentra posee un espacio textual junto a un ciberespacio o ubicación alterna a la "realidad" vivida por el protagonista.

Si el relato virtual da cuenta de una metaficción virtual, quiere decir que existen personajes en el ciberespacio que hemos comentado. Entre los personajes virtuales aparecen: Morell con una descripción detallada del rival virtual. Como el protagonista desconoce la verdadera naturaleza virtual de este personaje, se demora en su descripción y sufre de celos porque aparenta cortejar a Faustine, la mujer amada de igual manera por el prófugo. Los otros personajes van apareciendo en la medida que son descubiertos por el prófugo o narrador extravirtual.

En una metaficción virtual, como la presentada en la novela de Morel, existen ciertos momentos de interactuación del personaje extra virtual con lo contado en el relato virtual. El prófugo, en más de una oportunidad, siente que es observado por los personajes virtuales. Asimismo, existe interactuación de los espacios virtuales con los ficcionales: "Sacaron el fonógrafo que está en el cuarto verde, contiguo al salón del acuario, y, mujeres y hombres, sentados en bancos o en el pasto, conversan, oían música y bailaban en medio de una tempestad de agua y viento que amenazaba arrancar todos los árboles" (p. 32). Es evidente que los personajes virtuales se mueven en un espacio textual que no les corresponde, porque siguen disfrutado de la fiesta, incluso con la subida "real" de la marea. Este fenómeno de la marea ocurre en el espacio textual fuera del ciberespacio de los personajes, por esa razón ellos no sienten ningún temor ante la posible inundación. Como han sido grabados en un día de fiesta, no se inmutan por lo que no sienten ni viven. Están en otro espacio proyectado por las máquinas del sótano.

Otro ejemplo evidente de esta interacción entre personajes virtuales con el extravirtual y espacios virtuales con extravirtuales que da cuenta de la metaficción virtual, es evidente en el caso en que el protagonista "oye" el fonógrafo virtual: "Me angustiaba también oír Valencia y Té para dos, que un fonógrafo excesivo repitió hasta la salida del sol" (p. 43). En este caso, es posible observar la existencia de una interacción inconsciente o encubierta desde el momento en que el protagonista cree que Faustine juega con su amor: "Sonreía, sin amargura, ni éxtasis, frívolamente. Recuerdo que en aquel momento la odié. Jugaba con el barbudo y conmigo" (p. 45).

También los personajes virtuales interactúan con el espacio físico de la novela. En cierta ocasión, el protagonista ha sembrado un jardín con flores para Faustine, quien por supuesto no lo toma en cuenta porque no lo ve, no está en el espacio virtual ocupado por ella; sin embargo, Morel sí pisa el jardincito. Al menos esto es lo que cree el personaje quien comenta: "de ida y de vuelta pisó mi pobre jardincito. Ignoro si conscientemente o con una inconsciencia irritante. Faustine lo vio, juro que lo vio, y no quiso evitarme esa injuria" (p. 46). Más adelante comenta "Su entretenimiento conmigo ha terminado (con el pisoteo del jardincito). Ahora mi presencia la fastidiará como una broma que hizo gracia alguna vez y que alguien quiere repetir" (p. 47). Se puede observar cómo el personaje intravirtual ha interactuado en el espacio ficcional: Morel pisa el jardincito que el protagonista había preparado para Faustine, aun estando ubicado textualmente en una geografía diferente al relato virtual de la novela.

El prófugo también interactúa y camina por los espacios virtuales de la isla: "Subí a la colina. Salí de atrás de un grupo de plantas y me encontré frente a dos hombres y una señora. Me detuve, no respiré; entre nosotros no había nada (cinco metros de espacio vacío y crepuscular). Los hombres me daban la espalda; la señora estaba de frente, sentada, mirándome. La vi estremecerse" (p. 47); "El barbudo siguió caminando hacia Faustine y no tropezó conmigo porque me eché a un lado, bruscamente" (p. 51). Es la presencia de la interactuación entre el personaje extravirtual con los virtuales.

