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domingo, 4 de abril de 2010

Los cuentos que no son cuentos de Valmys Ludovic Simancas

Liduvina Carrera


La primera novela de Valmys Ludovic Simancas Los cuentos que no son cuentos presenta una voz textual que oscila entre la protagonista y un narrador omnisciente, cuyos relatos abarcan los sucesos turbulentos de una isla caribeña que vive, bajo la presión de un dictador, con la esperanza de un “hombre nuevo”: el mesías de la revolución. La vida azarosa del ente de papel ideado por la profesora Valmys se presenta como la búsqueda realizada por una mujer con orígenes bastardos, quien, inspirada en los ideales comunistas, lucha por la libertad y la igualdad.
La oralidad de los primeros capítulos remite a la historia de la tríada femenina: la abuela, la madre y la hija. El mundo ficcional de la novela se ve poblado con estas tres mujeres: “Dicen que Cándida fue la única hija que parió Rita”, “Cuentan también que Cándida (...) soportó la inclemencia terrible del carácter austero de su madre”, “Dicen que el día que Cándida parió a Moraima cayó un palo de agua en Tierra Negra que el rancho de Rita por poco se desbarata”.
Un cierto aire de Realismo Mágico recorre las páginas de Los cuentos que no son cuentos... En efecto, algunas líneas convocan una narrativa similar a la de Gacía Márquez por los recursos utilizados: “Moraima temblaba (...) por la sombra amenazante de aquellos reptiles que según Petra le contó acechaban a las mujeres (...) no haciendo caso a la amenaza de un pasmo que le torciera el pescuezo como le pasó a la gallina pinta de la vieja María mientras envuelta en sedas estampadas levitaba entre Castillos habitados por enanos barrigones y mariposas que hablaban”, “El agua se metió por la cocina tumbó las estacas que sostenían el techo y todos los corotos echaron a nadar como barquitos. Cuentan que Rita arrecha y lanzando maldiciones le prendió una vela a los santos sacó de la bolsa de fique sus novenas y rezó hasta quedarse sin aliento”.
Las líneas de esta novela también rinden tributo al cine y a las canciones que más de un lector actualizará de su enciclopedia cultural: “Ma Rita cántame Fúlgida Luna”, “descubrió el valor musical de la pecosita DAY y sintió el desgarramiento de la Taylor (...) las zambullidas intrépidas de Esther Williams (....) el embrujo salvaje de Brando en Nido de Ratas (...) la temeraria audacia de James Dean y el misterio sombrío de Yul Brynner”, “Mis fantasías tejían leyendas cinematográficas mientras imaginaba(a Batman y Robin desafiando peligros”, “En el R.C.A. (...) las ondas sonoras de Radio Cadena Tropical transmitían la acostumbrada novela de las once de la mañana”.
La protagonista Moraima Barreto asume la responsabilidad de la voz textual y, por medio de ella, el lector percibe un doble discurso. Algunas líneas remiten a las palabras de una mujer que se ha sentido impura ante su situación femenina: “¡Dios mío para qué carajo me hiciste señorita!”, “Condenada al régimen formal de su condición de esposa las noches le llegaban premiadas de coitos urgentes (...) un manoseo agitado la buscaba compulsivo hasta alcanzar la juntura de las piernas”. Otros textos ofrecen la riqueza desnuda de la denuncia social y revolucionaria: “Repetía frenético la huida del Chanchito a Miami con su corte de esbirros una maleta crgada de oro en barras y documentos seczetos que registraban las cifras exactas de las reservas petroleras de la isla”, “pensé en mis días en ese antro de burócratas infectos que engordaban sus faltriqueras con el saqueo a mansalva de la isla”.
Sumida en la lucha por sus ideales, Moraima Barreto, quien con empeño adquiere el apellido paterno, procura aprovecharse de la cultura: “la emancipación estética ocupó el primer lugar en su lista de prioridades y dotarse de encantos adicionales fue la estrategia concebida para cubrir los flancos insuperables”. Cruda y desgarradora, a veces la voz de Moraima nos coloca frente a una Literatura de denuncia. Al final, el receptor de la novela queda en el mismo vacío de los que ya no luchan porque ceden ante la concepción negativa del universo: “entrampada en aquel abismo inútil y en esa búsqueda incierta (...) comprendía que el fracaso era el fracaso la derrota la derrota y los muertos seguían muertos mientras yo que estaba viva no sabía qué hacer con mi existencia”, “le saqué la lengua a la cultura universal (...) y frenética sentencié a muerte el adelanto de la raza y el self made man que nos metieron gratis y pagamos bien caro”.

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