Sin embargo, hay que observar que el prófugo no puede interactuar en algunas ocasiones con el espacio virtual y, cada vez que interfiere en él, existe la posibilidad de un reflejo inicial a como había sido grabado. Por ejemplo en una oportunidad dice: "Quise apagar mi luz, pero fue imposible: la llave se había atrancado" (p. 59). Cuando el lector de la novela de Casares se da cuenta de que existe la metaficción virtual o la presencia de ciberespacios alternos a la "realidad" del texto, entiende el hecho de por qué no se podían apagar las luces o romper las paredes. Se actuaba sobre el elemento textual, pero se reflejaba el doble virtual. "Llegué a una puerta y quise abrirla; fue imposible; ni siquiera pude mover el picaporte (...) hasta las puertas interiores se volvían infranqueables" (p. 60); "Oí pasos, quise abrir una puerta que da afuera y volví a encontrarme con uno de esos picaportes inexorables" (p. 62); "Esto es un infierno. Los soles están abrumadores" (p. 67).

Una vez conocida la máquina de proyectar imágenes por parte del escritor del diario, se produce una interacción declarada del protagonista con el medio virtual. El personaje se entera por medio de las letras de Morel: "aquí estaremos eternamente (...) repitiendo consecutivamente los momentos de la semana y sin poder salir nunca de la conciencia que tuvimos en cada no de ellos, porque así nos tomaron los aparatos" (p- 93). Al conocer estos hechos, escribe: "es verdad que el roce de las imágenes me produce un ligero malestar" (p. 96), pero ahora puede compartir espacios y disfrutar de la compañía de Faustine: "me conmuevo mirándola descansar tan ajena de la costumbre de dormir juntos que vamos teniendo" (p. 97); de la misma manera opina: "no necesito huir. Vivir con las imágenes es una dicha. Si llegan los perseguidores, se olvidarán de mi ante el prodigio de esta gente inaccesible. Me quedaré" (p. 103)

La metaficción virtual es declarada desde el momento en que el personaje asume su nueva situación en medio de personajes virtuales: "Estas paredes - como Faustine, Morel, los peces del acuario, uno de los soles y una de las lunas,(...) son proyecciones de las máquinas" (p. 109), así lo dice el protagonista y de esta manera son asumidas por el lector. Como se puede ver, todos estos son ejemplos de un cambio de roles donde el manipulador del relato virtual interactúa con los personajes al mismo tiempo que entra en la virtualidad de donde los ha tomado: "Entré en este mundo; ya no puede suprimirse la imagen de Faustine sin que la mía desaparezca (...) cambié los discos; las máquinas proyectarán la nueva semana eternamente" (p. 123).

Para finalizar estas líneas, queremos hacer hincapié en la forma cómo la novela de Bioy Casares, había sido estudiada en su época bajo la arista de la ciencia- ficción, tan común en su tiempo. Ya lo había observado Jorge Luis Borges (1968: 11) en el prólogo a la novela cuando refería que "Adolfo Bioy Casares, en estas páginas, resuelve con felicidad un problema acaso más difícil. Despliega una Odisea de prodigios que no parecen admitir otra clave que la alucinación o que el símbolo, y plenamente los descifra mediante un solo postulado fantástico pero no sobrenatural".

Hoy día, la obra se convierte en un antecedente importantísimo de la metaficción virtual observada en algunas ficciones finisecualres de siglo XX. En efecto, la interpretación de la realidad, por medio de las ficciones narrativas, constituye un hecho antiguo y tan lejano como la misma escritura; sin embargo, las formas cambian y ante las novedades de la tecnología hay nuevas maneras de aprehenderla y nuevos discursos que la nombran. La metaficción virtual da cuenta de esa novedosa posibilidad a la que hemos sido arrojados con los nuevos inventos. Como la novela de Adolfo Bioy Casares se corresponde, en buena medida, con la novedosa propuesta, aún estando publicada en los años cuarenta, nos ha servido de base para desarrollar esta teoría, que iremos formulando en la medida que avancen nuestras apreciaciones.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Bioy Casares, A. (1968). La invención de Morel. Madrid: Alianza Editorial, S.A.
Borges, J.L. (1968). "Prólogo". En: Bioy Casares, A. La invención de Morel. Madrid: Alianza Editorial, S.A.
Diccionario Enciclopédico de las Letras de América Latina. (1995). Caracas: Monte Avila Editores Latinoamericana- Biblioteca Ayacucho.
Genette. G. (1989-). Figuras III. Barcelona: Lumen
Giordano, A. (1995). “Invención de Morel, La”. En Diccionario Enciclopédico de las Letras de América Latina. Caracas: Monte Avila Editores Latinoamericana- Biblioteca Ayacucho.

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